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Regresan a El Salvador al encuentro de un santo

El viaje frustrado de Monseñor Romero a Los Ángeles

El viaje frustrado de Óscar Arnulfo Romero a Estados Unidos todavía conmueve a Isabel Cárdenas, activista salvadoreña que, en 1979, junto a un colectivo local, solicitaba la llegada del arzobispo a la ciudad de Los Ángeles.

Ante el asesinato del sacerdote, ocurrido el 24 de marzo de 1980, el mensaje y los valores que defendió se esparcieron por el mundo. Ahora que se encuentra a las puertas de la beatificación, los ‘romeristas’ se preparan para el encuentro con su santo.

“Estar allí es algo que había soñado”, dice Cárdenas, de 76 años, sobre su presencia este sábado en la plaza al Divino Salvador del Mundo, en San Salvador, donde se congregarán cerca de 285 mil personas a celebrar que el obispo se convertirá en beato.

Esta mujer llegó a Los Ángeles en 1948, antes de que cumpliera los 10 años de edad. Ella recuerda que fue a partir de las represiones militares que volvió a escuchar sobre su tierra natal y así conoció sobre la defensa por los pobres que realizaba Romero.

“Sabíamos que lo estaban amenazando”, afirma la activista, que guarda en sus archivos fotografías, documentos y cartas relacionadas al obispo; “por eso lo invitamos a Los Ángeles, donde él tenía un viaje programado en mayo de 1980”.

‘Chabelita’, como es conocida la activista, muestra la solicitud enviada, el 18 de octubre de 1979, por el colectivo Movimiento Amplio de Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño (MAS-PS).

“Agradezco la amable invitación, pero visitaré en este viaje solamente Washington y Nueva York”, indicó Romero en una nota con fecha del 24 de octubre de 1979, cinco meses antes de que su voz fuera finalmente apagada.

Al remover esos recuerdos, Cárdenas no puede ocultar el dolor.

“Fue una enorme tristeza”, dice con lágrimas en sus ojos. “Al recibir la noticia del crimen me caí al suelo, me arrodillé y le dije a Dios: ¿cómo es posible que le sucediera esto?”

El 25 de marzo de 1980, esta mujer se apostó frente al consulado salvadoreño, entonces sobre la calle 8, en el Centro de Los Ángeles. Llegaron alrededor de diez personas, tal como lo consignan los periódicos de esa época, a protestar por el magnicidio.

Palabras proféticas

“Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, dijo Monseñor Romero, palabras de las que se ha apropiado esta comunidad, que poco a poco convirtió al Sur de California en la capital cuzcatleca en el exterior.

Según el Censo 2010, en el Condado de Los Ángeles viven 358,825 personas de ascendencia salvadoreña, mientras que a nivel de todo Estados Unidos ascienden a 1,648,968.

Este flujo migratorio se generó a principios de los ’80, después de la muerte de Romero, al tiempo que se desataba un conflicto civil por la falta de espacios democráticos.

“Mi familia se vino porque teníamos temor de que nos persiguieran por haber sido simpatizantes de Monseñor Romero”, asegura Boris Villacorta, quien acostumbraba a escuchar las homilías en la Catedral de San Salvador.

María Ponce, por su parte, llegó en 1981. Ahora es ministra de eucaristía en la iglesia San Vicente de Paul y también promueve la entrega de alimentos a los desamparados, siguiendo la obra que observó en el obispo mártir. “El lema de él era ayudar”, dice.

Estos seguidores del obispo poco a poco han ido conformando el movimiento denominado ‘romeristas’, integrado por laicos y religiosos, quienes buscan preservar el legado del sacerdote oriundo de Ciudad Barrios, San Miguel.

“Crecí con las enseñanzas de Monseñor”, manifiesta Xochilt Sánchez, de 23 años y nacida en Los Ángeles, detallando que su papá le contaba la historia de esa nación, razón por lo que viajará a presenciar en directo el evento de beatificación.

“A raíz de los problemas que enfrenta Centroamérica, es tiempo de que la gente sepa que el espíritu de Monseñor todavía está con la gente; es algo que va a inyectar fuerza y esperanza”, agrega Sánchez.

