Una generación que crece sin la 'ñ'

Una generación que crece sin la Ñ

Samantha Ruiz estudia en la Escuela Preparatoria Magnet Francisco Bravo de Ciencias Médicas y es la vicepresidenta del Club Chicano. Siente mucho orgullo de sus raíces mexicanas, pero esta alumna de 17 de años no habla español.

“En realidad no lo practico mucho, porque cuando lo hago, las personas se ríen de mi acento”, dice.

El uso del español varía entre los jóvenes latinos en esta escuela preparatoria local, algo muy frecuente en los vecindarios como Boyle Heights, donde el 94 por ciento de la población es hispana y muchos residentes son inmigrantes o hijos de inmigrantes.

Los latinos en Estados Unidos están perdiendo su español a un ritmo más acelerado que nunca, señala Magaly Lavadenz, directora del Centro de Equidad para Estudiantes de Inglés de Loyola University.

Los inmigrantes tienden a perder la capacidad de hablar su idioma materno, si hablar inglés es un factor importante para el éxito en sus trabajos o en la educación, según indican los estudios. Y si su idioma materno se considera de menor prestigio o es menos deseable, los inmigrantes pueden perder el idioma más rápidamente.

Si un inmigrante vive en una comunidad grande de personas que hablan su mismo idioma, como es el caso de Boyle Heights, es más fácil conservar la lengua. Pero la cultura familiar y la actitud que se tenga hacia el idioma también son importantes.

‘no se habla inglés en la mesa’

Ana Ramírez, inmigrante de El Salvador de 45 años y madre de dos hijos, cree que los padres hispanos tienen la obligación de transmitir su idioma materno a las generaciones más jóvenes. Como forma de resguardarlo en su familia, esta residente de Los Ángeles prohibió hablar en inglés durante la cena mientras sus hijos eran pequeños.

“Si deseas lo mejor para tus hijos, debes esforzarte para que aprendan español”, aconseja.

“La regla ‘no se habla inglés en la mesa’ me ayudó a conservar mi español”, dice el hijo de Ramírez, Manuel Arias, de 24 años, que ahora estudia en la universidad.

Algunos padres tienen dificultades para asegurarse de que sus hijos continúen teniendo fluidez en ambos idiomas. Karla González, inmigrante salvadoreña de 27 años, recuerda que durante su infancia su padre había establecido la siguiente regla: “Español en casa, inglés en la escuela”. El padre de González consideraba que el español los mantenía conectados con el resto de la familia en su país de origen.

Cuando González se fue a estudiar a la universidad, se dio cuenta de que era difícil mantener su español. Hoy trabaja como bibliotecóloga en la Biblioteca Benjamin Franklin y ve las diferentes actitudes que manifiestan los padres jóvenes durante el rato de lectura de cuentos.

“Observé a unos padres inmigrantes nuevos que querían que sus hijos hablaran en inglés”, dice; pero la 2da y la 3ra generación de padres latinos están haciendo exactamente lo opuesto. “Recientemente se ha hecho hincapié en incluir al español durante nuestro rato de lectura de cuentos”.

El uso del español está aumentando en Estados Unidos, tanto debido al incremento de los inmigrantes como a la gran cantidad de hablantes no nativos que aprenden el español como segundo idioma. De todas maneras, un análisis realizado en el año 2013 por Mark Hugo López, director de investigación hispana del Pew Research Center, pronosticó que el manejo fluido del español decaería entre los hablantes nativos pasando de aproximamente 75 por ciento en la actualidad al 66 por ciento en el año 2020.

A pesar del aumento en el predominio del inglés, el uso de un poco de español continúa presente incluso en la tercera generación de latinos. Una encuesta realizada por el Centro Pew en el 2012 indicó que una buena parte de los latinos de tercera generación emplean el español en actividades diarias, como escuchar música o mirar televisión.

Según Pew, tanto como el 95 por ciento de los adultos hispanos latinos en EE.UU. creen que es importante que las futuras generaciones de hispanos puedan hablar español.

“Tengo muy ‘pocha’ español”, reconoce Maryann Aguirre, de origen mexicano-estadounidense y de segunda generación, y que como no aprendió español durante la infancia, ahora no puede enseñárselo a su hija de 7 años, Leah Sol.

Aguirre estaba en un restaurante acompañada de su hija, cuando ésta hizo el pedido en español. “Esa fue la primera vez que me di cuenta: ‘Dios mío, está aprendiendo a hablar español”, afirma.

Leah había asistido a un centro de cuidados infantiles en Breed Street, Boyle Heights, donde aprendió y practicó el idioma. La madre dice que su hija “habla mejor el español que yo”.

Aguirre, cuya madre no tenía tiempo para enseñarle el idioma, se siente afortunada de que Leah esté aprendiéndolo en la escuela. “Todo el mundo quiere enseñarle español a sus hijos”, dice Aguirre, “pero realmente es muy difícil”.

El idioma como forma de conexión

Lavadenz, profesora de Loyola Marymount, señala que el español juega un papel fundamental para conectar a los jóvenes con sus abuelos y a las familias con sus tradiciones. Lavadenz asistió a una reunión de Boyle Heights como invitada especial en otoño del año pasado en la que decenas de personas intercambiaron ideas sobre las conexiones entre el lenguaje y la cultura.

Les advirtió que las nuevas generaciones se están volviendo monolingües a un ritmo mucho más acelerado. “Al final del siglo pasado, el idioma se perdía en la tercera generación, es decir, el proceso comenzaba con una familia monlingüe que se convertía en familia bilingüe y luego terminaba nuevamente como familia monolingüe. Ahora el idioma puede perderse en una generación y media, y en algunos casos incluso en menos tiempo”.

Lavadenz le recordó a la audiencia que el español es uno de los tres idiomas principales que se habla en el mundo y que ser blingüe es una ventaja competitiva a la hora de conseguir empleo.

De todas formas, el uso del español entre los estudiantes de la preparatoria Bravo varía dependiendo de su actitud hacia el idioma.

Diego Zapata, de 17 años, tercera generación de una familia mexicana-estadounidense y estudiante en la preparatoria Bravo, se considera bilingüe pero reconoce que a veces se siente inseguro sobre sus habilidades lingüísticas.

 “Dejé [de hablar] el español porque no me sentía lo suficientemente seguro”, reconoce Zapata.

Otros, como Eric Gabriel, un mexicano-guatemalteco de 19 años, dicen que se trata simplemente de un tema de orgullo.

“Nadie quiere un niño hispano que no sepa hablar español”, dice. 

LA IMPORTANCIA DE HABLAR ESPAÑOL

“Durante la infancia de mis hijas, sólo les hablaba en inglés. Pensé que era importante. Pero hoy me siento culpable. Ahora que mis hijas son más grandes, me preguntan: ‘¿Por qué no nos enseñaste español?’”

LEFTY RODRÍGUEZ

“Ser bilingüe me ha dado más oportunidades”.

YAZMIN NÚÑEZ

“Mi hermana pequeña habla muy poco español. Hay una gran desconexión entre las generaciones mayores y los jóvenes”.

BEATRIZ VERDIN

“Al hablar español representamos a nuestra cultura”.

ANA RAMÍREZ

“Sin excepciones, el español va siempre primero”.

CARMEN FUENTES 

Alinne González es reportera de boyleheightsbeat.com

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