Anuncio
Share

¿Pueden guardar silencio durante la interpretación del himno nacional?

Aficionados durante el himno nacional, en el Dodger Stadium (Jabin Botsford/Los Angeles Times).

Aficionados durante el himno nacional, en el Dodger Stadium (Jabin Botsford/Los Angeles Times).

Este Día de la Independencia, en 15 grandes campos de béisbol ocurrió algo rutinario y maravilloso. Mucho antes del primer lanzamiento, las personas se pusieron de pie, algunas pusieron su mano derecha sobre su corazón, y cantarán a coro -incluso durante las partes complicadas- “The Star-Spangled Banner”.

Eso ocurrió en las plateas de los estadios. Pero, lejos de los asientos, el himno nacional a veces compite con los alaridos de los niños jugando, el crujido de apertura de las bolsas de papas, el sonido de cerveza brotando de los grifos y el repiqueteo de las pisadas.

En contraste con todo ello está el Dodger Stadium, donde algo enteramente distinto a veces ocurre en el vestíbulo, como herencia de una antigua política: las luces se atenúan en los puestos de comida, los trabajadores se apartan de los grifos de cerveza y las cajas registradoras, y los acomodadores y otros empleados se detienen y se quitan sus gorras.

Como decía la guía de bolsillo del Dodger Stadium hasta el año pasado: “El respeto por el patriotismo es muy importante para la organización de los Dodgers. Cuando el himno nacional suena, antes del inicio de cada juego, hacemos una pausa”.

Pero esa política, que incluso llamaba a detener el ingreso de visitantes en la entrada, quedó desechada cuando la organización de las Grandes Ligas de Béisbol (MLB, por sus siglas en inglés) ordenó las requisas con detectores de metales, retrasando así la entrada del público. Ahora, el Dodger Stadium se ha unido a la mayoría de los campos deportivos de la nación, que carecen de políticas formales acerca de cómo los empleados que trabajan fuera de las gradas deben honrar el himno nacional.

El hipódromo de Santa Anita Park, en Arcadia, y el circuito de NASCAR Auto Club Speedway, en Fontana, no poseen políticas oficiales para la zona aledaña a los asientos.

USC, UCLA y el Rose Bowl tampoco cuentan con directrices formales que impidan a los visitantes comprar comida o correr a sus ubicaciones durante el himno. En el Honda Center, de Anaheim, algunos empleados se quitan sus gorras y muestran atención. Pero recientemente, en un juego de los L.A. Kiss realizado allí, las personas caminaban a toda marcha y las cervezas corrían mientras sonaba el himno. Un domingo, las puertas de ingreso al Angel Stadium se detuvieron al momento de la canción nacional, pero la gente que acababa de entrar no lo hizo.

El StubHub Center, hogar del Galaxy, permite a los trabajadores eludir esta disposición cuando se enfrentan a una multitud por atender. Staples Center permite que los escáneres de billetes y los detectores de metales sigan zumbando durante el himno.

Fue en el Staples Center, en 2013, durante un partido de hockey de los Kings contra los Islanders de Nueva York, cuando decidí empezar a rastrear las instalaciones deportivas y el comportamiento de sus empleados durante el himno.

He visto juegos de las Grandes Ligas de Béisbol en cerca de 35 campos; y fútbol americano, básquetbol y otros deportes en más de otras dos docenas de lugares. La mayoría de las veces, llevo en mi asiento un largo rato para el momento en que se escucha el himno.

Pero, mientras corría a la sala de prensa ese diciembre, recordé las muy pocas veces en que, cuando era niño, con mi familia llegamos tarde a nuestros asientos. Quizás nos habíamos quedado por allí, dando vueltas para conocer los diferentes rincones de un nuevo campo de juego. O no habíamos anticipado dónde estacionar.

Por el motivo que sea, una vez quedamos atrapados en los pasillos -bastante lejos de nuestras ubicaciones- con el himno nacional asomando por los túneles que nos llevaban hasta las gradas. Al escucharlo, me detuve y me solté de la mano de mis padres. No puedo precisar si me inspiré en el sentimiento patriótico, en un deseo de honrar a nuestros militares peleando en las guerras de Afganistán o Irak, o si simplemente quise mostrar respeto por las personas que lo interpretaban. Pero me sentí bien de hacerlo. Lo mismo le ocurrió a otras personas que se detuvieron, pero mucha gente seguía caminando y conversando como si tal cosa.

Sí, puede ser difícil para los empleados y aficionados en los pasillos notar que el himno está en marcha. Eso explicaría por qué el año pasado, en el Camelback Ranch, las instalaciones de entrenamiento de primavera de los Dodgers en Arizona, hubo que esperar casi hasta el final para lograr un momento de silencio.

El equipo de básquetbol Cleveland Cavaliers ha encontrado un enfoque inteligente para fomentar el decoro durante la canción patria. En los últimos partidos, los cantantes apartan el micrófono de sus bocas durante unas líneas para que la multitud cante. Al darle poder a los fans, los Cavaliers crearon un espectáculo del cual la gente quiere ser parte.

La vieja política del Dodger Stadium existió al menos desde su apertura, en la década de 1960, según Peter O’Malley, cuyo padre era propietario del equipo en ese momento. “Cuanto más lo hacíamos, más gente pensaba que era algo bueno”, señaló.

Steve Ethier, vicepresidente sénior de operaciones del estadio, afirmó que no conoció otro sitio de deportes con una política tan abarcativa. Los únicos sitios donde la actividad no cesaba eran las puertas de los estacionamientos, puesto que hacerlo podía implicar riesgos de seguridad.

Ahora, los trabajadores de los puestos de comida siguen prestando respeto al himno nacional cuando pueden, aunque el equipo ya no lo requiere, señalaron las autoridades. Tener que esperar dos minutos para poner sus manos en una cerveza Dos Equis en un puesto de comida toma a algunos clientes por sorpresa, aseguró Jason Tingley, chef ejecutivo del concesionario Levy Restaurants, del Dodger Stadium. Pero los empleados son capacitados al comienzo de cada temporada para poder explicarle a los clientes qué ocurre. Casi nadie se queja.

Al cantante y estrella de “Jersey Boys” John Lloyd Young le cuesta creer que la gente no respete el himno. Habiendo crecido en una base de la Fuerza Aérea en Plattsburgh, Nueva York, él escuchaba la canción nacional antes de cada película y llevaba la mano a su corazón mientras la pantalla del cine mostraba banderas y emblemas estadounidenses, como el Monte Rushmore.

“No hay nada más informal que ver una película, pero sin embargo allí estábamos, con el himno nacional antes de cada función”, aseguró Young minutos antes de cantar en el Dodger Stadium. “Desearía que los fans se tomaran un momento para reflexionar y respetar el himno. Es un pequeño precio que uno paga; dar dos minutos en honor a este fantástico país”.

El día en que Young interpretó la canción nacional, los Dodgers homenajearon como ‘héroe militar del juego’ a María García, una sargento de Marina y residente de Corona. Antes de retirarse, con una bandera que alguna vez flameó en lo alto del estadio, García compartió qué significa el himno para ella: “Cuando todo el mundo se detiene para respirar su patriotismo, me da escalofríos”.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


Anuncio