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Ganarse a la afición de Los Ángeles será difícil, pero no imposible para los Chargers

(Kirby Lee/USA TODAY Sports)

En otro claro ejemplo de cómo la vida suele dar vueltas inesperadas, en el lapso de solo 12 meses, la ciudad de Los Ángeles se convirtió en el nuevo hogar de dos equipos de la NFL tras vivir una etapa de 21 años sin experimentar la emoción de los emparrillados a nivel profesional de primera mano.

Desde el inicio, los Rams fueron recibidos como un hijo pródigo gracias a la nostalgia, pues antes de jugar en San Luis pertenecieron al área angelina por cerca de cinco décadas. Sin embargo, cuando la semana pasada el dueño de los Chargers, Dean Spanos, hizo oficial que definitivamente tomarían la autopista 5 hacia el norte para compartir el futuro lujoso estadio de los de azul y oro en Inglewood después de un año de contemplarlo, estos fueron recibidos como un arrimado.

Su nuevo logo fue instantáneamente ridiculizado en las redes sociales, porque según algunos parecía una “copia barata” del de los Dodgers. La mayoría de los aficionados al futbol americano del área angelina rechazaron vehemente el traslado y los medios de comunicación no le dieron mucha prioridad al anuncio.

Si bien los Cargadores son la única franquicia de la NFL en nacer en Los Ángeles -los Carneros se originaron en Cleveland y los Raiders provinieron de Oakland-, solo jugaron en esta zona por un año antes de mudarse en 1961 a San Diego.

Por tradición, los equipos de la liga que tienen más auge en el área son los Rams o los Raiders, que jugaron en el Coliseo de 1982 a 1994 y que han sido el único equipo angelino en ganar un Super Bowl.

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Sin embargo, aunque van a tener que remar contra corriente, no es imposible que los Chargers se ganen el cariño de los angelinos. El quarterback estelar y cara de la franquicia, Phillip Rivers, de antemano sabe cuál es la clave para conseguirlo.

“Si ganas, [la gente] va a estar ahí contigo”, dijo Rivers durante la presentación del equipo como franquicia de Los Ángeles que fue celebrada el miércoles en el Forum de Inglewood. “Si hacemos bien las cosas y triunfamos, vamos a estar bien”.

El veterano de 13 temporadas está en lo correcto. En la ciudad angelina, los aficionados están dispuestos a apoyar a un ganador sin que importe la historia, y así es el caso de los Clippers.

Desde que llegaron a esta ciudad en 1984, curiosamente también procedentes de San Diego, el equipo por años fue el hazmerreír de la NBA. Ligaban campañas perdedoras una tras otra y eran de los últimos en asistencia; además, vivían debajo de la sombra de los Lakers, una de las franquicias más exitosas en el mundo.

Pero a partir de 2011, con la llegada de la super estrella Chris Paul, los Clippers empezaron a ganar y ser protagonistas. Todavía no han ganado un campeonato, pero la gente ha abarrotado las tribunas del Staples Center desde entonces. El ocho de enero, el equipo registró su juego número 254 con un lleno completo.

Los Chargers, por su parte, regresan a Los Ángeles con el estigma de ser un equipo “perdedor”. Aunque en 1963 ganaron un título cuando pertenecían a la antigua Liga Americana de Futbol Americano, que luego se unió a la NFL, actualmente son uno de los 13 equipos de la liga que aún no gana un Super Bowl.

No obstante, pensando en el futuro próximo, la franquicia sí tiene las herramientas para revertir su fortuna. Pese a que vienen de una campaña en donde registraron una marca de 5-11, en el papel tienen un plantel prometedor, uno que luce mejor que el de los Rams (4-12).

A la ofensiva, ostentan a Rivers, el quinto mariscal con más yardas lanzadas en activo (45,833), y al corredor Melvin Gordon, quien tras una desastrosa temporada de novato terminó entre los mejores diez de su posición.

También cuentan con Keenan Allen, que se está recuperando de una lesión de rodilla, pero que tiene el potencial para ser un receptor de élite. En defensa, tienen al Novato Defensivo del Año, el defensive end Joey Bosa y el respetado esquinero Jason Verrett. Con la excepción de Rivers, todos llevan menos de cinco temporadas en la liga, así que pueden ser baluartes del equipo por un buen tiempo.


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