3,2 millones de años después, una autopsia reveló que Lucy posiblemente murió al caer de un árbol

3,2 millones de años después, una autopsia reveló que Lucy posiblemente murió al caer de un árbol

Era el caso abierto más importante de la ciencia, y quizás ahora haya una pista para su resolución.

Cuarenta años después de que los investigadores descubrieran a Lucy, un temprano antepasado humano que vivió hace 3.2 millones de años, los científicos creen ahora comprender cómo murió.

Después de examinar la tomografía computarizada de alta resolución de los huesos rotos en el hombro derecho de Lucy, así como los daños a otras partes de su esqueleto, los investigadores de la Universidad de Texas, en Austin, sostienen que la vida de la pequeña homínida terminó poco después de una catastrófica caída desde una gran altura -probablemente desde un árbol-.

“Lo que vemos es un patrón de fracturas que están bien documentadas en los casos de personas que han sufrido fuertes caídas”, señaló John Kappelman, profesor de antropología y ciencias geológicas de la Universidad de Texas. “Esto no ocurre si uno simplemente se cae”.

En un artículo publicado en Nature, Kappelman y sus colegas sugieren que Lucy podría haber caído de un árbol, aterrizado sobre sus pies y luego caído nuevamente hacia adelante, en un intento desesperado por amortiguar el golpe.

La fuerza del impacto de sus manos sobre el suelo puede haber sido responsable de la fractura debilitante por compresión en su hombro, señalaron los autores. Pero la caída también causó la rotura de varios huesos en su cuerpo y probablemente también generó daños graves en sus órganos. La muerte habría sido en cuestión de minutos. Si la hipótesis es correcta, Lucy probablemente permaneció consciente en los instantes previos a su deceso. “Ella hizo exactamente lo que nosotros haríamos”, aclaró el especialista. “Intentó salvar su vida”.

Lucy fue descubierta en 1974 por el paleoantropólogo Donald Johanson, en el área de Hadar, centro de Etiopía. Johanson y sus colegas bautizaron el fósil en honor al tema de los Beatles “Lucy in the Sky with Diamonds” (Lucy en el cielo con diamantes) porque la canción sonó una y otra vez en su campamento en la noche del hallazgo.

Parte de lo que convirtió este descubrimiento en un hecho tan importante fue su mezcla inusual de características físicas. Lucy tenía piernas relativamente cortas y largos brazos, como un chimpancé, pero su pelvis ancha era un indicador de que caminaba erguida. Esta combinación de rasgos sugirió que su especie, Australopithecus afarensis, puede haber sido un vínculo entre los humanos modernos y nuestros antepasados arborícolas.

Lucy era mucho más pequeña que los humanos modernos. A pesar de que, probablemente, era una adulta plena en el momento de su muerte, sólo medía 3 pies y 6 pulgadas de alto, y pesaba alrededor de 60 libras, el tamaño cercano al de un niño de primer grado.

Sus restos fósiles han sido estudiados por docenas de científicos, pero éste es el primer estudio que arroja una hipótesis de cómo llegó al final de su vida. Kappelman señaló que eso se debe, en mayor parte, a que los huesos antiguos no revelan cómo murió un ser. “Más allá de lo que uno ve en programas como ‘CSI’, los esqueletos rara vez conservan evidencias de la muerte”, informó. “Si no hubiéramos visto esos brazos hacia afuera, el argumento que hicimos no sería tan poderoso”.

La investigación de Kappelman acerca de la muerte de Lucy comenzó en 2008, cuando el gobierno etíope le concedió 10 días para escanear las partes conservadas de su esqueleto en el laboratorio de tomografías de alta resolución de la Universidad de Texas. Los intentos anteriores de examinar el interior de los huesos de Lucy, a finales de la década de 1970, habían fracasado porque los escáneres del momento no eran tan poderosos.

“Lucy es un fósil completamente mineralizado, por lo tanto es casi una roca, y el problema con los escáneres de baja energía es que no pueden ver a través de la roca”, detalló Kappelman. “Hasta 2008, no teníamos ningún dato en absoluto de la estructura interna de sus huesos. Era era radiográficamente opaca”. Fue mientras escaneaba su húmero derecho, el hueso del brazo, que el profesor comprendió que las fracturas cerca del hombro eran diferentes a todo lo que había visto en otros fósiles.

Los fósiles antiguos a menudo se rompen debido a las fuerzas geológicas. Por ejemplo, las roturas pueden ser ocasionadas por la tremenda presión de la roca que se acumula sobre ellos con el paso del tiempo. También pueden fracturarse con los cambios en la corteza terrestre.

Pero Kappelman pensó que las fisuras en los huesos de Lucy podían tener otro origen, quizás debido a una lesión. Para comprobar su corazonada llamó al Dr. Stephen Pearce, un médico conocido y cirujano ortopedista de la clínica Austin Bone and Joint. Pearce aceptó echar un vistazo al hueso húmero de Lucy en su consultorio. “Se veía muy claramente como una fractura proximal, algo que vemos habitualmente como ortopedistas, a menudo a consecuencia de una caída de una escalera o andamio, o por un accidente de auto”, explicó el experto. “No soy antropólogo, pero ciertamente el patrón de la fractura indicaba una caída de un árbol”.

