Washington llora a los caídos el 11-S y honra a quienes acudieron al rescate

EFE

Washington rindió homenaje a quienes, hace hoy 17 años, arriesgaron sus vidas para salvar las de aquellas personas que en ese momento se encontraban en el interior de un Pentágono en llamas, tras haberse convertido en uno de los blancos de los históricos atentados del 11 de septiembre.

"Vi heroísmo, vi fuerza. Había bomberos, enfermeras, miembros de nuestras Fuerzas Armadas y de Seguridad, había voluntarios y personal del Pentágono, todos trabajando juntos con la esperanza de que aún quedara uno más que rescatar", señaló hoy el vicepresidente, Mike Pence.

Pence lideró este martes una comitiva de alto nivel, de la que formaban parte el secretario de Defensa, James Mattis, y el príncipe Eduardo de Inglaterra, que se citó a primera hora del día en el Pentágono para dar comienzo a los distintos homenajes rendidos por todo el país a las 2.977 víctimas mortales del ataque.

Pence tuvo palabras de reconocimiento para las víctimas que dejó el ataque en las Torres Gemelas de Nueva York y en el Pentágono en Washington, así como para los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines que se rebelaron y acabaron estrellando el aparato en una pradera de Pensilvania.

"Los terroristas que llevaron a cabo estos atentados buscaban no solo quitarle la vida a nuestra gente y derrumbar nuestros edificios. Buscaban quebrar nuestros espíritu, pero fracasaron", sostuvo el vicepresidente, que resaltó la reacción de quienes en apenas "30 minutos" habían rescatado a "casi todos" los supervivientes.

Danny Farrar, quien por aquel entonces formaba parte de la Guardia de Honor del Pentágono, confirmó a Efe que esos primeros minutos fueron críticos en la búsqueda de supervivientes.

Su compañía, cuya principal misión es ceremonial, pero que también está llamada a actuar en labores de seguridad y de primeros auxilios, acudió a la fachada oriental del Departamento de Defensa un par de horas después de que el vuelo 77 de American Airlines se estrellara contra ella.

"Alguien salió del edificio y nos dijo, necesitamos que empecéis a localizar restos. Hasta ese momento aún pensábamos que íbamos a buscar supervivientes", explicó Farrar, quien hoy fue una de las aproximadamente 300 personas que, haciendo caso omiso del desapacible clima, asistieron a la ceremonia.

Según narró el militar, "lo más loco" ese día era la gran confusión reinante, que incluso afectó a "la cadena de mando".

"La gente nos decía que había coches bomba frente al edificio, que otros aviones se dirigían al Pentágono", rememoró Farrar, quien no obstante acabó entrando junto con sus compañeros en una estructura que amenazaba con el derrumbe.

Uno de estos compañeros, Andrew Johnson, relató a Efe cómo en el momento de acceder al Pentágono "muchas de las zonas eran inestables", aunque el fuego ya comenzaba a estar bajo control, a pesar de la presencia de combustible procedente del avión.

"Al principio no sabíamos muy bien qué estábamos haciendo o dónde nos estábamos metiendo... La cosa estaba aún caliente, pero en esa situación haces lo que tienes que hacer, haces todo lo que puedes", consideró Johnson.

Solo en la sede del Departamento de Defensa perdieron la vida 184 personas, pero fueron muchas más las que resultaron heridas o quedaron marcadas para el resto de sus vidas.

Por eso, Mattis hoy hizo un llamamiento a los presentes a recordar y honrar a los caídos viviendo de la manera en que ellos hubieran querido, puesto que al hacerlo, dijo, "estaremos manteniendo nuestra promesa hecha a ellos, a nosotros mismos y a las futuras generaciones".

"Aunque el mal nos visitó en una mañana clara de martes, el valor y la fuerza respondieron entre el fuego y el humo en la ciudad de Nueva York, en una pradera de Pensilvania y en este mismo edificio, cuando personas inocentes de 91 países fueron asesinados en nuestro territorio", sentenció Mattis.

Copyright © 2018, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group
67°