No hay una niña sepultada en los escombros de la escuela, dice la Armada de México

Escenas de desolación y júbilo se vivieron el jueves en muchos de los sitios donde se derrumbaron edificios por el mortal terremoto que sacudió la capital mexicana y que dejó  al menos 252 personas muertas y provocó heroicos esfuerzos para rescatar a los atrapados en las ruinas.

Pero un drama paralelo se produjo cuando el gobierno anunció que ya no había niños desaparecidos en las ruinas de una escuela colapsada, después de que el país estuviera pendiente a lo largo de 24 horas por los informes que aseguraban que una niña de 12 años de edad se encontraba entre los escombros.

La respuesta al anuncio fue de gran indignación, porque muchos mexicanos aseguraban que era un engaño deliberado.

El jueves por la tarde, la marina mexicana informó que no había señales de que la niña desaparecida estuviera viva entre los escombros de la escuela Enrique Rebsamen, ubicada en el sur de la Ciudad de México, donde murieron al menos 19 niños y seis adultos. Un adulto más podría estar atrapado con vida en los escombros, dijo el subsecretario de la Marina, Ángel Enrique Sarmiento, en una conferencia de prensa.

“Desgraciadamente todos los niños están muertos o ya regresaron a casa", dijo.

La tragedia más grande de México continuó desarrollándose mientras los rescatistas en tres estados, corrían contra el tiempo, claramente conscientes de que las probabilidades de encontrar gente viva debajo de los escombros se iba reduciendo.

Se espera que el recuento total de muertes confirmadas aumente a medida que se recuperen más cadáveres. Los rescatistas de la Ciudad de México usaron perros de búsqueda y llamaron a los teléfonos celulares de los que estaban atrapados para tratar de localizar a alguien que hubiera sobrevivido dos noches bajo los restos de los edificios dañados.

El desgarrador esfuerzo de rescate en la escuela Enrique Rebsamen se convirtió en una sensación de las redes sociales cuando los medios de comunicación comenzaron a informar intensamente sobre la búsqueda de una chica atrapada que se pensaba se llamaba "Frida Sofía".

El jueves por la tarde, las autoridades dijeron que pensaban que al menos un niño o niña estaba vivo en el edificio destruido, pero que no estaban seguros del nombre. Luego, el anuncio de la Marina acabó con cualquier esperanza de que quedara alguien vivo.

Para muchos, el destino de ese menor se convirtió en un símbolo de esperanza ante un desgarrador escenario de pérdidas materiales y humanas. Incluso para aquellos sin víctimas en su círculo de familiares y amigos, la noticia ampliamente compartida de los esfuerzos de rescate en la escuela, provocó un profundo desánimo nacional después de que el terremoto se había llevado todo sentido de seguridad y normalidad.

Fuera de los edificios destruidos por el terremoto, los rescates exitosos alentaron a todos. Los aplausos estallaron durante la noche en un edificio de oficinas en la colonia Condesa, en la Ciudad de México, donde los rescatistas sacaron a tres personas de los escombros. Se cree que aún quedan otras personas  atrapadas, dijeron las autoridades.

En todas partes había muestras de solidaridad. El jueves por la mañana, voluntarios armados con palas se alinearon cerca del sitio de rescate para ayudar a los que habían estado moviendo escombros durante toda la noche. Otros voluntarios entregaron café, sándwiches y chilaquiles  a los rescatistas cubiertos de polvo.

Un flujo continuo de automóviles se detuvo en centros improvisados ​​de donación: ciudadanos comunes y corrientes que dejaban comida, agua, guantes, cascos y mascarillas protectoras.

El presidente Enrique Peña Nieto, quien declaró tres días de duelo nacional, realizó el jueves una visita al hospital donde fueron llevados numerosos heridos por el terremoto.

Un equipo de expertos en desastres, incluido un equipo de búsqueda y rescate urbano del Departamento de Bomberos del Condado de Los Ángeles, aterrizó en la ciudad de México para ayudar en los esfuerzos de búsqueda.

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, conocida como USAID, informó de la llegada de su Equipo de Respuesta de Asistencia para Desastres, junto con más de 60 bomberos y cinco perros altamente entrenados.

El equipo de USAID, solicitado por el gobierno mexicano, realizará evaluaciones de daños, buscará víctimas y coordinará con las autoridades locales y grupos civiles para traer ayuda a los más afectados.

Al amanecer, los esfuerzos de rescate avanzaron en los barrios ricos y pobres. Horas antes, en el afluente distrito de La Condesa, apenas se podía oír la voz de una mujer bajo un montón de escombros que había sido su apartamento en un segundo piso. Los rescatistas pensaron que podría haber hasta cuatro personas bajo las ruinas colapsadas.

 

Los bomberos, los soldados y los voluntarios se colocaron encima de los restos y cavaron entre las pertenencias de la gente: libros, mantas, ropa y tabla de planchar.

Los rescatistas exigieron silencio. Uno de ellos clavó la cabeza en el vacío, pidiendo que alguien respondiera si le era posible. Pero todavía estaban demasiado lejos. Generadores y vehículos fueron apagados. El leve murmullo disminuyó. "Necesitamos un silencio absoluto", dijo el trabajador. "Por favor". A unos pocos metros de distancia, una voz sonó como un susurro. Los rescatistas esperaron.

La mujer atrapada les llamó de nuevo. La gente se detuvo, cautivada. Algunos lloraron. Una mujer rompió el silencio y gritó en un megáfono: "Es Lorna. Está en el segundo piso”.

La mujer dijo que la familia de Lorna estaba tratando de llamarla. Segundos después, un teléfono sonó desde el interior de los escombros. Después de que Lorna habló, los trabajadores aceleraron su paso, pasando cubos de materiales entre las líneas de manos voluntarias.

 Una tormenta empezó a caer sobre  la ciudad alrededor de las 7:30 p.m.

A las 5 de la mañana, los rescatistas recuperaron otro cuerpo del edificio: el de Gabriela Jaén Pimienta, de 44 años – quien fue encontrada abrazando a su Chihuahua, también muerto. Vivía en el quinto piso con su marido y su hija, que sobrevivieron al terremoto, dijeron sus parientes.

El jueves, en algunas partes de la ciudad, la vida parecía volver a la normalidad. La gente se paraba delante de sus hogares, barriendo las hojas que habían caído por la lluvia de la noche anterior.

 Los famosos vendedores de tamales de la ciudad de México estaban de vuelta en las calles, vendiendo sus mercancías en la parte trasera de las bicicletas. Pero los barrios más afectados por el terremoto seguían pareciendo zonas de guerra. Grandes camiones del ejército ocupaban una popular avenida. Los soldados vigilaban un parque donde se coordinaban los esfuerzos de rescate. Muchos rescatistas habían trabajado durante la noche. Algunos afortunados habían dormido un poco en las carpas empapadas que se colocaron en el parque.

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