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Escultor mexicano Jorge Marín dice que la calle es un aparador que compromete

Escultor mexicano Jorge Marín dice que la calle es un aparador que compromete

Fotografía cedida por Kenny Viese que muestra al escultor mexicano Jorge Marín el 7 de noviembre de 2017, en Ciudad de México (México). Marín, creador de las Alas de bronce expuestas en cuatro continentes, dijo hoy a Efe que los espacios públicos son un aparador que compromete a construir un discurso responsable con la sociedad. EFE/Kenny Viese/SOLO USO EDITORIAL

El escultor mexicano Jorge Marín, creador de las Alas de bronce expuestas en cuatro continentes, dijo hoy a Efe que los espacios públicos son un aparador que compromete a construir un discurso responsable con la sociedad.

“Estar en la calle es tener la gran responsabilidad de un discurso para una comunidad muy diversa”, señaló Marín, de 54 años y 25 de una trayectoria expresada en más de 250 exposiciones alrededor del mundo.

La dimensión de su obra lo mantiene vigente en museos, galerías, colecciones privadas; en las plazas públicas, además, ha generado un diálogo y una interacción inéditas reflejada en miles de fotografías del público con sus Alas de bronce.

“La calle tiene todos los públicos, los tiene y los contiene y se vuelve un aparador” y esto compromete a tener un discurso social, ya que no es lo mismo hablar durante una cena ante amigos que hacerlo ante una ciudad, subrayó.

Marín dijo ser capaz de comunicarse con este público tan diverso, ya sea en espacios cerrados o abiertos, porque considera que su obra es humanista y proviene de la naturaleza y de la psique de las emociones humanas.

“Finalmente, todos somos iguales, no importa las diferencias raciales, o culturales, (...) tenemos la misma esencia”, expresó el escultor, quien indicó que su obra le ha permitido dialogar en China tanto en Oriente Medio como en Estados Unidos.

Desde que las presentó en México en 2010, sus Alas de bronce han recorrido ciudades como El Cairo (Egipto), Berlín (Alemania), Shanghái, Hong Kong (China), Bakú (Azerbaiyán), Bangkok (Tailandia), Los Ángeles, Brownsville, Dallas, Houston, San Antonio y Denver (EE.UU.).

Marín aseguró que su obra es como una “suerte de espejo” donde las personas pueden verse reflejados en sus conflictos, deseos, frustraciones, miedos y anhelos.

En este sentido, el arte resulta un micrófono social, dijo al recordar que su exposición más reciente de Alas abrió en octubre en Santa Ana (California, EE.UU.), una ciudad marcada por la migración hispana.

“Mi obra los hace hablar para darles el micrófono y decir cómo es su experiencia y compartir un poco más”, apuntó el escultor sobre las nueve monumentales esculturas que añaden en esta ocasión testimonios de migrantes.

“Ese es el gran plus de la exhibición que va a ver la comunidad latina y la anglosajona” y “quiero ser optimista y creer que hay una población no migrante que puede ser empática en base a la experiencia del arte, a través de la interpretación de los migrantes”, sostuvo.

Como artista, Marín reconoció que el contacto con lo cotidiano le facilita al artista escribir la historia de la humanidad a través de su obra.

“El artista plástico expresa lo que es el ser humano del siglo XXI, a la sociedad en que le tocó nacer, sus rasgos y su experiencia de vida, la va interpretando”, comentó el escultor.

El artista dijo que el terremoto del 19 de septiembre en Ciudad de México lo sacudió profundamente, porque vio caer un edificio en sus “narices”.

La tragedia, agregó, puede dejar lecciones, como “recalcar a la sociedad la importancia de reflexionar sobre el poder que tiene” hasta el punto de “mover edificios enteros, piedra por piedra”.

Se mostró dispuesto a respaldar las iniciativas de reconstrucción tanto de la sociedad como del patrimonio artístico que resultó especialmente dañado por el terremoto.

Como artista, Marín comentó que sus figuras antropomorfas, con alas y máscaras, son el resultado de “siempre estar muy consciente” de que es “un ser humano”, que tiene “emociones”.

El escultor presentará este 22 de noviembre sus Alas en Kuwait, donde permanecerán hasta abril de 2018, y en diciembre próximo tiene previsto montar una obra de siete metros de altura en la explanada del Palacio de Bellas Artes en Ciudad de México.


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