Chepo Reynoso: De carnicero a maestro de campeones

José ‘Chepo’ Reynoso tuvo que tomar un día una decisión muy importante en su vida, la carnicería o el boxeo.

La carnicería era el negocio de la familia, pero a partir de las 3 p.m. abría su gimnasio de boxeo y comenzaba a hacer lo que le apasionaba. Llegó a tener tantos boxeadores competitivos en su establo y a llevarlos a diferentes lugares en sus peleas, que comenzó a descuidar su negocio. Hasta que cambió el rumbo de su destino.

“Una mañana me decidí, levanté la cortina de la carnicería, la volví a bajar, y dije, ‘aquí se acabó’”, recordó Reynoso.

La decisión no era fácil pues la carnicería era un negocio que aprendió desde su adolescencia cuando ayudaba a su papá y que mantuvo a su familia cuando se casó a los 21 años.

En ese tiempo no tenían ningún campeón del mundo y en el boxeo se ganaba muy poco. Entonces, para darle de comer a su familia, comenzó a vender los instrumentos de su carnicería, el molino de carne, la báscula, hasta que se quedó solamente con el anuncio de su tienda: “Carnicería La Lupita”.

“Después de 32 años de estar manteniendo a mi negocio y tener que dejarlo, por una aventura, no  fue fácil”, recordó Reynoso.

Pero decidió seguir su pasión. Ese ímpetu por el pugilismo comenzó cuando su padre lo llevaba los viernes por la noche a las funciones en la Arena Coliseo en Guadalajara.   

“Ese fue mi primer contacto con el boxeo”, comentó Reynoso sobre aquellas noches de 1967 y 1968.

Ahí le encantaba ver a Efrén ‘El Alacrán’ Torres, y Jorge Rosales. Se emocionaba porque eran figuras que veía en los periódicos y al verlos en persona, para él eran “semi dioses”. 

Reynoso fue amateur y hasta peleó en los Guantes de Oro de 1969, hizo sparring con algunos peleadores bien clasificados, pero nunca le interesó el profesionalismo. 

“A mí no me gusta el boxeo profesional porque escuchaba que le daban 50 pesos a los que peleaban cuatro rounds. Yo 50 pesos me los clavaba de la caja de la carnicería cuando yo quería”, dijo entre risas Don Chepo.  “Así que no era negocio para mí el boxeo profesional”.

“A mí lo que me gustaban eran los trofeos”, declaró.  “Un día gané en un torneo amateur de una escuela y no me dieron nada, ni medalla ni nada. Entonces, en la avenida Álvaro Obregón me compré un trofeo de ocho pesos y les dije a mi papá: ‘aquí está mi trofeo’. Yo solo me premié, pero me lo merecía”.

Como entrenador, comenzó ayudando a Ignacio Silva, uno de los entrenadores más prestigiosos de Guadalajara, y al poco tiempo trabajó con Julián Magdaleno.

También aprendió de maestros como Jesús ‘Cholaín’ Rivero y al ver a los grandes boxeadores como José ‘Mantequilla’ Nápoles y Rubén ‘Púas’ Olivares.

“Me he rodeado de gente muy positiva. Era muy inquieto y me gustaba aprender”, afirmó Reynoso, cuya primera pelea de campeonato fue cuando asistió a Magdaleno en la esquina de Alejandro ‘La Cobrita’ González cuando este ganó el campeonato del mundo ante Kevin Kelley en 1995 en San Antonio, Texas.

Pocos años después, Reynoso quedó al frente del gimnasio cuando fallece Julián Magdaleno en 1998.  Tras no coincidir con el hijo de Madgaleno, Reynoso hizo su propio gimnasio.

Luego vio coronar a sus propios peleadores: Óscar ‘Chololo’ Larios en dos divisiones, así como a Javier ‘Chatito’ Jáuregui. 

Un romántico del box

Reynoso es conocido por su alegría y sobre todo, su cantar durante los campamentos de sus pugilistas.

“Acuérdate que yo era carnicero, yo siempre estaba cantando. Yo tenía buen carácter para venderle a los clientes, les decía: ‘ándele mi reina, ¿qué va a llevar?’, y la gente se iba contenta”, comentó Reynoso.

Como todo un romántico, Don Chepo también es amante de los poemas y canciones. Ha grabado tres discos, con un total de 50 canciones de su inspiración. Sus canciones han sido interpretadas por un hijo de Pepe Aguilar, Los Muecas, Regulo Caro, entre otros.

Entre sus canciones está una de nombre La Historia del Canelo, interpretada por Los Navarros, dedicada al niño pelirrojo que conoció  a los 14 años:

“Sigue y sigue trabajando, porque es muy grande su anhelo. Que su historia se conozca, desde la tierra hasta el cielo. Y cuando hablen de boxeo, siempre nombren al Canelo”.

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