Rompen con martillo y taladro el machismo en la industria de la construcción

Rompen con martillo y taladro el machismo en la industria de la construcción

El repiqueteo del taladro se apodera de la habitación. Este trabajo identificado socialmente para hombres, ahora es realizado por un grupo de mujeres que abren agujeros en la pared para colocar una pieza de madera, labor que en el sentido figurado también va abriendo orificios.

“Me cansé de la paga”, dijo tajante Delilah Orona al explicar porqué se cambió a la industria de la construcción, una tendencia que se ha ido incrementando como un goteo incesante, al verse más rostros femeninos con cascos, botas, guantes y cinturones de herramienta en su cuerpo.

La Agencia de Estadísticas Laborales reporta que en la construcción hay 10.3 millones de personas; 939 mil son mujeres. Estas cifras, provenientes del 2016, representan el 9.1% de la población en la industria. Es decir que en relación al 2011 se incorporaron cerca de 112 mil féminas.

En los últimos cinco años, Orona salía con su rostro bien maquillado, cartera en mano y traje propio de una oficina. En la tienda en la que laboraba le pagaban 13.50 dólares por hora. En su nuevo rubro el salario es mejor y las tareas cambiantes cada día le llenan de energía.

“A mí me han dicho que no es para mujeres”, advirtió la joven de 27 años de edad, sobre algunos comentarios que buscan desanimarla de aprender carpintería, plomería, electricidad y albañilería, en cambio le sugieren que atienda su hijo, cocine, limpie y cuide la casa.

“Es nada más práctica y sentido común”, responde la joven, después de golpear con fuerza unos clavos que sacó de su cinturón en donde lleva su martillo, una navaja y varios destornilladores. “Una mujer puede hacer lo que un hombre puede hacer”, aseguró.

La presencia de más mujeres en este campo coincide con la implementación de la Lilly Ledbetter Fair Pay Act, ley firmada por Barack Obama, en el 2009, que permite a los empleados presentar demandas relativas a la igualdad de pago y que no se discrimine por el sexo.

Lissette Cruz, instructora del Southwest Carpenters Training Center, sostiene que a pesar del progreso todavía existe una estructura machista con la que tienen que luchar. “Los hombres se ponen nerviosos”, dijo en referencia al empuje de la mujer.

Ante la resistencia masculina, el sindicato de carpinteros promueve la inclusión femenina por medio del entrenamiento. En California cuentan con centros de preparación en Arroyo Grande, Bakersfield, Ontario, Buena Park, Santa María, Sylmar, Camarillo, Whittier y San Diego.

“Salgo a las escuelas a decirle a las muchachas jóvenes que hay un lugar para ellas”, explicó Cruz, quien lleva en la carpintería más de 30 años. Cuando empezó no existían estos programas, pero aprendió a usar las herramientas y hoy les facilita el camino a las que vienen atrás.

En este sindicato, con presencia en los estados de Colorado, Utah, Arizona, Nuevo México, Nevada y California, cuenta con 45,000 miembros, siendo menos del 2% mujeres.

Desde 1996, cuando se creó Women In Non Traditional Employment Roles (WINTER), al menos 150 mujeres son entrenadas anualmente de forma gratuita en el Condado de Los Ángeles. Aquí les brindan los conocimientos básicos para que ingresen a los programas de aprendices.

Alexandra Torres, directora ejecutiva de WINTER, afirma que las mujeres comienzan ganando 16 dólares la hora en esta industria, pago que puede variar dependiendo el rubro; sin embargo, advierte que son carreras que los mismos empleadores terminan pagando por su preparación.

“La primera barrera que tienen las mujeres es que ellas no saben que pueden hacerlo”, destacó, señalando que existen muchos prejuicios que deben desmarañarse en la sociedad y en las mismas mujeres, al tiempo que aclara que la construcción es un trabajo para inteligentes.

“La matemática y la inteligencia van junto al trabajo físico”, indicó Torres sobre las principales cualidades para incursionar en este campo laboral, por esa razón el entrenamiento que brindan va entrelazado a la parte técnica, el dominio de la ciencia de los números y la seguridad laboral.

