Entrenador de Golovkin aprendió en la construcción y en Big Bear que los fundamentos de la familia importan

El tijuanense Abel Sánchez comenzó en construcción cuando su papá, un contratista, lo llevaba al trabajo desde los nueve años. A los 18, obtuvo su licencia de contratista y comenzó a trabajar en arreglos y remodelaciones.

Desempeñó varios proyectos, como la construcción de la casa donde se filmó la película de E.T., y asumió trabajos en Europa. 

Al mismo tiempo, alimentaba su pasión como entrenador de boxeo, deporte que practicó de joven pero que tuvo que dejar para enfocarse en la construcción. En las arduas horas de gimnasio, se dio cuenta que tenía talento para enseñar y sus primeros tres peleadores fueron campeones del mundo: Lupe Aquino, y  los hermanos Terry y Orlin Norris.

El destino lo llevó a la ciudad de Big Bear en 1991 en un gimnasio que tenía Larry Goosen. En 1996, ya estaba entrenando en la ciudad de más de 7,000 pies de altitud a Miguel Ángel González para su pelea ante Óscar de la Hoya.

“En 1996 comencé a comprar terrenos baldíos. Comencé a comprar terrenos, construía casas y los vendía. En 1998 compré los terrenos del gimnasio con la intención de prestárselo a mis amigos”, señaló Sánchez, quien se retiró como entrenador de boxeo por seis años.

Parte de ese retiro, se debió a un ataque cardiaco que sufrió en 2001.

“Tenía 45 años, me retiré, no solamente por eso, pero porque necesitaba un descanso”, explicó Sánchez.

En 2006 decidió construir un gimnasio y rentar las casas a los boxeadores que querían quedarse ahí.

En 2007, Óscar de la Hoya entrenó ahí para su contienda ante Manny Pacquiao y el lugar ganó mucha popularidad. Entonces, los boxeadores comenzaron a llamarle para que los entrenara, pero Sánchez les explicaba que solamente estaba rentando el lugar, no entrenando.

Hasta que decidió regresar.  

“Los seis años que no estuve en el boxeo, me dio ese ánimo y el hambre”, señaló Sánchez, de 62 años, quien llegó a tener más de 20 propiedades en Big Bear.

En abril de 2010 recibió una llamada que le cambió la vida.

“Nunca pensé que pensé que iba a llegar un muchacho como [Gennady] Golovkin, llegó, nos acoplamos”, indicó Sánchez. “Me hablaron para subir aquí y para ver si lo podía entrenar”.

Sánchez entonces habló con Golovkin y su equipo y a los dos meses ya estaba en Big Bear entrenando.

“Cuando uno trabaja duro y le pone empeño, pasan cosas buenas”, indicó el entrenador mexicano.

Gracias a la construcción, donde Sánchez tuvo hasta 25 empleados, el tijuanense aprendió a cómo comunicarse mejor con los boxeadores.

“No puedes hablar del mismo modo a todos, lo mismo pasa con los boxeadores. Aprendes a decir diferentes cosas a diferentes peleadores. Lo más importante es hacerlos sentir que ellos son lo más importante”, señaló.

En ocho años, Golovkin se ha convertido en la figura más influyente en el gimnasio, donde el campeón del mundo de peso mediano también aconseja a los jóvenes peleadores en The Summit.

Para Sánchez, el éxito de Golovkin se debe a los fundamentos que sus padres tuvieron en él, tal como cuando se construye una casa.

“Una casa si no tiene la fundación se va a caer, si la postura no está bien se va a caer”, afirmó Sánchez. “Sus padres, como mis padres, tuvieron mucho que ver en el éxito que tenemos ahorita”.

Sánchez luego entró en más detalles sobre la personalidad de Golovkin en la vida diaria.

“Él es muy humilde, es muy de muy pocas palabras, no es de esos que va a decir qué tan bueno es. Si le tiene respeto a él, él te va tratar con respeto. Si le hablas con maldad, también te va a tratar así. Aunque no es algo que enseña mucho, él también tiene esas maldades. Es un muchacho que sabe que en este deporte, nada es personal”, señaló.

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