Las once voces que se pronunciaron en L.A. a favor de los 11 millones de indocumentados

Las once voces que se pronunciaron en L.A. a favor de los 11 millones de indocumentados

Con tambores, incienso y danzantes indígenas, así se encabezó la marcha que recorrió el centro de Los Ángeles este 1 de mayo. Las banderas latinoamericanas, consignas contra el presidente Donald Trump y las expresiones propias de los inmigrantes le dieron color a la movilización.

“Vamos a luchar contra el ‘trompudo’ y vamos a ganar”, pronunció una activista desde el escenario, montado en un autobús, antes de salir hacia el ayuntamiento desde la esquina de la calle Broadway y bulevar Olympic. “No tenemos miedo”, agregó.

La marcha, aunque no fue tan numerosa como se esperaba, envió un mensaje a la Casa Blanca en defensa de los inmigrantes. A una manera de pinceladas, once personas elevaron sus voces en representación de los 11 millones de indocumentados que hay en toda la nación.

1. La comerciante de hot dogs

“El ambiente está de miedo”, dijo la mujer mientras movía con una pinza las salchichas y cebollas, quien por la necesidad salió a trabajar. Apostada a un costado de la calle Broadway se solidarizaba con la multitud que acudió a la protesta por el Día Internacional del Trabajo.

2. La universitaria 

Entre la muchedumbre, Verónica Moya se distinguía porque portaba su listón de graduación de la universidad. Esta hija de inmigrantes mexicanos, oriunda del estado de Zacatecas, acudió a la marcha en representación de sus padres. “Me desespero un poquito”, lamentó la joven.

Ella quisiera ver mayores cambios en el país, pero afirma que no se está avanzando como le gustaría. “Como que en vez de avanzar estamos regresando”, indicó. “No vine aquí para robar, ni para quitarle el trabajo a nadie; vine para trabajar duro y estudiar”.

3. La vendedora de banderas

En el 2006, cuando más de 500 mil personas poblaron el centro de la ciudad, Érika Zamora se dedicaba al comercio entre los manifestantes. En esta oportunidad, acudió a vender banderas. Las ofrecía a 10 dólares. Lo que no era igual fue la respuesta de la comunidad.

“No es ni la mitad de lo que hubo en el 2006”, dijo Zamora, nacida en L.A. e hija de inmigrantes del estado mexicano de Puebla. “Puede que sea miedo, mucha gente no ve cambios, todo va de peor en peor. Solo uno sabe lo que le impide mostrar su solidaridad con la gente”, aseveró.

4. El hijo de inmigrantes

En los tiempos de la revolución mexicana, los abuelos de Miguel Medina llegaron desde el otro lado de la frontera. Eran pobres, contó. Ondeando una bandera tricolor, este hombre hijo de un anglosajón y madre de ascendencia azteca, se mostró orgulloso de sus raíces.

“Esta es mi herencia”, dijo el hombre montado sobre una bicicleta. “Este tiempo necesita a todos los países juntos para trabajar contra Trump”.

5. El niño que quiere ser presidente

La elocuencia le fluye por los poros, mueve las manos como un experimentado orador. Joseph Moreno, de 12 años de edad, llegó con un megáfono y un rótulo en sus manos. “Si usted construye un muro mi generación va a derribarlo”, se leía en el texto con letras negras.

El jovencito, estudiante de séptimo grado, dijo que los niños no se van a callar con la injusticia. “Si no hablas, no va a haber cambios”, aseguró.

El mensaje de Moreno dijo que estaba dirigido a los políticos y a la Casa Blanca; sin embargo, él se mira en la función pública para hacer la diferencia. “Quiero ser presidente”, dijo con naturalidad. “El primer latino presidente [porque] quiero ver cambios en mi comunidad”.

6. El comerciante de jugos

Los jugos de naranja se vendían a 3 dólares. Este comerciante utilizó la jornada no solo para ganarse unos cuantos billetes más. “Lo importante es estar aquí marchando”, indicó sin prestar tanta atención en las ganancias. “Lo que Dios nos dé está bien”, agregó sobre los ingresos.

7. El sacerdote

El padre Alejandro Solalinde llegó desde Oaxaca, México. El religioso marchó por primera vez en Estados Unidos en la década de los ’70, junto al líder campesino César Chávez. “Aun siendo seminarista”, recordó, pero ese compromiso con la gente no ha variado.

A su juicio, los inmigrantes tienen una gran fuerza; no obstante, considera que “están fragmentados, divididos, con miedo; hay que unirnos y tener la fuerza de Dios”.

“Donald Trump va a pasar y los migrantes van a seguir, es la primera lección que él tiene que entender”, advirtió Solalinde.

8. El político

Kevin De León, presidente del Senado de California, restó importancia a la dispersión de las marchas, pues en vez de una sola se realizaron tres. Asimismo, considera irrelevante la presencia de un líder que aglutine las voces de la comunidad a nivel nacional.

“Hay muchos líderes, no hay que definir a un solo líder que va a encabezar un movimiento [al] estilo César Chávez, Martin Luther King Jr.”, indicó, enfatizando que lo importante es luchar por la misma causa “debido a las políticas repugnantes del presidente”.

9. El mariachi

Con su violín en la mano, Josué Bautista participó por primera vez en una marcha por el Día del Trabajo. Lo hizo porque es una forma de sumarse al descontento y denunciar la política de deportaciones. “Sí, destruye muchas familias”, aseguró.

10. La mujer de la tercera edad

“A mí no se me hace justo que estén dejando a los niños sin sus padres”, manifestó Telma Masis, originaria de Nicaragua, mientras caminaba a paso lento. Bajo la presión de la gente que venía detrás, ella trataba de acelerar sus pies, que a pesar de sus 72 años no bajaba el ritmo.

“Voy a hacer la lucha”, dijo la inmigrante con su mirada puesta en el ayuntamiento, pero convencida de llegar a la meta. “Es importante para limpiarle la mente a ese señor, Donald Trump”.

11. El crítico contra la falta de unidad

Como siempre lo ha hecho desde 1982, Joaquín Romero, oriundo de El Salvador, cada 1 de mayo se desplaza al centro de la ciudad. Junto a su esposa, este inmigrante cuzcatleco caminaba en medio de dos de las marchas que salieron durante la mañana.

La manifestación, indicó, es importante; sin embargo, cuestionó que en vez de una sola marcha se realizaran tres actividades separadas.

“Es el problema de toda la vida, la división”, recriminó. “Nunca vamos a salir adelante por eso, cada quien quiere ser protagonista, nunca hay unidad”.

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