Ahora que Romero sea convertido en beato, los miembros de este movimiento y otros grupos amanecerán en la capital salvadoreña para celebrar que el mártir quedará a un paso de ser declarado santo.

“Es como revivirlo; estamos volviendo al momento en que todo mundo escuchaba sus homilías, y su mensaje se hace más vigente que nunca”, manifiesta Antonio Arteaga, director del Comité de Solidaridad Monseñor Romero.

Entretanto, Isabel Cárdenas enciende las velas de su altar en donde permanece una fotografía de Romero en la sala de su casa. Indica que cada vez que puede le reza; además, dice que desde hace 25 años porta una medalla con la imagen del obispo.

Pero no todos los devotos del religioso podrán viajar al país centroamericano con motivo de su beatificación. Uno de ellos es José Vásquez, quien suele hacer ofrendas de flores y rezar ante la escultura de Romero en el parque angelino Douglas MacArthur “por la paz de la violencia de pandillas y una reforma migratoria” en Estados Unidos.

“La realidad es que no estamos esperando a que un documento firmado en el Vaticano lo declare santo para comenzar a rezarle; para nosotros ya es un santo”, concluyó.

El salvadoreño más universal 

El proceso de canonización de Óscar Arnulfo Romero comenzó el 24 de marzo de 1990, pero el Vaticano aceptó la validez de la causa hasta 1997, caso que estuvo bloqueado por los círculos conservadores de la iglesia católica. 

Entretanto, la iglesia anglicana en Inglaterra colocaba una efigie del arzobispo en la Abadía de Westminster junto a otros mártires como el pastor estadounidense Martin Luther King y el sacerdote polaco Maximilian Kolbe, entre otros. 

En el 2010, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 24 de marzo, fecha de su martirio, como Día Internacional de la Verdad. 

Fue con la llegada del papa Franciso que se desbloqueó el caso. En febrero pasado se le declaró mártir, y este sábado, 23 de mayo, será beatificado en una fiesta multitudinaria. 

“Con la beatificación de Romero, la iglesia está haciendo una apertura hacia los pobres y reconoce que los círculos de derecha en el Vaticano ya no temen a la Teología de la Liberación”, asegura Felipe Agredano, profesor de Religiones Globales de la Universidad de Northridge. 

En efecto, la derecha salvadoreña lo etiquetó de comunista, ideas que replicaban en la Santa Sede. En ese sentido, Pablo Alvarado, director de la Red Nacional de Jornaleros, considera que al final los estereotipos fueron cayendo por sí solos.

“Mucha gente que ha visto que su legado iba más allá de ideologías lo ha aceptado porque su pelea era contra la injusticia”, afirma el activista. “Él es el salvadoreño más prominente que hayamos tenido en la Historia”. 

Isidro Lépez, sacerdote jesuita de la iglesia Misión Dolores, manifiesta que la beatificación de Romero viene a confrontar a las instituciones religiosas. 

“Las estructuras hacen quedar afuera a las personas olvidadas, pero el arzobispo Romero sigue siendo un eco que nos dice que su sacrificio fue por amor al evangelio”, asevera. 

El legado del obispo salvadoreño no conoce límites eclesiásticos, plantea Frank Alton, pastor de la congregación de San Atanasio de la Iglesia Episcopal, destacando que escuchó del mártir desde los ‘80. 

“Cuando alguien toma decisiones como monseñor Romero, deja de pertenecer a un sólo grupo. Romero no pertenece ni a El Salvador ni a la Iglesia Católica Romana; él es un hombre universal”, asevera Alton.

Eventos en Los Ángeles

Sábado 23 de mayo
Bendición de placa conmemorativa a Romero
Hora: 8 a.m.
Lugar: Esquina de Vermont Ave. & Pico Blvd.

Trasnmisión de beatificación por televisión en pantallas gigantes
Hora: 10 a.m.
Lugar: Escuela Santo Tomás
Dirección: 2632 W. 15th St., Los Ángeles

En la historia se incluyó una declaración de la agencia EFE.

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