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El futbol americano, un espectáculo lleno de emoción aún en la derrota; los Rams pierden 30-19

La familia Castañeda viajó desde el Condado de Orange para apoyar a su equipo en el Coliseo de L.A.

La familia Castañeda viajó desde el Condado de Orange para apoyar a su equipo en el Coliseo de L.A.

(Agustín Durán)

Las emociones para ir a ver a los Rams de Los Ángeles empiezan desde que uno se baja del vehículo y te das cuenta que el estacionamiento más barato cerca del Coliseo Memorial de Los Ángeles es de 80 dólares.

En ese momento casi te dan ganas de regresarte a tu casa y verlo por televisión, pero estas a unas horas de presenciar el partido ansiado, luego de que la ciudad de Los Ángeles había sobrevivido por 22 años sin futbol americano. Así que no tuve de otra, más que pagar.

Yo pertenezco a esa generación de la Ciudad de México que hablaba en la preparatoria y universidad de Joe Montana, Dan Marino y Marcus Allen como si fueran amigos de la familia. Reconozco que exagerábamos en la narrativa de los partidos, pero simplemente era un deporte que sin nunca practicarlo, nos permitía escapar un rato de los problemas que enfrentábamos en una ciudad, de por sí, super poblada, con interminables problemas de tráfico, violencia y smog.

Poco más de dos décadas después y ya viviendo en Los Ángeles, la realidad de poder asistir a un partido de futbol americano es una realidad, claro, siempre y cuando el bolsillo lo permita.

Una vez en el Coliseo de Los Ángeles, la fiestas familiares y de amigos son más que increíbles. Alrededor del estadio hay una gran cantidad de aficionados que llegan desde muy temprano con sus camionetas camper, lonas, o simplemente con sus sillas para disfrutar de una carne asada, hot dogs y por supuesto, de una buena cerveza, especialmente estos días que las temperaturas rosan los 90 grados Fahrenheit.

Hacemos hincapié en las bebidas ya que dentro del estadio una sola cerveza tiene el valor de poco más de un paquete de 12, así que muchos aficionados aprovechan para llegar al encuentro bien servidos y así no tener que gastar mucho durante el partido.

Pero si no va uno preparado, los vendedores ambulantes de hot-dogs siempre lo esperan con precios más módicos. Casualmente y hasta ahora, los alrededores del Coliseo es un escenario donde conviven los vendedores ambulantes, oficiales del sheriff y aficionados, en una armonía, que debería de ser un ejemplo para el resto de la ciudad. Aquí no hay nada de ‘enséñeme su licencia para vender’

Al llegar a las puertas del Coliseo y como en todo evento deportivo, los aficionados pasan por un censor de metal y sus bolsas son revisadas. Ya dentro del estadio, solo es cuestión de encontrar el asiento para presenciar el evento esperado y cargado de emoción.

Todo empieza con el himno nacional donde la gran mayoría mira al vacio, mientras escucha las estrofas que se entremezclan con algunos fuegos pirotécnicos y el hondear de las banderas en lo más alto del estadio. Y si este escenario no le provocó un poco de reflexión, o lo empieza aclimatar para el partido, las porristas llegarán enseguida para prenderlo de ambiente y esperar la patada de inicio.

En esta ocasión los Rams de Los Ángeles, que hasta el momento llevan un récord positivo (3-1), enfrentaban a los Bills de Buffalo.

Afortunadamente para la afición local, los Carneros empezaron el partido ganando, pero ya en la primera mitad eran superados 16-13; aunque todavía con muchas esperanzas de salir victoriosos.

Había temor entre los aficionados de los Rams ya que Buffalo también venía de haber hilado dos victorias seguidas; la última, la semana pasada, contra los Patriots de Nueva Inglaterra, uno de los mejores equipos de la liga.

No obstante, el equipo de Jeff Fisher, entrenador en jefe de los Rams, no se dio por vencido y antes del tercer cuarto ya había empatado el encuentro a 16 puntos. Fue precisamente cuando el audio del estadio incitó a la afición a hacer ruido para apoyar a la Sociedad Americana del Cáncer y animar a las mujeres a hacer conciencia sobre sus exanimaciones del seno regulares.

El tercer cuarto terminó con ventaja de Buffalo 22-16 y aunque había cierta preocupación entre la afición, había confianza de remontar el marcador.

Rubén, de Whittier, quien llegó con su hijo, esposa y unos amigos, dijo que le preocupaba el marcador, pero al final del día, seguramente lo que le preocuparía más son los casi 800 dólares que se estaba terminando de gastar, entre entradas, estacionamiento, comidas y cerveza.

“Es caro, pero vale la pena”, enfatizó el aficionado, quien confesó ser partidario de os Acereros de Pittsburgh, pero había llevado a su hijo, quien es seguidor de los Rams.

Posiblemente una de las familias más fanáticas de los Carneros, no vivía en Los Ángeles, ya que la pareja Castañeda viajó desde el Condado de Orange para apoyar a su equipo. Toda la familia iba con los colores azul-oro, pero el jefe de familia llevaba un disfraz de carnero que hacía imposible que la gente no le pidiera posar para tomar una selfie.

Para esta pareja, el resultado era importante, pero no le importaba mucho, ya que ellos habían llegado a disfrutar y apoyar a su equipo.

En el momento en que los Rams iban abajo en el marcador 23-19, ya a cinco minutos del final, la pareja dijo que “Esperamos que gane, pero si pierden no importa. Nosotros siempre los apoyamos”.

Al final, el marcador fue adverso 30-19, pero la mayoría de la gente, aunque medio decepcionada, salió con un semblante de satisfacción aún en la derrota, y por supuesto yo también, quien por fin pude ver a un equipo angelino, en vivo, después de más de dos décadas.

Al inicio del partido, los Rams celebraron el Mes de la Herencia Hispana, así que el equipo angelino entregó un reconocimiento de liderazgo a Pilar Pinel, Presidenta de la organización Embracing Latina Leadership Alliance (ELLAS), quien a su eligió a la organización Fiesta Corazón del Puerto, de Long Beach, para que recibiera una donación de dos mil dólares.


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