Un nuevo estudio determinó que las pruebas de detección de cáncer de próstata sí ayudan a salvar vidas

Un nuevo estudio determinó que las pruebas de detección de cáncer de próstata sí ayudan a salvar vidas

Después de años de crecientes dudas sobre el valor de la detección en hombres del cáncer de próstata, un nuevo análisis de la evidencia de ensayos clínicos existentes halló que cuando los varones entre 55 y 70 años se efectúan la prueba de antígeno prostático específico (PSA, por sus siglas en inglés), el resultado es igual a salvar vidas.

En 2009, un editorialista del New England Journal of Medicine denominó el debate sobre la prueba de PSA para el cáncer de próstata "la controversia que se niega a morir". Ese comentario se unió a la publicación de dos ensayos clínicos -uno realizado en los Estados Unidos, el segundo en Europa- que sacaron conclusiones contradictorias sobre dichos exámenes.

El proyecto estadounidense, llamado Prueba de Próstata, Pulmón, Colorrectal y Prueba de Cáncer de Ovario (PLCO, por sus siglas en inglés), encontró que el cribado de hombres para el cáncer de próstata no salvaba vidas. El Estudio Europeo Aleatorio de Detección de Cáncer de Próstata, en cambio, sugirió que los exámenes generalizados habían reducido la tasa de muertes por dicha condición en un 20%.

En 2012, un panel de expertos en atención preventiva financiado a nivel federal concluyó que había más riesgos que beneficios en la detección del cáncer de próstata con la prueba de PSA. En abril de 2017, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos arrojó la decisión directamente a los pacientes y sus médicos. Algunos varones entre 55 y 69 años de edad bien podrían decidir testear su PSA, estimó el grupo de trabajo. Sin embargo, después todos los pros y los contras, otros en ese mismo grupo etario podrían omitir la prueba de detección, el panel concluyó.

La nueva investigación, publicada este lunes en Annals of Internal Medicine, ahora cuestiona esas recomendaciones. Los autores del estudio, liderados por la experta en bioestadística Ruth Etzioni, del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, en Seattle, concluyeron que la detección en hombres mayores de 55 años "puede reducir significativamente el riesgo de muerte por cáncer de próstata".

Cuando los varones que se ajustan a los criterios para el cribado se efectúan el análisis de PSA, la reducción de los fallecimientos por cáncer de próstata es de entre el 25% y el 32%, según la nueva investigación.

Pero el análisis recientemente publicado también subraya que el valor de la detección del cáncer de próstata depende en gran medida de los hombres a quienes se examina, dónde y durante cuánto tiempo se lleva a cabo el ensayo clínico y cómo se calculan los números.

Finalmente, expresó el Dr. Sam Chang, cirujano urológico de la Universidad de Vanderbilt, el nuevo análisis "refuerza aquello que los cirujanos urológicos y los médicos han pensado todo el tiempo: que el cribado de PSA es útil".

Sin embargo, advirtió Chang, lo es sólo cuando se centra en los varones adecuados -entre los 55 y los 70 años de edad- y cuando se lo efectúa con el entendimiento de que no todos los hallazgos preocupantes son evidencia de una enfermedad que debe ser tratada agresivamente.

A veces, expuso el médico, quien no tuvo participación en el reciente artículo, un varón puede obtener un resultado de PSA problemático y decidir no actuar de inmediato o agresivamente. De todas formas, saber que hay una decisión por tomar es probablemente una mejor base para planificar, que no tener este conocimiento, agregó. "En los últimos cinco a 10 años ha habido una mejor comprensión por parte de todos sobre los daños del exceso de tratamiento. Hay que evitar el sobrediagnóstico y el exceso de tratamiento”.

Chang subrayó que para dos grupos en particular -los hombres afroamericanos y aquellos con un pariente de primer grado que falleció de cáncer de próstata- es especialmente importante el examen, porque los riesgos de enfermedades agresivas en esas poblaciones son mucho más altos que para otros. Ningún grupo fue objeto de especial atención en el análisis dado a conocer recientemente.

En un editorial publicado junto con el nuevo informe, Andrew Vickers, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, también dejó en claro que es aquello que los pacientes y sus médicos hacen después de la prueba de PSA lo que más importa. “Desafortunadamente, la manera en que la investigación ha sido implementada en los Estados Unidos deja mucho que desear", escribió. "La controversia sobre la detección basada en el PSA ya no debería ser si puede hacer el bien, sino si podemos cambiar nuestro comportamiento para que haga más bien que daño", agregó.

El cáncer de próstata es el más común -a excepción del cáncer de piel- entre los hombres, que afecta a 101.6 de cada 100,000 varones estadounidenses, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). En 2013, el último año para el cual se dispone de cifras, 176,000 recibieron un diagnóstico de cáncer de próstata y 28,000 murieron de la enfermedad.

Pero un cambio en la lectura de un hombre en la prueba de PSA es una medida muy imperfecta de problemas: se cree que aproximadamente el 80% de los resultados positivos de ella son falsos positivos, que crean temor e que instan a los hombres a efectuarse biopsias. El tratamiento, que conlleva un alto riesgo de dificultades posteriores con la función sexual, la micción y los movimientos intestinales, es a menudo innecesario porque los cánceres de próstata son mayormente de tan lento crecimiento que nunca generarán malestar en un varón.

Como resultado de este creciente escepticismo acerca de a quién testear por cáncer de próstata y cómo tratarlo, cada vez más hombres omiten la prueba de PSA. Entre quienes la efectúan y obtienen un resultado preocupante, cada vez menos optan por tratarlo.

A principios de este año, un ensayo clínico de larga duración no encontró pruebas de que los pacientes que recibieron un diagnóstico precoz de cáncer de próstata y eligieron "vigilancia activa" (a veces llamada ‘espera vigilante’) no tuvieran más probabilidades de morir de la enfermedad que quienes habían recibido el mismo diagnóstico y la habían tratado agresivamente.

Traducción: Valeria Agis

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