La carrera de obstáculos de los centroamericanos para obtener refugio en México

La carrera de obstáculos de los centroamericanos para obtener refugio en México

El asesinato de un pandillero siempre es vengado y Oneylda huyó con su bebé de Honduras maldiciendo la hora en que su sobrino cometió el crimen y acudió asustado a su casa. Sintiéndose perseguida, llegó a México en enero y empezó su proceso de solicitud de refugio.

La violencia de las maras en los países del Triángulo Norte de Centroamérica es la principal causa de que más de 200,000 centroamericanos migren cada año buscando, generalmente, una mejor vida en Estados Unidos, pero también que las solicitudes de refugio en México casi se duplicaran en 2014.

En 2013, 1,296 personas solicitaron refugio, en 2014 lo hicieron 2,137 (82.7% de Honduras, El Salvador y Guatemala) en una tendencia que se mantiene en los dos primeros meses de 2015, según datos de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR) entregados a la AFP tras una solicitud al instituto de transparencia.

Las solicitudes de menores también crecieron en estos dos años, pasando a representar de un 22.6% a un 28.4% del total.

Sin embargo, alrededor deL 40% de todos los procesos de solicitud fueron desistidos o abandonados y, de las solicitudes completadas, México sólo concedió refugio al 35.8% y 32.9% en 2013 y 2014, respectivamente.

Oneylda no tuvo esa suerte.

Tras una angustiosa espera de cuatro meses junto a decenas de otros solicitantes en el albergue de migrantes “La 72″ de Tenosique, Tabasco, las autoridades mexicanas le negaron el refugio por razones que desconoce.

Ahora, esta hondureña de 35 años que huyó despavorida a pocos días del asesinato cometido por su sobrino, estudia qué hacer con su hijo de 3 años recién cumplidos y con el otro que espera desde febrero.

“Pienso que (las autoridades mexicanas) no tienen ese corazón para ver el problema de los demás, no toman consciencia de lo que uno vive”, expresa consternada esta mujer, que mantiene reposo absoluto en “La 72″ porque los médicos le advirtieron que su embarazo es de alto riesgo.

Falta de información y miedo

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) estima que unos 3.000 centroamericanos están refugiados en México, la mayoría víctimas de la violencia, persecución y reclutamiento de las pandillas, pero también por violencia de género.

El oficial de protección de ACNUR en México, Jose Sieber, cree que esa incesante violencia es la que hizo aumentar las solicitudes de refugio el año pasado.

Aunque la situación, según cifras de la institución, se disparó especialmente a partir de octubre pasado, poco después de la implementación del Plan Frontera Sur, que ha casi duplicado las detenciones de migrantes en México y ha dificultado su llegada a Estados Unidos.

Muchos centroamericanos, sin embargo, no hacen la solicitud “por falta de información o porque no han tenido acceso” a las instituciones pertinentes en México pese a que reunirían los requisitos para ser evaluados como refugiados, estima Sieber.

Juan, un hondureño de 21 años que llevaba años mudándose de ciudad a ciudad en su país por los asesinatos y persecución de la M18 contra su familia, inició sus trámites con el apoyo del albergue de Palenque (Chiapas, sureste), aunque “ni sabía” que existía esa posibilidad y su idea inicial era ir a Estados Unidos.

“Tanto en los actores del gobierno como en las organizaciones civiles predomina una narrativa migratoria, cuando en realidad es necesario fortalecer el hecho de que muchos centroamericanos son, en realidad, refugiados”, afirma el oficial del ACNUR.

Otro de los problemas con los que se encuentran los centroamericanos es que muchas veces les da miedo solicitar el refugio en las oficinas del Instituto Nacional de Migración, la institución que se dedica a capturarlos y la primera puerta a la que deben llamar porque la COMAR apenas tiene tres oficinas en el país, una de ellas en la capital.

Además, son deportados muchas veces de forma expedita sin que siempre se les informe en los centros de detención de su derecho de pedir refugio, denuncian varias ONG.

“Estamos trabajando tanto con COMAR como con el INM en la necesidad de que sus funcionarios estén sensibilizados al tema, conozcan la realidad a la que (los centroamericanos) son devueltos a su país y tengan protocolos”, afirma Sieber.

La COMAR no quiso hacer comentarios y, a través de transparencia, aseguró que aplica siempre la ley.

Los que se quedan sin refugio

La economía emergente de México y los mayores controles migratorios que han endurecido el camino a Estados Unidos ha hecho que muchos migrantes, sobre todo hondureños, empiecen a quedarse en México.

Nelson trabaja en Tenosique vigilando el estacionamiento de un supermercado. A Mario, procedente de la ultraviolenta ciudad de San Pedro Sula le espera un amigo en Coatzacoalcos (este) para trabajar en una taquería, y José ya hizo los contactos para irse a trabajar a una maderera en Playa del Carmen (este).

“México ya es una segunda opción. México ya no es simplemente un país de tránsito, sino que es un país de destino para los que, tal vez, no pueden entrar a Estados Unidos”, dice el embajador de Honduras en México, Mariano Castillo, que calcula que unos 14,000 hondureños (20% de los que emigran) se quedan cada año en el país.

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