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Gobierno de Trump: Desregulación ahorrará 10.000 millones de dólares en 2018

La jefa de la Oficina de Asuntos Regulatorios (OIRA), Neomi Rao, subrayó hoy que "reducir la carga de normas puede estimular" la economía, al apuntar que el plan de desregulación del presidente Donald Trump para 2018 puede ahorrar cerca de 10.000 millones de dólares. EFE/EPA/ARCHIVO/NO USAR EN POLONIA

La jefa de la Oficina de Asuntos Regulatorios (OIRA), Neomi Rao, subrayó hoy que “reducir la carga de normas puede estimular” la economía, al apuntar que el plan de desregulación del presidente Donald Trump para 2018 puede ahorrar cerca de 10.000 millones de dólares. EFE/EPA/ARCHIVO/NO USAR EN POLONIA

La jefa de la Oficina de Asuntos Regulatorios (OIRA), Neomi Rao, subrayó hoy que “reducir la carga de normas puede estimular” la economía, al apuntar que el plan de desregulación del presidente Donald Trump para 2018 puede ahorrar cerca de 10.000 millones de dólares.

“Tiene que haber una razón para que el Gobierno actúe. Debemos asegurarnos de que las normas funcionan para resolver un problema real”, afirmó Rao en una conferencia en la Brookings Institution en la que reiteró el compromiso del presidente Donald Trump de eliminar dos normas por cada una nueva que se aprueba.

Rao, cuya departamento depende directamente de la Oficina de Gestión de Presupuestos de la Casa Blanca, recalcó que rebajar el número de normas y directrices federales podrá ahorrar cerca de 10.000 millones de dólares este año, cifra que se sumaría a los 8.000 millones logrados en 2017.

“El presidente ha ordenado a las agencias a que desregulen, y eso es lo que están haciendo”, agregó.

Asimismo, Rao indicó que en muchas ocasiones “las regulaciones son una barrera para acceder a determinados negocios”. por lo que retirarlas estimula la competitividad.

Trump, que situó el desmantelamiento de la “excesiva” regulación federal como una de sus prioridades de Gobierno, ha dado marcha atrás en numerosas normativas impulsadas por su predecesor, Barack Obama, especialmente en los sectores financieros y medioambientales, con el argumento de que dañan la competitividad de las empresas estadounidenses.


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