El desafío, agregó, es que haya mayores referencias para motivar a otras mujeres. Ese modelo, no lo encontró Jennifer Rabuchin cuando ingresó a la industria a mediados de los ‘80. Ahora por medio de su empresa Handy Ma’m Construction ella es un ejemplo para las demás.

Rabuchin sostiene que el trabajo no es fácil y cree que algunas mujeres relacionan este trabajo solo con la fuerza. De hecho, ella ha visto a hombres que son buenos para cargar y mover piezas pesadas, pero les hace falta el sentido común y el criterio.

“Las mujeres tienen mejor mentalidad”, aseveró sin tapujos sobre las ventajas de las de su género. “Tienen tanta capacidad como un hombre”, enfatizó.

Lo que una mujer necesita es una oportunidad, afirma Gabrielle Walker. A esta joven de 29 años de edad le emociona la construcción. En su casa tiene su propio martillo y taladro, por lo que no necesita de nadie para colgar un cuadro o destornillar una pieza.

A pesar de su decisión, todavía le dicen: “No lo deberías hacer, eres muy bonita para hacer eso”. Sin embargo, ella cree que los conocimientos que le faltaban los podrá completar en el entrenamiento que está recibiendo en WINTER, compromiso del que nadie la hará cambiar.

“Si te gustan los retos, ve por ellos”, aconsejó Walker a otras mujeres. “Si te gusta estar en este campo, construyendo cosas, date una oportunidad”.

‘Esta es una habilidad que no se puede subcontratar de la India’

Durante 10 años, Lynn Shaw laboró como electricista; aparte, en un período de siete años fue minera, soldadora y estibadora portuaria. Esa experiencia, sumado a su doctorado en Política Educativa de la Universidad Claremont, le permite hablar con autoridad.

Fue en los ’70, cuando Shaw quería un mejor salario. Los trabajos de las mujeres, asegura, eran igual de difíciles que las tareas de los hombres, pero el pago no era igual.

“Pensé ¿por qué no hacer los trabajos de los hombres?”, razonó la profesora de Tecnología Eléctrica del Colegio Comunitario de Long Beach. Le motivó que usaría sus manos y cabeza, pero no tendría que vestirse para ir una oficina ni peinarse como tal, solo llevaría un sombrero.

A su juicio, en el campo jurídico y médico existe en la actualidad mayor equidad; sin embargo, en los empleos de la construcción, al igual que cuando se ganaba su salario bajo el sol y lluvia “siguen siendo extremadamente segregados” porque se tratan de “los trabajos de la clase trabajadora”.

“La industria se queja de una escasez de trabajadores, y digo que deje de reclutar de la mitad de la población (hombres) y alcance al 100% de la población, incluyendo las mujeres”, valoró.

En general, la aceptación de estas labores entre las familias y la sociedad es una barrera. Existe además el estigma de calificar de lesbiana o gay a las personas que realizan un trabajo no tradicional, indicó Shaw.

“También creo que la industria en sí tiene una reputación negativa como trabajo duro y sucio”, agregó.

Lo que la gente no sabe, afirma la experta, es que la credibilidad no necesariamente está relacionada a los ingresos. Mientras un asistente de enfermero gana un poco más del salario mínimo, un electricista está recibiendo 40 dólares la hora.

Por lo tanto, considera que los empleos en la construcción necesitan mayor promoción y que sean ofrecidos en centros de estudios vocacionales, porque “esta es una habilidad que no se puede subcontratar de la India..., todos necesitamos electricistas, plomeros, carpinteros”.

ENTRENAMIENTOS PARA MUJERES

Women In Non Traditional Employment Roles (WINTER)

Dirección: 4741 E. Cesar Chavez Avenue, Los Angeles

Teléfono: 213-749-3970

Detalle: Charlas de orientación a las 10 am todos los viernes 

Southwest Carpenters Training Center

Dirección: 10015 Rose Hills Rd. Whittier

Teléfono: 562-699-0417

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