Bakú, la joya del Mar Caspio

Cuando me dijeron que tenía la posibilidad de viajar a Azerbaiyán, lo primero que hice fue tratar de aprender cómo se escribía y pronunciaba correctamente el nombre del país. Mis referencias eran remotas. Sabía que había formado parte de la Unión Soviética. Que se encontraba al otro lado del mundo y que tenían muchísimo petróleo.

Así que como buen turista subí al avión con destino a Bakú, la capital de Azerbaiyán, ubicada en la orilla del Mar Caspio. Aunque vi algunas fotografías, nunca imaginé el aspecto de la ciudad.

Desde que llegué al aeropuerto me sorprendió la terminal aérea. Cómo había sido invitado a asistir a foro humanitario, los organizadores habían arreglado para que hubiera un transporte esperando para llevarme al hotel.

El recorrido hacia la ciudad me fue dejando realmente asombrado. Calles muy anchas, arboles, jardines, y una mezcla arquitectónica en la que convivían en un equilibrio armónico los diferentes momentos históricos de la ciudad. Por un lado los sobrios edificios de la época soviética, y por otro las hermosas construcciones del siglo XIX.

Pero Bakú no es una ciudad suspendida en el pasado. Por el contrario,  gracias a la bonanza petrolera, hay una enorme transformación urbana en la que destacan edificios como salidos de un sueño, como el centro de convenciones ‘Heydar Aliyev’, o el Bakú Flame Tower Hotel, que ofrecen un panorama del desarrollo económico que está viviendo esta nación de casi 10 millones de habitantes y 86,600 kilómetros cuadrados de extensión.

Como buen periodista y por mi origen mexicano, me sorprendía fuertemente el hecho de que por todos lados se veía orden, limpieza, construcción. Llegué a pensar que nuestros anfitriones habían decidido llevarnos a los sitios mejor conservados de la ciudad para que nos lleváramos una buena impresión.

Una tarde, mientras en el majestuoso centro de convenciones se estaba llevando a cabo una de las conferencias sobre derechos humanos a la que me habían invitado, decidí recorrer por mi cuenta la ciudad y “encontrar” lo que no había podido ver, es decir, la gente común y corriente viviendo en sus barrios, yendo al mercado, recogiendo a sus hijos de la escuela, o simplemente divirtiéndose.

Entonces caminé cuadras y más cuadras. Recorrí mercados, zonas de departamentos, vi que efectivamente, había muchos autos Mercedes Benz, BMW, Audi, y de otros modelos americanos y japoneses, pero también vi los famosos Lada, de fabricación rusa, y vi a los jóvenes saliendo de la escuela y abordando el metro.

Entonces tuve una idea más completa. Me di cuenta que no me estaban dando un “recorrido por las zonas bonitas”, sino que la ciudad entera se encontraba en una enorme transformación que la está convirtiendo en una urbe sofisticada y moderna.

Pero en medio de ese esplendor, la ciudad, que tiene un alma y espíritu europeo, tiene plazas hermosas donde la gente tiene la oportunidad de comer, o de tomar café o probar alguno de los tradicionales bocados que se venden en las calles.

A orillas del Mar Caspio, hay un malecón donde hay esculturas, jardines y restaurantes de todo tipo. Sólo es necesario caminar por la ciudad para sentir las grandes influencias culturales en la región. En esta parte del mundo desde hace más de 2000 años ha sido punto de encuentro de civilizaciones.

Por aquí han pasado chinos, otomanos, griegos, persas, rusos y judíos, por nombrar solo unos cuantos.

Pero también en esta ciudad y en este país, conviven de una manera increíble judíos, musulmanes, ortodoxos, cristianos. “Y no es un asunto de ‘tolerancia’, sino de respeto”, dice Nasimi Aghayev, cónsul general de Azerbaiyán en Los Ángeles. “Se tolera lo que molesta. En nuestro caso es respeto a las creencias y las tradiciones de los demás. Eso nos ha permitido vivir en paz”.

Bakú tiene un aire sofisticado y nostálgico que me dejó un agradable sabor de boca. Es un lugar que sin duda, vale la pena descubrir con calma, es sin duda, la joya del mar Caspio

No se lo pierda

El centro de Bakú es la ciudad vieja, una antigua fortaleza que se encuentra casi intacta. Aún se conservan muchas de las murallas y torres, que fueron fortificadas después de la conquista rusa en 1806.

Esta parte de la ciudad es muy pintoresca, y en el laberinto de calles estrechas y empedradas hay decenas de tiendas de artesanías, donde se pueden adquiriré hermosas piezas de madera, lana, tapetes, vasijas y todo lo que se le pueda ocurrir.

Entre las edificaciones más destacadas están el Palacio de los Sirvansás o Şirvanşahlar Sarayı; la Torre de la Doncella o Gız Galası; los baños persas y la mezquita del Viernes.

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