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Las fuerzas armadas mexicanas reciben respaldo de la ciudadanía

"Cuando muere cualquier persona se guarda un minuto de silencio, pero cuando muere un soldado nadie protesta"

Precedidas de la banda de una escuela militarizada que marcó el paso y envueltas en un ambiente entre patriótico y religioso, miles de personas marcharon en Ciudad de México para expresar apoyo a un sector de la sociedad que a menudo desempeña el involuntario papel de villano: las fuerzas armadas.

Poco antes de comenzar la marcha, el domingo, José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, una de las organizaciones civiles que convocaron a la movilización, declaró que el objetivo de la misma era mostrar “solidaridad con las familias de militares que dieron su vida por la paz en México”.

“Para acompañar esposas, padres, hijos, hermanos de los que perdieron la vida por México. A ellos, gloria; a ellos, honor. Sus muertos son nuestros muertos, sus heridos son nuestros heridos. Y hoy llamamos a todos los mexicanos a construir la paz. No queremos guerra, no queremos violencia, queremos paz”, abundó.

A su vez, Isabel Miranda, fundadora de Alto al Secuestro, otra de las agrupaciones organizadoras, reconoció que “existe una gran duda respecto al actuar de muchas instituciones, pero lo que los mexicanos debemos tener claro es que tenemos que fortalecerlas”.

“No podemos mandarlas al demonio, no podemos deshacernos de ellas. Tenemos que señalar lo que está mal, pero eso no quiere decir que tengamos que desaparecerlas. Lo que tenemos que hacer es un llamado para que cumplan la ley”, dijo a la prensa.

La marcha se inició a las 10.40 hora local (15.40 GMT) en el monumento conocido como Ángel de la Independencia, símbolo de la capital mexicana, encabezada por 25 miembros de la banda del Colegio Militarizado Moderno Alarid, una institución educativa privada.

En seguida se sumaron seis jinetes vestidos al estilo revolucionario, montados en sus magníficos percherones.

“Cuando muere cualquier persona se guarda un minuto de silencio, pero cuando muere un soldado nadie protesta, ni llora, ni lo siente. Yo en lo personal lo siento y por eso vine, a reclamar paz y también a llorar por los soldados muertos”, dijo Eloy Salazar, uno de los jinetes, miembro de la Agrupación de Charros de La Villa.

Inmediatamente detrás venía el grueso de los manifestantes, con Ortega y Miranda al frente portando un letrero con el lema “Por la paz en Jalisco y en todo México”, alusivo al estado del que proviene desde hace varias semanas buena parte de las noticias sobre la violencia del crimen organizado.

Muchos de los cerca de 2.000 manifestantes portaban pancartas en las que expresaban apoyo a los militares, cuyo papel en la lucha contra la delincuencia los ha puesto en ocasiones en el banquillo de los acusados, particularmente a raíz de los incidentes del 30 de junio de 2014.

En aquella ocasión, 22 civiles murieron a manos de soldados en el municipio de Tlatlaya, central Estado de México, en lo que las autoridades castrenses afirman que fue un enfrentamiento con criminales y testigos aseguran que se trató de una masacre.

Asimismo, los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre del año pasado en Iguala, estado sureño de Guerrero, exigen que se investigue el supuesto papel del Ejército en los hechos, atribuidos por el Gobierno a funcionarios y policías corruptos y miembros del crimen organizado.

“Ellos levantan la mano por nuestro país, nosotros levantamos la voz por ellos”, “Y los derechos humanos de los soldados, ¿qué?” y “Gracias a nuestros héroes anónimos que ofrecen su vida sin nada a cambio”, eran algunos lemas que se leían en los letreros de los manifestantes.

Aunque el nombre de la movilización fue “Marcha silenciosa por la paz en México”, el sonido de las trompetas y los tambores de la banda escolar que acompañó en todo momento a los manifestantes reverberaba en los edificios situados a los lados del emblemático Paseo de la Reforma, por donde transcurrió la caminata.

De cuando en cuando se escuchaban también oraciones de algunos miembros del contingente, en que participaron miembros de diversas organizaciones religiosas, así como el ulular de una caracola usada como trompeta a manera de “convocatoria a la comunidad” por un individuo en túnica blanca quien dijo asistir por parte de la Arquidiócesis de México.

La marcha concluyó a las 12.30 hora local (17.30 GMT) con la entonación del himno nacional, el canto de vivas a México, al Ejército y a la Virgen de Guadalupe, y la colocación de una ofrenda floral al pie del asta de 100 metros de una bandera monumental en el Campo Marte, una instalación militar utilizada para deportes ecuestres y eventos castrenses y gubernamentales.

La ofrenda fue para los nueve militares que fallecieron el pasado 1 de mayo en el estado de Jalisco, cuando su helicóptero fue derribado por un cohete lanzado por miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

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