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Despiden al Estadio Azul entre llanto y risas

(AGENCIA REFORMA)

Esta vez las Golondrinas no fueron tan tristes.

El Estadio Azul tuvo una despedida llena de alegría, una incluso superior a las que había dado en sus 22 años como casa de La Máquina.

Pero aunque la fiesta redonda, las lágrimas, el nudo en la garganta y los ojos vidriosos fueron una constante antes, durante y después del partido.

No se trataba de una Final o un encuentro de Liguilla, era un juego de la Fecha 16 con unos celestes lejos de la clasificación, pero eso no le importó a una afición que quiso vivir con todo el cierre de una época que no ofreció grandes logros.

Nunca tantos habían festejado tanto a un estadio que les dio tan poco, pues el Azul careció de una celebración por un título, dado que los obtenidos desde 1996 (Liga, Copa y Concachampions) fueron como visitante.

La fiesta estaba lista previo al silbatazo inicial, unas gradas semi llenas con gente todavía buscando su lugar y un sonido local dando apertura a la despedida.

El primer alarido fue la salida del plantel a la ceremonia de la Liga MX, comandados por el capitán Jesús Corona los cementeros fueron cobijados por sus seguidores, quienes incluso en la cabecera norte formaron un mosaico con el escudo del club, al cual le faltaron espacios por llenar, pero no ganas de realizar el gesto.

El juego no tardó en encaminarse para Cruz Azul, al 10' ya ganaba 1-0 gracias a Martín Cauteruccio.

Con un arranque tan frenético no se puede culpar que la afición, y hasta el juego, bajara un poco las revoluciones, pero resultó sólo un descanso para agarrar fuerzas y así festejar el 2-0 de Ángel Mena antes de terminar el primer tiempo.

Para el complemento, el encuentro fue el que “disfrutó" del ambiente en la tribuna, la cual en busca de las emociones que ya no había en la cancha inventó las suyas con la “Ola” y las porras como "¡Azul, Azul!” y "¡Yo soy celeste, un sentimiento que no morirá!”.

En los 10 minutos finales, la fiesta estaba en su apogeo, el resultado (2-0) fue lo de menos, la tribuna se entregó a su equipo, que consumado el juego dio una vuelta a la cancha para agradecer a los presentes al son de música de fondo y confeti que volaba por el ambiente.

"¡Gracias, gracias Estadio Azul!”, decía el sonido local en su discurso de despedida, mientras en la cancha Corona era el último celeste en meterse al vestidor con un ambiente festivo a sus espaldas.
Ahora viene el regreso al Azteca, donde el equipo vivió su mejor época, una que la afición, sin duda, añora.


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