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Reportaje Especial: Equipo de pequeñas escaramuzas forja determinación y disciplina en el Sur de California

Tercera parte de una serie de historias sobre escaramuzas en el Sur de California.

Son a las 9 a.m. de un sábado en Somis, en el Condado de Ventura, y ya se escuchan desde muy temprano el sonido de los caballos galopando.

El nombre del equipo es Charras Unidas de Villa, compuesto de integrantes de distintas edades, procedentes del Condado de Ventura y el Valle de San Fernando. Este equipo de escaramuza inició en 2010 y es uno de los conjuntos tradicionales en competencias estatales o regionales en el Sur de California.

Mientras el sol comienza a pegar más fuerte en esta zona rural, llegan más y más niñas, algunas montando a caballo. Una de ellas es Natalia Sánchez, una niña de 10 años, nieta de la capitana de Charras Unidas, Juanita Mireles.

Natalia prácticamente nació siendo una jinete, pues monta un caballo que es 10 veces más grande que ella con confianza y destreza como si fuesen ambos uno solo.

Natalia es parte de Charritas Unidas, un grupo de nueve niñas, actualmente bicampeonas estatales. Estás escaramuzas entrenan alrededor del mediodía en Somis.

Juanita Mireles sigue de cerca los entrenamientos de su equipo.

Juanita Mireles sigue de cerca los entrenamientos de su equipo.

(Eduard Cauich )

Charritas Unidas salió de la misma insistencia de sus integrantes, quienes no dejaban de preguntarle a Juanita cuándo iba a formar un equipo infantil.

“Yo venía y veía a Juanita, yo le preguntaba todos los días cuándo iba a hacer un equipo”, dice Ashley, nacida en Oxnard, cuyos padres la acompañan todos los sábados a sus practicas.

Charritas Unidas se formó hace dos años con integrantes menores de 14 años, la edad límite para competir en la categoría infantil.

(Eduard Cauich )

El grupo es compuesto por las hermanas Reveles: Alejandra, Valeria y Fatima; Bryanna Figueroa, Natalia Sánchez, Daisy Villegas, Lynnette Iñiguez, Ashley Rodríguez y Aaliyah Valenzuela.

Una de las niñas con más responsabilidades es Ashley, de 12 años de edad, que se desempeña como “punta”, una función que marca el paso del resto de las compañeras.

“A ella le gusta ser líder. Le gusta dirigir a las niñas más chicas”, dice Marta, mamá de Ashley. “Desde que la metí a la escaramuza ha mejorado mucho en la escuela. Me prometió que iba a hacer las cosas mejor en la escuela y en la casa me ayuda mucho”.

No necesito ser bruja para ver el futuro de cada una de las niñas y yo sé quién va a llegar, porque son niñas de decisión, son niñas bien decididas”

Juanita Mireles, instructora de Charritas Unidas

Charritas Unidas comenzará a participar en la categoría juvenil pues dos de sus integrantes han cumplido los 15 años.

Una de las quinceañeras es Alejandra, hermana de Fatima y Valeria Reveles. La participación de las tres hermanas, casi la mitad del equipo, representa un sacrificio fuerte para la familia Reveles pues son una familia de ocho y los gastos de las tres escaramuzas charras no es poca cosa.

La familia tuvo que comprarles tres caballos a las niñas, pues es uno de los requisitos para iniciar.

“Es un sacrificio para toda la familia, de tiempo, dinero”, indica Deborah Reveles, madre de las tres jovencitas.

Sin embargo, Deborah comenta que el esfuerzo vale la pena ya que le gusta la disciplina que impone Juanita, pues siempre es “muy exigente y dedicada, y les pide a las muchachas que lleguen bien peinaditas y almorzadas”.

“Tengo primos y tías que han estado en escaramuzas, pero yo nunca fui porque mi papá no era charro, era vaquero pero no era charro. Fue algo que yo quería porque mi papá no me apoyó a mí”, expresa Deborah. La madre de la familia Reveles, cuenta que ha notado una diferencia en sus hijas desde que asumieron el deporte, a pesar de ser muy diferentes en personalidad.

“La escaramuza es fortaleza, es fuerza es carácter. Mis hijas son diferentes, la tercera es luchona pero es vergonzosa, pero cuando se monta en su caballo cambia totalmente”, dice Deborah.

(Eduard Cauich )

Para otras, el deporte ha representado el superar muchos miedos.

“Una de las niñas tenía una depresión tremenda. La mamá la llevaba a un psicólogo, era una niña que muy pocas veces la veía sonreír. Ahora se ve más segura, su mamá está maravillada”, expresa Juanita.

La instructora comenta que el lienzo y el arte de escaramuza son muy parecidos a la vida.

“La vida es como cuando hay que hacer un cruce, en la vida no te puedes quedar, miras a una ‘punta’ de referencia y ahí tienes que llegar. Sé que mis niñas se van a independizar, van a crecer, van a estudiar y lo van a lograr. No necesito ser bruja para ver el futuro de cada una de las niñas y yo sé quién va a llegar, porque son niñas de decisión, son niñas bien decididas”, agrega la instructora.

“En la vida si tienen que hacer un giro de 360 grados y volver a salir, lo van a hacer. Cuando tengan una dificultad ellas lo van a alcanzar y lo van a lograr”, expresa.

Como prueba de que estar en una escaramuza desarrolla una personalidad y mentalidad fuerte, están sus compañeras en Charras Unidas, el equipo adulto, ya que son mujeres responsables y disciplinadas.

Además de Juanita, una pieza clave de Charritas Unidas como Charras Unidas de Villa es José Luis Reynoso, un entrenador que vive en Turlock, California, y que viaja casi todos los fines de semana al Sur de California para entrenar a varias escaramuzas.

“La escaramuza te va a ayudar cuando seas adulta, cuando tengas algún trabajo, vas a ser mejor persona, por la disciplina que ya traes, lo que has aplicado en las escaramuzas”, señala el nacido en Jalostitlán, Jalisco.

Juanita también se encarga de recordarles a las niñas que ser escaramuza es un privilegio.

“Es un deporte nacional, es un deporte de elegancia, es un deporte donde podemos demostrar de nuestras destrezas”, expresa Juanita.


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