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Boxeo

Vergil Ortiz es el moldeador del camino al éxito de uno de los prospectos del momento, su hijo Vergil Jr.

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(Tom Hogan / Golden Boy Promotions)

Como encargado del departamento de manejo y envíos en una fábrica, Vergil Ortiz se enfrentaba a una triste realidad cada dos semanas al recibir su quincena. El dinero no rendía después de hacer los pagos de las facturas en su hogar y en ocasiones solo tenía a su disposición $20 de sobra.

Ortiz, quien es el padre de Vergil Ortiz Jr. (13-0, 13 KOs), considerado uno de los más grandes prospectos de la actualidad a sus 21 años, recordó a HOY Deportes los duros momentos que vivió junto a su hijo durante su desarrollo como peleador.

“A veces no comía para tener suficiente para la gasolina, empeñaba cosas para poder llevarlo a los torneos y ni aire acondicionado teníamos y allá en Dallas es muy caliente”, dijo Ortiz, quien acompañó al invicto de peso superligero en el día de medios previo a la pelea del 10 de agosto ante Antonio Orozco (28-1, 17 KOs) en The Theatre, de Grand Prairie, Texas. “Solo en gasto de la luz era alrededor de $500 mensuales pues Texas es muy caliente. Yo le decía que si nos quedábamos en la casa siempre estaría caliente, igual si vamos en el auto o cuando vamos a entrenar sería igual de caliente. No faltaba ningún día para entrenar”.

Tras el éxito obtenido en su corta carrera, tienen suficiente para el combustible, viven en la misma casa pero con aire acondicionado y todo un campamento lo apoya en cada pelea.

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Desde muy temprano, Ortiz enfrentaba muchos retos desde el mismo momento en que nació su hijo, pues se hizo cargo de él desde su nacimiento debido a los problemas de alcoholismo que padecía su pareja.

“Ella vivía una vida diferente”, señaló. “Yo no quiero cosas así para mi hijo. Si mis hermanos que les gusta tomar, tengo desde el año 2000 que no hablo con ellos porque les gusta hacer eso… ¿tú crees que voy a aceptar que una señora que no es sangre mía, la voy a querer también ahí conmigo? Esa vida no es para mí, ni para mis hijos”.

Vergil Jr. no tiene una relación con su madre en la actualidad.

“Tengo otros hijos y la madre de ellos le ha servido a él como su mamá; mi mamá también ha estado ahí”, dijo. “[Mi pareja] lo quiere como un hijo, pero siempre hemos sido él y yo. El momento que tal vez le hubiera hecho falta la presencia de su mamá es cuando lo presionaba fuerte, pero aunque ella estuviera ahí, no hubiera dejado de hacerlo”.

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Ortiz asegura que ha sabido separar cuándo actuar como un padre y cuándo como un entrenador. Aunque se arrepiente de no haberle enseñado hablar mejor el español a su hijo, tampoco tuvo muchas opciones pues él mismo lo aprendió hablando con sus amigos “jugando billar y no se aprenden muy buenas palabras cuando juegas (risas)”.

Él trató de ser padre y madre.

“Todas las noches lo besaba y le dejaba saber lo mucho que lo quería. Demostrándole el cariño, pero también lo estaba preparando para la guerra. Si no lo preparas bien, lo estás mandando para que te lo chinguen y eso es tu culpa porque no hiciste tu trabajo. Lo entrené para que vaya al infierno y de regreso si tiene que ir”.

El mexicoamericano peleará por primera vez frente a su afición en su natal Gran Prairie y a pesar de que el pequeño suburbio de Dallas le ha demostrado apoyo de manera abrumante, Ortiz asegura que han tomado el combate contra Orozco como una más.

“Están contentos allá… el alcalde, el jefe de la policía, la ciudad en general, están anunciando la pelea para que vayan a verlo”, notó Ortiz. “Me hace feliz, pero hay que mantener la calma para que eso no se suba a la cabeza. Es otra pelea y hay que mantenerse enfocado”.

El inicio de todo

Su padre llevó a Vergil Jr. por primera vez al Vivero Boxing Gym, que antes servía para la mecánica y reparación de autos, cuando apenas tenía cinco años. Peleadores como el olímpico Luis Yáñez y Errol Spence Jr., se prepararon en ese gimnasio por lo que según Ortiz, su hijo pelea similar al campeón de peso welter de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). 

“Le puse los guantes y lo solté por tres rounds de un minuto contra otro chamaco que se llamaba Rubén”, recordó Ortiz. “Lo vi lanzar golpes, su forma de hacerlo no es algo que puedes aprender… o lo tienes o no lo tienes. No es que tiraba golpes bonitos, era como un león. Los leones matan para comer y así lo hizo en el ring, tiraba golpes para lastimar y defenderse”.

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Su instinto en el cuadrilátero le dejó claro que el boxeo era lo suyo.

Ortiz, quien practicó el boxeo, llevó a su hijo a diario al gimnasio, sin importar fechas importantes de celebraciones de cumpleaños, Navidad, año nuevo, incluso cuando se graduó de la preparatoria, entrenó ese día.

Robert García es el presente

Al momento de convertirse como profesional, Ortiz sintió que su hijo había alcanzado un tope al que no estaba superando. Vergil Jr. le dijo que entrenaría entonces con Antonio Díaz, quien lo acompañó en su esquina en ocho combates.

“Era un tiempo para un cambio, él se mantenía invicto pero eso no quiere decir que te vas a mantener ganando”, aseveró. “Él noqueaba en los primeros asaltos, pero no era lo que quería de él. No estaba pensando, no usaba sus pies, es fuerte pero eso no es suficiente y yo quería entrenarlo también. Por eso hablé con Robert García otra vez y siempre me dejó la puerta abierta”.

Ortiz considera que el estilo de García se amolda a lo que han buscado porque “se concentra en el trabajo del cuerpo, de pegar al cuerpo”.

Vergil Jr. se ha ido ganando el respeto en el boxeo por su fuerza y talento. La más reciente prueba fue en su último combate cuando destrozó a Mauricio Herrera, en la velada de Canelo Álvarez ante Daniel Jacobs. Herrera nunca había sido noqueado en su carrera.

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