Entre pinceles y pinturas, hijos de inmigrantes piden libertad y paz para sus familias

Entre pinceles y pinturas, hijos de inmigrantes piden libertad y paz para sus familias

Athena Saori, de dos años de edad, toma con facilidad un pincel. En un salón junto a otros niños, se confunde entre las cartulinas y hojas de papel que preparan con mensajes para una protesta a realizarse el 4 de julio. La pequeña sigue los pasos de sus hermanos mayores.

En nombre de su familia, Yancy Vargas, de 11 años, toma la palabra y expresa que los preparativos sirven para celebrar la independenica, pero a la vez para enviar un rotundo mensaje a la Casa Blanca, preocupado por un futuro incierto que lo carcome por dentro.

“Mi mamá y mi papá son indocumentados, me da miedo si los pueden deportar”, dijo el niño después de realizar unos trazos en una hoja de papel, señalando que él y su hermana Athena Saori se quedarían sin el soporte de sus progenitores y dependerían del cuido de sus hermanos.

 

Según el Centro Pew, en el 2012 había 4.5 millones de menores de 18 años nacidos en Estados Unidos que vivían con padres que tenían un estatus migratorio irregular; además, alrededor de 775,000 menores inmigrantes vivían con sus progenitores no autorizados.

Con un marcador en la mano, Jaqueline Rosas, de 8 años, se puso en los pies de esos menores, que como ella no deja de pensar en una separación. “Los niños se sienten mal si se van sus padres”, razonó la pequeña, diciéndole al presidente Donald Trump: “Que ya acabe esto”.

La convocatoria de los niños y niñas, aseguró Gloria Saucedo, directora de Hermandad Mexicana Transnacional, es parte de una campaña que apenas comienza.

En la mañana del 4 de julio se apostarán frente al edificio federal, ubicado en el 300 N. Los Angeles St, luego recaudarán fondos para ir a Washington con el objetivo de reunirse con el presidente Trump porque consideran que es urgente resolver el problema de la migración.

“En la declaración de la independencia se estipula que todos somos creados iguales, tenemos el mismo derecho y queremos que se siga preservando”, manifestó Saucedo, planteando que en la Carta Magna se consignó el derecho a la libertad que los hijos de inmigrantes merecen.

En cambio, el peligro que enfrentan los padres de hijos estadounidenses es golpe letal para estas familias mixtas.

Vanessa González, de 25 años, acudió junto a su hijo Justin, de 6. Cuando ella era adolescente, recordó que deportaron a su padre y cuando él murió en México nadie de su familia pudo ir al funeral. “Tuve que sacar fuerza para ayudar a mi mamá y mis hermanos chicos”, aseveró.

 

Ahora que ella regularizó su estatus migratorio, le inculca a su hijo el compromiso social por su comunidad. “Sí se puede”, dice el pequeño en medio de la entrevista con su madre. González, por su parte, enfatiza en su mensaje: “No me gustaría que otros niños sufrieran lo mismo”.

El escenario, sin embargo, para Mario Vargas es complejo. Sentado junto a Athena Saori, observa como su niña se mueve de una mesa a otra, toma un pincel, mira a la cámara y aunque parezca para los adultos que no sabe lo que hace, la pequeña demuestra lo contrario.

“Verlos escribir me motiva más a ayudarlos”, indicó al observar a dos de sus hijos como elaboraban unos carteles, por lo que impulsa también a la menor de sus retoños, llevándola a las movilizaciones a favor de los indocumentados para que siga ese camino.

En su familia, aseguró Vargas, hay cuatro hijos nacidos en Estados Unidos y los dos mayores están amparados temporalmente en el programa Daca. Por el momento, él cuenta con un permiso de trabajo, pero su esposa no cuenta con ninguna protección.

“Ahorita hay mucha discriminación”, lamentó el inmigrante mexicano que vive en zozobra por el discurso que desde la campaña presidencial no ha dejado de escuchar de los labios de Trump, por eso este 4 de julio su petición es contundente: “No nos den más deportaciones”.

 

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