Anuncio

México exporta a Centroamérica modelo de monitoreo comunitario de aves

Fotografía cedida por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), que muestra a habitantes voluntarios mientras observan una comunidad de aves.EFE/Miguel Ángel Sicilia/CONABIO/SOLO USO EDITORIAL

Fotografía cedida por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), que muestra a habitantes voluntarios mientras observan una comunidad de aves.EFE/Miguel Ángel Sicilia/CONABIO/SOLO USO EDITORIAL

La Red de Monitoreo Comunitario de Aves es un modelo mexicano exitoso que ya se ha exportado a Centroamérica, dijo hoy a Efe el biólogo Humberto Berlanga, al resaltar que las aves pueden ser un buen indicador del estado de conservación de la naturaleza con ayuda de la ciencia ciudadana.

Berlanga, coordinador de la Red de Monitoreo Comunitario de Aves, señaló que el objetivo inicial fue registrar las tendencias poblacionales de las aves como especies indicadoras que permitieran evaluar los impactos en la biodiversidad, especialmente por el desarrollo de actividades productivas sustentables.

La red, desarrollada en 2009 por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) en colaboración con otras instituciones federales y no gubernamentales, ha generado información biológica útil compartida a la sociedad a través de la plataforma digital aVerAves.

La Conabio señala que las aves son un grupo ampliamente utilizado en programas de monitoreo ya que son fáciles de ver y responden a los cambios que ocurren en la naturaleza.

A través de la red se capacitó y equipó a los habitantes de comunidades locales en diferentes regiones de 17 estados de México, entre ellos Oaxaca, Veracruz, Tabasco y Chiapas, quienes decidieron ser monitores voluntarios, indicó Berlanga.

Esta red ha evolucionado y “se ha convertido en una actividad de ciencia ciudadana exitosa que México ha exportado a Centroamérica como modelo de observación y monitoreo de aves”, indicó el experto.

“Es un modelo único en Latinoamérica y tiene potencial para extenderse” y promover estos emprendimientos que contribuyen al conocimiento de la biodiversidad y a generar grandes beneficios para las comunidades, principalmente en la apreciación de la naturaleza que los rodea, enfatizó.

Subrayó igualmente que el impacto ha sido positivo. “No solo es ver aves”, dijo Berlanga, y añadió que aunque el objetivo original era evaluar y registrar aves, “ahora las comunidades han adoptado la actividad”.

Berlanga mencionó que la observación de aves puede ser una actividad turística que aporte grandes beneficios económicos, y refirió que en Estados Unidos genera 30.000 millones de dólares anualmente.

“Aunque Costa Rica y Argentina están en la delantera, México podría ser uno de los líderes mundiales en la observación de aves como emprendimiento turístico”, indicó.

En México una de cada 10 especies de ave es endémica, y hay “pajarólogos” que vienen desde Japón a ver las aves mexicanas. “Tenemos sitios de alto atractivo en donde tendría que haber gente capacitada como guía para ir a pajarear”, añadió.

“Si identificamos los sitios de alta diversidad o con alta presencia de especies endémicas o donde hay fenómenos naturales interesantes, podemos generar polos de atracción y traernos parte del turismo a México” advirtió.

Berlanga, coordinador de la Iniciativa para la Conservación de las Aves de América del Norte (NABCI) y temas de vida silvestre de la Conabio, destacó la importancia de incluir la experiencia de las comunidades que se han apropiado de la actividad.

“Se han creado estrategias para facilitar la observación y monitoreo, desde capacitación en las comunidades hasta herramientas digitales como aVerAves y Naturalista”, en donde la sociedad puede contribuir con información al conocimiento de la naturaleza.

“En Centroamérica ya se colabora con todos los países” a través de gobierno, academia y organizaciones de la sociedad civil interesados en implementar este modelo, destacó.

Las actividades de monitoreo biológico son esenciales para determinar estrategias de manejo y conservación de los recursos naturales, expuso.

El experto reconoció el alcance del trabajo con las comunidades, que “redimensionan la concepción de su propio territorio” y se involucran por gusto como voluntarios en la generación y trasmisión de conocimiento que permea a sus familias.

“Es la ciencia ciudadana en su máxima expresión”, concluyó.


Anuncio