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La nueva vida de la niña mexicana que pidió un corazón al Niño Dios

Para Dafne García, la primera niña mexicana en vivir con un corazón mecánico, los días cenizos antes del martes 13 de su salvación tuvieron un soplo de esperanza, el que le proporcionó su deseo de vivir. EFE/HOSPITAL INFANTIL DE MÉXICO/SOLO USO EDITORIAL

Para Dafne García, la primera niña mexicana en vivir con un corazón mecánico, los días cenizos antes del martes 13 de su salvación tuvieron un soplo de esperanza, el que le proporcionó su deseo de vivir. EFE/HOSPITAL INFANTIL DE MÉXICO/SOLO USO EDITORIAL

Para Dafne García, la primera niña mexicana en vivir con un corazón mecánico, los días cenizos antes del martes 13 de su salvación tuvieron un soplo de esperanza, el que le proporcionó su deseo de vivir.

Dafne fue una niña repleta de salud hasta que en octubre del año pasado sufrió un derrame cerebral que le causó un daño irreversible a su corazón.

Meses después la sangre dejó de llegar a sus tejidos y, como consecuencia, el riñón y el hígado recibieron castigo y fue necesario ponerle un apoyo ventricular externo (corazón mecánico).

Se trata de un par de ventrículos artificiales instalados a una consola que sustituyeron al corazón enfermo y le permitieron a Dafne recuperar la salud de sus órganos mientras esperaba el donador, un niño de cinco años fallecido de un tumor cerebral.

La historia terminó bien. A Dafne le cambiaron la máquina por un corazón humano y hoy sus ojos pardos han vuelto a brillar con la alegría en estado puro que solo muestran los niños.

El acto quirúrgico, que tuvo como cabezas de un grupo numeroso a los cirujanos Alejandro Bolio y Carlos Alcántara, ya entró en la historia médica de México porque, aunque ha sucedido con frecuencia en Europa y Estados Unidos, es la primera vez en este país que un niño vive un tiempo con un corazón de metal, silicona, plástico y teflón.

Fue un triunfo de la ciencia, pero la madre, Marisela Guzmán, cree que la niña también recibió ayuda de la Virgen de Guadalupe porque el corazón fue donado el 12 de diciembre, cuando los mexicanos celebran su última aparición en 1531 al indígena Juan Diego, mientras la hermana, Anette García, sospecha que el Niño Dios escuchó el ruego de la paciente.

“Cuando empezó el movimiento de la Navidad y los comerciales en la televisión, ella me decía que iba a pedir juguetes y la invité a escribirle una carta al Niño Dios. Estábamos juntas en eso y entonces le pidió un corazón, que le llegó 11 días después”, cuenta a Efe Anette.

Dafne nació el 26 de julio de 2012, el día antes del inicio de los Juegos Olímpicos de Londres, y el doctor Bolio no considera un disparate que la chica llegue a ser deportista, para lo cual estará lista si mantiene la buena adaptación mostrada en los primeros días.

“No le recomendaría deportes ráfaga, mejor uno en el que se administre. Nunca le aconsejaré practicar los 100 metros planos, quizás sí correr 10 kilómetros o maratón, aunque no de alto rendimiento”, dijo a Bolio al referirse a qué tipo de deporte le sugeriría a la niña cuando esté sana.

Si bien el cirujano reconoció que la paciente estará cerca del hospital en todo el 2017 y es pronto para hablar del futuro, no descartó verla tan entera como para practicar deportes de alta demanda de resistencia.

Historias aparte, Dafne García está a punto de abandonar el hospital Federico Gómez de la Ciudad de México. Lo hará con la salud renovada y la promesa de una vida casi normal gracias al corazón bueno estrenado este mes.

Su madre imagina su vida nueva, de vuelta al arroz blanco y a las quesadillas de jamón y queso, sus platillos favoritos.

La niña, cuyas ganas de vivir siguen intactas, solo pide salir de la clínica tomada de la mano de Pancho López, un oso de peluche que le regalaron los alemanes diseñadores del corazón mecánico, vestido con una camisa con dos ventrículos instalados a una consola.

“El oso es símbolo de Berlín, es de color marrón claro y Dafne le puso el nombre. Después un médico le tomó una foto a Pancho y le hizo una credencial de visitante del hospital para que pudiera estar con ella sin ser molestado”, asegura el doctor Bolio, quien compara la felicidad de ver latir un corazón trasplantado en un niño con la suya hace mucho tiempo, cuando se convirtió en padre.


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