Sin temor, joven latina embellece a los muertos antes de colocarlos en el ataúd

Sin temor, joven latina embellece a los muertos antes de colocarlos en el ataúd

El olor a bálsamo se respira en la habitación, la música instrumental suena en el fondo y las manos de Brianna Hernández trabajan con meticulosidad. Viste un delantal y lleva guantes blancos con los que toma sus herramientas, cuya tarea es embellecer a los muertos.

“Puede tomar de 15 minutos a tres horas”, manifestó.

Con naturalidad, Hernández coloca unas correas y a través de una máquina levanta el cuerpo de un hombre, que después de ser embalsamado en una sala aledaña pasa al área de preparación y maquillaje. Aquí esta joven de 23 años se encarga de vestir el cadáver.

La chica, de color trigueña y 1.60 metros de estatura, observa la condición en que llega el difunto. Saca polvos, pintalabios, delineador y rímel, entre otros instrumentos, para devolver el color a los cuerpos antes de colocarlos en el ataúd.

“A mi me gusta lo que hago”, afirmó Hernández, empleada de la Funeraria Continental y que en poco tiempo ha cambiado sus asignaciones, hasta convertirse en la encargada del área de preparación, en la que maquilla hasta 30 cadáveres por semana.

“Es la última vez que ellos [familiares] lo van a ver [al difunto], por eso trato de hacer mi trabajo bien”, aseguró la joven residente en el Este de Los Ángeles.

Cuando comenzó a trabajar en la funeraria, ubicada en el 5353 E. Beverly Blvd, entraba a las 5 de la tarde y en ocasiones salía pasada la una de la madrugada. Entre sus primeras labores le encomendaron que atendiera a los familiares de los fallecidos, pero no encajó.

“Soy bien sentimental, no pude detenerme de llorar”, relató.

Luego la empezaron a llevar a la morgue, hospitales y residencias. Ahí tenía que recoger los cuerpos y trasladarlos a la funeraria. “Es algo diferente”, manifestó.

Esa labor se le hizo más interesante, a pesar de las críticas de su entorno. Le decían: “Eres mujer, ¿cómo lo vas a hacer?”, indicó, pero lejos de intimidarla esas expresiones la desafiaron para demostrar su capacidad, lo que después le abrió puertas en el maquillaje.

“Yo no tengo ese toque”, era su respuesta cuando le propusieron vestir y maquillar muertos. Con los días, el ambiente se le hizo familiar. Y finalmente se decidió a vestir un cadáver. El primero que llegó a sus manos era un hombre de aproximadamente 45 años de edad.

Al ver el cuerpo, en lo que primero pensó fue en su padre. En el 2015, su progenitor murió en El Salvador y de un día para otro le avisaron que lo iban a enterrar. Por la situación económica, ni ella ni sus hermanos menores, no pudieron despedirlo en el ataúd.

“Se me salió una lágrima”, contó Hernández, cuya madre es originaria de Michoacán, México. “No pude ver a mi papá, pero puedo ayudar a otras familias, lo vi como un plan de Dios”.

Los detalles como esencia

Antes de incursionar en la funeraria, Brianna trabajó en una tienda de ropa y en un hospital. En el 2012 se graduó de la preparatoria Garfield y en el 2013 ingresó en el Colegio Comunitario del Este de L.A., en donde espera obtener el próximo año un título asociado.

La meta de esta joven es convertirse en médico, por eso se le hizo fácil trabajar rodeada de cuerpos en descomposición, a los que aplica cera y luego les pone color con sus manos. En ese proceso, les acomoda sus brazos y piernas como si se tratara de un ser dormido.

“Tienes que jugar con los colores para agarrar el tono de la piel”, explicó detallando que dependiendo de cómo fallecieron y los químicos que les aplicaron en el embalsamamiento, los cuerpos reaccionan y cambian de color. “A veces usamos una foto para que haga ‘match’”.

Cuando maquilló por primera vez, estaba muy emocionada. Para su sorpresa, el supervisor le dijo que lo había hecho mal. “Le pusiste mucho maquillaje, es un hombre”, le indicaron, consejo que no pasó por alto y ahora lleva más de 200 muertos que han pasado por sus manos.

“A las mujeres si se les pasa el maquillaje en la ceja, nomás tienes que hacérselas; es puro detalle”, afirmó Hernández, al indicar que está preparando a otra empleada para este departamento y ella en el corto plazo pasará al área de embalsamamiento.

El rímel, aseguró, lo utiliza para peinar el cabello de los hombres. Además, detalla que con el tiempo ha aprendido a maquillar los chapetes masculinos. “La diferencia es que no los llevan tan marcados”, aseveró.

Como encargada de la área de preparación, le gusta llevar un orden. Al completar su faena, revisa que “no hayan pelos o pelusa en la ropa o la almohada, son detalles pero hacen la diferencia”.

¿Llora cuando realiza su trabajo?

No lloro, no me da sentimiento porque lo hago con un propósito, que es ayudar a las familias, eso es lo que me detiene.

¿Cuál es la mayor satisfacción de su trabajo?

La mayor satisfacción es que los familiares vean al fallecido como que está dormido, que transmita esa paz.

OPINIONES

“Hay muchos que no les gusta estar cerca de los difuntos, a mi no me molesta; me toca recoger y llevar cuerpos. Lo más difícil es estar con los familiares de los fallecidos, porque no puedes sentir lo mismo que ellos, ahí solo tienes que escucharlos”.

Edgard Lázaro, asistente fúnebre

“El trabajo de nosotros es presentar los cuerpos de una manera que demuestre paz, que ya está descansando, para que la familia pueda estar tranquila y que la última memoria quede y perdure en sus mentes”

Magda Maldonado, presidenta Funeraria Continental

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