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Sangre, sudor, lágrimas y un José Tomás cumplidor en su regreso al ruedo

El torero español José Tomás saluda a los asistentes hoy, martes 12 de diciembre de 2017, durante una corrida benéfica en beneficio de las víctimas de los terremotos del septiembre pasado, en la Monumental Plaza México, en Ciudad de México (México). EFE

El torero español José Tomás saluda a los asistentes hoy, martes 12 de diciembre de 2017, durante una corrida benéfica en beneficio de las víctimas de los terremotos del septiembre pasado, en la Monumental Plaza México, en Ciudad de México (México). EFE

Tenía que ser una tarde para el recuerdo y lo fue, con ocho maestros toreando en homenaje a las víctimas de los sismos de septiembre en México; pero no supuso el triunfal regreso al ruedo del genio y figura de José Tomás, que hizo un muy buen trabajo, pero falló en la estocada.

“Nos encanta el ambiente y la fiesta, y obviamente nos conmueve mucho que todos estos toreros donen sus sueldos a los damnificados de septiembre. Se les agradece como pueblo mexicano”, contó a Efe la aficionada Verónica González.

Con sombrero de ante, binoculares y cigarrillo en mano, Verónica era uno de los 41.262 asistentes a esta histórica corrida en la capitalina Monumental Plaza México, un lleno absoluto marcado por el regreso, tras más de un año sin hacer ni un solo paseíllo, del madrileño José Tomás.

El de Galapagar irrumpió en el ruedo seguro y realizó una faena en la que derrochó bravura, sensibilidad y talento, con una verónica y un desplante marca de la casa. Llevaba sin pisar el llamado “Embudo de Insurgentes” desde el 31 de enero de 2016.

Por ello reinaba la solemnidad en un público sabedor de la oportunidad única que supone ver a esta leyenda viviente del toreo, de 42 años, que rehuye los focos y es caprichoso con las plazas.

“Es algo espectacular tenerlo aquí, en México, después de todo el desenlace de su carrera. Es algo espectacular ver al maestro en vivo”, explicó Francisco Javier Pérez, de 25 años, abogado y aficionado a la tauromaquia desde pequeño.

Después de una capoteada que encandiló, inundando la grada de “olés”, José Tomás falló en el arte supremo de la lidia, la estocada.

Tuvo que repetirla para dar muerte a Brigadista, de la ganadería Jaral de Peñas, que si bien respondió al maestro en los capotes, pecó de manso y no dio espectáculo.

“Esperaba mucho más de José Tomás”, reconoció Verónica, mientras que para Francisco Javier, pese al tropiezo, la faena fue estupenda.

Este choque de opiniones se trasladó a toda la plaza. José Tomás obtuvo una oreja a petición del público, pero mientras daba el agradecimiento a la grada, recibió también unos cuantos chiflidos.

El evento también contó con la actuación por parte de España del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza -con un desempeño para olvidar en que terminó ultimando al animal desde el suelo-, Julián López “el Juli” y José María Manzanares, además de los mexicanos Octavio García “el Payo”, Sergio Flores y los hermanos Joselito y Luis David Adame.

Aunque la tarde fue irregular y algunos animales no dieron la talla, los matadores mexicanos sobresalieron en su arte, especialmente el mayor de los Adame, Joselito, y Sergio Flores -que se llevó dos merecidas orejas- haciéndose enormemente suya esta fiesta española.

La expectación se palpaba en los alrededores de la plaza desde horas antes, donde a los miles de asistentes se sumaron centenares de vendedores que ofrecían desde puros a souvenirs del diestro José Tomás.

Para amenizar la espera, incluso se montó un tablado de flamenco y conocidas marcas repartían obsequios, como pañuelos o tequila.

La corrida de este martes no solo era apasionante por el cartel, sino que estuvo repleta de simbolismo. En el centro del ruedo dibujaron con arena negra una enorme Virgen de Guadalupe, pues este 12 de diciembre es el día de la patrona de México, venerada por millones.

Además, los toreros aunaron su talento para llenar esta plaza y donar toda la recaudación a las víctimas de los terremotos de septiembre en el centro y sur de México, que segaron 471 vidas y dejaron millones de damnificados. Una tragedia de la que el país todavía se recupera.

En la Monumental Plaza México hubo hoy sangre, sudor y lágrimas. Sangre, la de los toros; sudor, el de los toreros, y lágrimas, las de una grada emocionada ante el arte derrochado por alguno de los maestros y, sobre todo, el recuerdo de un terremoto fatídico.

Nada más empezar, un sentido minuto de silencio y el himno nacional dieron fe de que esta corrida, titulada “Por México”, era especial. Extraordinaria.


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