Aficionados a los spas flotantes elogian su efecto relajante

Se practica en tanques con una mezcla de agua templada y sales Epsom, lo que permite una flotabilidad total

Asimilar el concepto de terapia de flotación llevó un tiempo, admitió Allen Hughes.

El consultor de administración, que se describió como una persona "tensa" que siempre busca formas nuevas de liberar estrés, dijo que no creía que flotar en el agua fuera a relajarle mucho.

"Es algo que hace la gente loca", recuerda haber pensado.

Pero tras intentarlo por primera vez en marzo, Hughes se ha convertido en un habitual del East Coast Float Spa, en West Chester, un suburbio de Filadelfia, en Pennsylvania. Allí, inmerso en la oscuridad y el silencio, flota sin esfuerzo en una alberca privada y poco profunda de agua salada y simplemente se deja llevar.

La afición por flotar disfruta de un resurgimiento tras casi desaparecer durante décadas. Su popularidad actual se debe en parte a entusiastas conocidos como el cómico y comentarista de UFC Joe Rogan y algunos deportistas profesionales, que recomiendan la práctica como una forma de despejar la mente, aliviar los dolores musculares y desconectar temporalmente del mundo.

"Estamos en un punto de inflexión", dijo Tom Bazis, propietario de Float en Marlton, Nueva Jersey. "Vamos a ver una avalancha, creo, en términos de concienciación y apertura y aceptación".

La flotación se practica en tanques o cápsulas para una sola persona, llenas con una mezcla de agua templada y sales Epsom, lo que permite una flotabilidad total. Deslícese en el tanque, cierre la tapa, túmbese y deje que su cuerpo y su mente descansen.

Como los espacios pequeños y oscuros no son para todo el mundo, algunos centros ofrecen salas de flotación con una alberca con forma de bañera, y algunas cápsulas más nuevas incluyen luces de colores y reproductores de música. Las sesiones suelen durar una hora o 90 minutos y costar entre 50 y 80 dólares.

Los tanques de privación sensorial o asilamiento disfrutaron de una cierta popularidad tras la publicación en 1977 de "The Deep Self", un libro sobre la flotación de John C. Lilly. Pero la práctica perdió seguidores a finales de la década de 1980.

Ahora, la Asociación de Tanques de Flotación estimó que en Estados Unidos hay más de 200 centros de flotación. Hay docenas más en construcción, según un sondeo informal realizado el año pasado por Float Tank Solutions, una empresa de Oregón que ayuda a la gente a abrir instalaciones de esta clase.

La nueva popularidad se ha visto impulsada por medios sociales, lujosas instalaciones de balnearios y una mejora en la estética del equipamiento. Peter Suedfeld, profesor retirado de psicología de la Universidad de la Columbia Británica, describió los primeros tanques como ataúdes de metal, mientras que algunos de los modernos se parecen más a cápsulas espaciales.

Los estudios de Suedfeld, que se centraron en cómo reacciona la gente a entornos con restricciones, hallaron que la flotación baja la tensión sanguínea, suaviza problemas relacionados con el estrés y puede mejorar el rendimiento atlético y la creatividad, al menos de forma temporal.

Sin embargo, la terapia con agua de cualquier clase puede ayudar con la rehabilitación física por sus propiedades relajantes y de flotación, señaló Mitchell K. Freedman, especialista en osteopatía del Instituto Rothman en Filadelfia.

Hughes, de Yeadon, Pennsylvania, describe la experiencia como "completamente refrescante".

"Yo era escéptico, ahora soy un creyente", dijo Hughes. "Cuando salgo de aquí, durante un par de días, una calma completa se apodera de mí".

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