Con el tiempo, Kappelman mostró el hueso húmero a ocho cirujanos ortopedistas diferentes. Todos ellos dijeron que parecía una fractura en cuatro partes, que se produce cuando una persona pone sus brazos para amortiguar un golpe. “Nadie me decía: ‘Podría ser esto u alguna otra razón’”, asegura el profesor. “Ni siquiera había dudas desde la perspectiva de todos ellos”.

Pero, ¿cómo podrían los investigadores saber que el evento que causó las fracturas óseas fue también responsable por su muerte? Kappelman y sus colegas autores argumentan que la caída no podría haber ocurrido mucho antes del fallecimiento porque las fracturas del hueso estaban limpias y no mostraban señal alguna de curación. También sostuvieron que la lesión no podría haber ocurrido mucho tiempo después de la muerte porque diminutas astillas del hueso roto en el impacto permanecían en su posición después de la lesión, en lugar de dispersas. Esto sólo puede ocurrir si el tejido fibroso que forma un tipo de piel que rodea el hueso aún no se ha descompuesto.

“El punto de Kappelman es que estas astillas de hueso sólo pueden ser explicadas si el tejido fibroso estaba allí, sosteniendo todo en su sitio”, afirmó Jack Stern, un emérito anatomista y profesor de la Universidad Stony Brook, en Nueva York, que no participó del trabajo. “Ese argumento me impresionó”.

Adicionalmente, los autores describen una serie de otras fracturas devastadoras en el hombro izquierdo de Lucy, en su tobillo derecho, rodilla izquierda, pelvis y primera costilla, que son compatibles con su hipótesis de la gran caída.

Pero no todo el mundo concuerda con el argumento. Donald Johanson, director del Institute of Human Origins de la Universidad Estatal de Arizona y el hombre que descubrió a Lucy hace más de 40 años, sostuvo que el documento no ofrece pruebas convincentes de cómo ésta murió. “Decenas de miles de fósiles han sido recuperados por muchos paleontólogos, y todos ellos muestran el mismo tipo de fractura de huesos interpretadas por mi equipo y por mí como consecuencias de las fuerzas geológicas”, señaló. “Una vez que estos huesos se entierran en el agua, la piedra arenisca comienza a depositarse sobre ellos y pone una enorme presión. Estas fuerzas causan ese tipo de fracturas”. Según Johanson, probablemente nunca sabremos cómo falleció Lucy.

William Jungers, un antropólogo de Stony Brook quien revisó el documento para Nature, afirmó que también tiene “grandes dudas” sobre la posibilidad de diagnosticar la causa de muerte en un fósil tan antiguo como Lucy. Sin embargo, el argumento de Kappelman lo convenció. “Prácticamente todas las reservas que tuve fueron anticipadas o dirigidas de forma directa al proceso de revisión”, señaló. “El análisis detallado y completo del patrón de su fractura, en comparación con la extensa literatura clínica humana acerca de traumatismos óseos resultantes de un ‘hecho de desaceleración rápida vertical’ fue especialmente poderoso para mí”.

Aunque los “paleoforenses” no permiten experimentos de réplicas, John Fleagle, un biólogo evolutivo de Stony Brook que tampoco participó del informe, sostuvo que podría haber formas de probar la hipótesis de Kappelman. “Si los huesos de los antílopes, jabalíes y lobos muestran una rotura ósea similar, probablemente no se trataría de una caída desde gran altura”, afirmó. “Estoy ansioso por ver un estudio de estas características”.

Por su parte, Kappelman adelantó que está trabajando en ello. “Mi coautor, el Dr. Todd, y yo estamos trabajando en fósiles de Trinil, en Java, el sitio donde el Homo erectus fue descubierto por primera vez en la década de 1980. Hay muchos miles de mamíferos fósiles en ese lugar”, afirmó. “Información anticipada: ni uno sólo de esos miles de fósiles muestra una fractura similar a las preservadas en el esqueleto de Lucy”.

Mientras tanto, la gente con acceso a una impresora 3D puede evaluar los resultados presentados en el trabajo por sí misma. El Museo Nacional de Etiopía ha puesto en línea una serie de archivos en 3D del hombro y la rodilla de Lucy, que pueden verse en eLucy.org y permiten que los usuarios repliquen los huesos en la comodidad de sus hogares o aulas escolares.

Kappelman afirmó que espera recibir opiniones varias acerca de sus conclusiones. “Lo que hemos presentado es una hipótesis científica, pero eso no significa que estemos en lo cierto”, dijo. “Este es el fósil más famoso del mundo; tengo curiosidad por escuchar lo que otras personas dicen al respecto”.

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Traducción: Valeria Agis

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