Nizhny Nóvgorod: La "ciudad cerrada" llena de turistas

Associated Press

A Valeria Kashnikova, mesera de una pizzería llena de suecos, croatas y argentinos, le cuesta creer que su ciudad estuvo cerrada a los extranjeros por casi 60 años durante la era de la Unión Soviética.

"No sé mucho de esa época", declaró Kashnikova, quien trabaja en Pronto Pizza e Pasta. "En estos momentos tenemos mucha gene que viene por el fútbol y se interesa también en nuestra comida, nuestra cultura y en lo que pensamos".

Y en la historia.

Sede de seis partidos de la Copa Mundial, Nizhny Nóvgorod fue conocida como Gorky de 1932 a 1990, una "ciudad cerrada" 400 kilómetros (250 millas) al este de Moscú, donde el premio Nobel de la Paz Andréi Sajarov pasó siete años bajo prisión domiciliaria. La ciudad estaba totalmente cerrada a los extranjeros y aquí se impidió a Sajarov dar entrevistas o esparcir ideas antisoviéticas.

Sajarov vivió en un modesto departamento del barrio Gagarina Prospekt, a unos 25 minutos de auto del estadio que alberga los partidos del mundial en la confluencia de los ríos Volga y Oak. El edificio es una estructura de ladrillos colocados desprolijamente que contrasta con el esplendor del estadio blanco y azul-celeste que según la prensa rusa costó el equivalente a unos 283 millones de dólares.

El departamento de Sajarov en la planta baja del edificio es hoy un museo, al que no es fácil llegar, ya que está medio escondido en un barrio típico y no hay carteles con direcciones. Apenas un pequeño anuncio en la puerta de entrada avisa que es el edificio donde se alojó el científico. Hay que subir unos pocos escalones que están que se vienen abajo.

Sorprende que el apartamento esté casi igual que cuando era vigilado por una treintena de agentes de la KGB que se aseguraban de que Sajarov, el inventor de la bomba de hidrógeno soviética, no tuviera demasiado contacto con otros disidentes.

El objeto más llamativo es un teléfono blanco, de discado, que recibió una sola llamada: Fue instalado específicamente para que el líder soviético Mijáil Gorbachov le informase a Sajarov que su exilio interno había concluido y que podía regresar a Moscú, donde falleció cuatro años después, en 1989. Está asimismo el escritorio del científico, con una pata floja que arregló el propio Sajarov con varas retorcidas.

Una guía explica que Sajarov quedó asombrado por el impacto de los ensayos de la bomba de hidrógeno en 1955. Era el científico soviético más prominente de su época, pero se arrepintió de su propia creación termonuclear y empezó a trabajar a favor de la paz y los derechos humanos.

Esas actividades hicieron que fuese enviado a una especie de exilio interno en Gorky, el nombre que los soviéticos dieron a la ciudad en homenaje a Maxim Gorky, uno de los grandes escritores rusos nacido en Nizhny Nóvgrodov. La casa de su familia es también un museo. Hay asimismo un museo de literatura dedicado a él.

Kashnikova, la mesera, se sonrojó al admitir que ella, como la mayoría de los jóvenes nacidos después de la disolución de la Unión Soviética el 26 de diciembre de 1991, sabía poco o nada acerca de Sajarov. Tomó su teléfono para averiguar quién había sido. El nombre le sonaba, pero no recordaba nada acerca de él.

"Me cuesta imaginar esa época", dijo Anastasia Shutova, estudiante universitaria que trabaja como voluntaria en un hotel de Nizhny, ofreciendo información y mapas a los turistas.

Comparado con San Petersburgo y Moscú, Nizhny recibe muy pocos turistas en épocas normales. Es conocida como una ciudad industrial y centro de investigaciones científicas, que produjo gran cantidad de equipo militar durante la Segunda Guerra Mundial. Fue uno de los principales blancos de la Luftwaffe de Hitler.

La Copa Mundial, no obstante, ha traído una avalancha de turistas a esta urbe provincial.

Nizhny Nóvgorod tiene su propio Kremlin, que se conecta con la Plaza Gorky, donde hay una enorme estatua del escritor, a través de Bolshaya Pokrovskaya, calle por la que los días de partidos desfilan multitudes de personas con los rostros pintados, banderas y cánticos.

"Aquí nunca se ve tanta gente de otros países", dijo Shutova. "Es interesante ver cómo la gente hace preguntas y poder darse cuenta de cómo nos ven".

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