Opinión

Kazán se enamoró de México

Luego de casi dos semanas en la ciudad de Kazán, ubicada en el corazón de la Federación Rusa, la Selección Mexicana partió por fin rumbo a Sochi donde el jueves esperará seguir avanzando dentro de la Copa Confederaciones con rumbo a la gran final en San Petersburgo. Pero casi 14 días en un mismo lugar hicieron que florecieran los sentimientos entre los habitantes de la República de Tartaristán y el conjunto azteca. Esta, es la historia de cómo Kazán se enamoró de México.

Kazán es una ciudad fundada hace poco más de mil años, con una población de menos de dos millones de personas. Pero lo que hace grande a esta urbe no es la cantidad de habitantes que tiene, sino el gran corazón que demuestra su gente que cuenta con una mezcla de cristianos ortodoxos y musulmanes.

El Tricolor se hospedó en el Hotel Mirage, en el centro de la ciudad, donde disfrutó de una gran atención por parte del personal del hotel, de los administrativos de FIFA y de los voluntarios que siempre estuvieron apoyando cada necesidad de los jugadores.

Los futbolistas se sentían tan a gusto en este lugar, que cuando no pudieron quedar en primer lugar del Grupo A para disputar la Semifinal aquí, se pusieron tristes de tener que partir de nuevo rumbo a Sochi. En la primera ocasión volvieron lo más rápido posible y fueron recibidos con un letrero de “¡Muchas felicidades” en español, escrito por las voluntarias en una cartulina mientras al mismo tiempo gritaban “¡México, México!”.

En este hotel, los elementos del Tri gozaron de atenciones con las que hace mucho no contaban: tenían a su disposición una barbería para lucir bien en televisión, un spa donde relajarse, cruzando la calle un centro comercial para realizar las compras para la familia, mientras que el chef de la selección fue ayudado por la población local para encontrar los ingredientes que hicieran sentir como en casa a toda la delegación.

Y en las calles, podían salir a turistear un poco siendo abordados por la población local, que cuando llegó el equipo apenas y conocían a Javier “Chicharito” Hernández, pero que ahora conocen casi todos los nombres de los jugadores que participaron en el Kazán Arena en dos partidos, ante Portugal y el local Rusia. De los aficionados mexicanos ni se diga, no se podían caminar dos cuadras sin encontrarte a un paisano y a un ruso tomándose una foto con los sombreros de charro o la bandera azteca. Los connacionales fueron tan queridos que el bar Cuba Libre cerraba casi tres horas después de su horario habitual con tal de tener contentos a los mexicanos.

Pero quizá lo más especial fueron las voluntarias y las personas que día a día estaban al servicio de los futbolistas. Desde Rim el chofer, pasando por Svetia la traductora de inglés a ruso, sin olvidar a Olesya, Rita y Svetlana, quienes se aseguraron de darles todo su amor a los mexicanos que visitaban día a día el hotel, mientras poco a poco se ganaban el corazón de los visitantes.

“En México, tenemos dos familias”, les explicaba yo mientras comíamos platillos típicos tártaros en el restaurante В Кофейне ubicado apenas a una cuadra del hotel, “la familia en la que nacemos y la que escogemos”. Entonces, estas mujeres tártaras decidieron ser parte de la familia que elegimos y mientras la Selección partía rumbo a Sochi para no volver a esta ciudad, las caras largas y llenas de lágrimas se volvieron aplausos y gritos para los jugadores. Dos semanas después nuestros embajadores en Rusia dejaron un pedacito de nuestro país en la República de Tartaristán, mientras que Kazán se enamoró de México y México de Kazán.

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