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Tyson Fury dijo haber enviado espías al campamento de Deontay Wilder, su rival de diciembre

La furia de los golpes hacía eco en el cuadrilátero del gimnasio en Santa Mónica. Una y otra vez golpeaba intensamente los guantes de almohadilla de su entrenador Ben Davison, aunque era inevitable no guiar la mirada a la vestimenta de Tyson Fury y reconocer el apretado y colorido short de licra.

Fury dejó muy poco a la imaginación y a muchos les pareció una broma como las que solo él puede hacer. Sin embargo, al explicar la realidad de ese atuendo, dejó a los medios de comunicación sin razón para seguir riendo.

“Visto estos shorts alocados en público mucho y en esta ocasión lo hice porque representan a una compañía llamada Oddballs”, señaló Fury, quien peleará contra Deontay Wilder el próximo 1 de diciembre en Staples Center (Showtime). “Cada centavo que alguien gasta en estos shorts, ese dinero va para la investigación para luchar contra el cáncer testicular”.

‘Gypsy King’ dijo que fue una motivación personal que le hizo apoyar a la causa.

“Un amigo mío pasó por eso y quiero ayudar a difundir el conocimiento, lo hago por él y para esta causa”, explicó el pugilista de peso pesado.

Esta no es la primera vez que Fury se une a una causa usando su vestimenta, pues en 2016 vistió unos shorts con el mensaje de “Free Palestine” o “Liberen Palestina”, cuyo territorio en el medio oriente está constante conflicto con Israel.

El inglés (27-0, 19 KOs) ha hecho gran parte de su entrenamiento en Big Bear, pero durante la semana pasada estuvo de regreso a Los Ángeles para comprobar que su físico está al tope para su pelea contra Wilder (40-0, 39 KOs). Según Fury, es parte del proceso de climatización.

“Yo me siento bien, vine por mi equipo para mostrarles que sí estoy al punto. En Big Bear el proceso para entrenar es más complicado porque sientes que te quedas sin aire rápidamente, pero sigues trabajando y cuando bajas a un lugar a nivel del mar, te das cuenta que estás bien”, explicó el pugilista, que llegó a la ciudad angelina en helicóptero proveniente de la montaña, y que espera quitarle el título de peso pesado del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) que ostenta su rival desde el 2015.

Durante la sesión de entrenamiento en Santa Mónica, Fury estuvo más abierto a la idea de hablar sobre la situación que vivió durante el tiempo que había decidido retirarse del boxeo, entre su última pelea en noviembre de 2015 hasta su regreso en junio de 2018.

Fury pasó por momentos en el que fue señalado como racista, homofóbico y estuvo incluso a punto de suicidarse en el verano del 2016. Sin embargo, por todo lo que se ha dicho en su contra, Fury dijo que las críticas no le afectan y que ha superado ese momento oscuro de su vida.

“No importan muchas cosas, honestamente, mientras que nadie me golpee en la cara”, expresó. “Pero no me importa lo que la gente diga. Todos tienen el derecho de opinar, especialmente en un mundo democrático”.

Fury tuvo dos peleas desde su regreso del retiro y que ganó sin problemas, ante Sefer Seferi y Francesco Pianeta, pero aceptó que contra Wilder, las cosas no serán así de sencillas.

“Esta será una pelea importante para el boxeo porque son don peleadores invictos arriesgando todo”, dijo. “Hay peleadores que no se están subiendo al cuadrilátero con los mejores por cualquier razón, pero aquí tienes a dos que se están parando cara a cara y en la línea”.

Su pronóstico es que será una pelea corta.

“Será una pelea de demolición de un solo round”, aseguró. “Sé que Deontay Wilder ha sido noqueado como amateur y ha sido noqueado en el gimnasio también, por Wladimir Klitschko. Entonces cuando le golpee un derechazo, no se recuperará. Él caerá como un saco de papas”.

Además, confesó que ha hecho trabajos de espionaje a su rival.

“Tengo muchos pajaritos por todos lados, que me susurran al oído”, dijo. “Gente cercana en su propio campamento. Gente cercana a casa, digamos que nos han estado dando información. Y eso es lo que toma para ganar. Hay que hacer lo que sea… ¿cierto?”.

El usar este tipo de acciones, según el peleador, le permitió vencer a Klistscko en su última pelea antes de su corto retiro.

“Mira lo que le pasó a él también”, apuntó Fury, quien venció al ucraniano por decisión unánime y terminó con su reinado de casi una década en la división de los pesados.

Fue después de esa victoria que Fury explicó que empezó el consumo de cocaína, tomaba excesivamente, además sufrió de depresión y trastorno bipolar.

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