Hijo de bracero hace de su legado asistir a los más vulnerables con servicios de salud

A los nueve años de edad, Cástulo De La Rocha había crecido en las sierras de Chihuahua y sin mucha educación escolar.

Su padre decidió en ese entonces mudarse, con él y su madre, a Estados Unidos en busca de una vida con más oportunidades tomando el trabajo de bracero.

Cuatro décadas después, aquel niño que vivió en una sierra sin autos, teléfono, televisión y ni siquiera escuelas permanentes, es uno de los activistas más reconocidos de la nación, por su abogacía y asistencia en los servicios de salud para los más vulnerables.

“El cambio de vida no fue nada fácil. Tenía problemas con hablar español, y ahora me enfrentaba a otro lenguaje y a un sistema de educación que no existía en la región donde vivía antes”, dice De La Rocha, director ejecutivo de la organización de salud sin fines de lucro AltaMed.

Al pasar el tiempo, agrega:"Me recibí como presidente estudiantil en Roosevelt High  School, en el este de Los Ángeles, y logré graduarme, pero después de ver el esfuerzo de mis padres por sacarme adelante, me hice la meta de continuar estudiando”.

De La Rocha se trasladó a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de California en Santa Bárbara, para luego obtener un doctorado en Leyes de la Escuela de Derecho Boalt Hall de UC Berkeley, a los 25 años de edad.

Apasionado por los problemas de justicia social, que afectaban a la comunidad inmigrante durante los años sesenta y principios de los setenta, De la Rocha se mudó a San Francisco y trabajó tres años como Interno Jurídico del Fondo Mexicano de Defensa Legal y Educativa, mejor conocido como MALDEF.

La lucha no termina

“En Oakland conocí la Clínica de la Raza, la cual fue establecida por el profesor David Hayes Bautista. En aquel entonces, se ofrecían servicios de salud a los más necesitados, y me gustó mucho el concepto”, aseguró.

Al regresar a Los Ángeles, yo no pensaba trabajar en el rubro de la salud, pero un amigo le dijo que East Los Ángeles Barrio Clinic buscaba a una persona que pudiera encargarse del servicio.

Entre risas, De La Rocha platica que vistiendo guaraches, con el pelo largo y en volkswagen, llegó a la entrevista para encontrarse con una línea larga de personas que buscaban la asistencia de la clínica.

“Eran las 9 de la mañana y había una fila impresionante. Mucha gente inmigrante, sin seguro y con mucha necesidad… Obtuve la posición porque fue la única persona que aplicó para el trabajo, pero me hice la meta de no tener gente parada esperando tantas horas”, agregó.

East Los Ángeles Barrio Clinic, ahora conocida como AltaMed Health Services, abrió sus puertas en 1969. Siete años después De La Rocha se integró al servicio.

La transformación

Cuarenta años más tarde, la organización ha crecido de tres empleados solamente, hasta convertirse en el centro de salud federal sin fines de lucro más grande de California, con cerca de 2,400 empleados.

La organización atiende a casi un millón de visitas de pacientes anualmente, en más de 40 sitios en los condados de Los Ángeles y Orange.

La llave para hacer de la organización una entidad exitosa, dice De La Rocha, “fue siempre la pasión por la justicia social de los latinos, la igualdad y no ser tratados como ciudadanos de segunda clase… eso me llevó a graduarme de la prepa, la universidad y a crecer las clínicas”.

“Otra llave fue la visión de la creación, la consistencia en mis sueños, y el resto es trabajo arduo, porque nada se materializa si no hay acción”, indicó De La Rocha.

El trabajo del inmigrante le ha otorgado el Medallón de Oro de la Salud Pública de Estados Unidos; el Pioneer for Justice Award de la Mexican American Bar Foundation; el Premio al Servicio Comunitario de la Asociación Americana de Diabetes; el Premio Leader in Action de UCLA y ahora el Medallón de Excelencia del Congressional Hispanic Caucus Institute (CHCI).

El Medallón de Excelencia se otorga a individuos que son modelos positivos hispanoamericanos y ejemplifican logros incomparables, liderazgo cívico y servicio a la sociedad.

“La comunidad debe sentirse orgullosa, no por mi, sino por el ejemplo que esta organización es para la nación entera. Comparada a otras clínicas, somos unos de los mejores servicios”, dice De La Rocha.

“Independientemente de la inmigración o estado de ingresos, edad, credo, género, orientación sexual, o condición médica, cada persona en nuestro país merece acceso a la atención de la salud de calidad”, añade enfatizando que este trabajo es solo el principio de más servicios.

“Estamos empezando, los servicios aún no terminan. Si tengo otros 15 años más de vida, podemos hacer mucho más”, agrega.

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