En medio del calor y la carga física, más mujeres irrumpen en los cultivos agrícolas

En medio del calor y la carga física, más mujeres irrumpen en los cultivos agrícolas

En las manos de Zulma Priego se notan las huellas de su trabajo. Las callosidades han hecho mella por su contacto permanente con la tierra. En los últimos tres años, ha recorrido surcos en el condado de Ventura en medio de plantaciones de perejil, cilantro, rábano y remolacha.

“No es difícil, hay días que son más cansados que otros, pero lo que afecta son los tiempos, cuando hace viento, llueve y ahorita el calor en el verano”, explicó la inmigrante oriunda de Guatemala, en un receso en su labor en el empaque de productos agrícolas.

Cuando llegó a Estados Unidos, en 2003, trabajó por mucho tiempo en fábricas, antes de incursionar en la limpieza de casas, una labor que considera era de mucha presión. En el 2013 perdió su empleo y para proveer alimento a sus tres retoños aceptó ir a los cultivos.

“Cuando empecé en mi cuadrilla habían solo tres mujeres”, aseguró.

La oportunidad que se le abrió fue en la limpieza de los surcos. Ella se encarga de quitar las hierbas que nacen alrededor de los vegetales. Con el paso del tiempo, le toca hacer de todo, desde piscar, limpiar, plantar y, en las últimas semanas, la destacaron al área de empaque.

“Me mandaron unos días para ver si se me quita el dolor”, dijo al mostrar la mano derecha que le operaron recientemente por problemas en los tendones.

Priego lleva un pañuelo sobre su cabeza, encima coloca un enorme sombrero. Los brazos los cubre con una camisa manga larga y en la cintura sujeta otra camisa, en caso de necesitar mayor protección por la temperatura, que se siente con mayor intensidad.

“Cuando llega el verano pasa de los 100 grados”, indicó. Debido al calor, en ocasiones los supervisores mandan a los empleados a sus casas, porque es peligroso.

En su cuadrilla, detalla que hay 25 personas. En la actualidad, en ese grupo solo cinco son hombres. A nivel de su compañía, la distribución está repartida.

¿Qué es lo más pesado del trabajo? Se le preguntó. “Lo difícil es el sol ahorita”, señaló al caminar entre cultivos de perejil, asegurando que le encanta aprender. Aparte de las tareas propias de su posición, afirma que ha laborado como cajera y también ha manejado un tractor.

“Es un trabajo muy digno, no es difícil”, advirtió.

En dirección norte de este condado, a una distancia de 20 millas, Rubi González cubre sus manos con guantes para cortar fresas. Desde que llegó de la Ciudad de México, en el 2007, se estableció en este empleo. “No sabía nada de lo que es el campo”, aclaró.

En los 10 años que lleva en la pisca, en raras ocasiones se ha ido a cultivos de mora. Su jornada comienza a las seis de la mañana y concluye hasta las cuatro de la tarde.

“Uno tiene que andar agachado todo el día”, destacó sobre el principal problema. “Aparte uno se puede lastimar la cintura y ya no se rinde lo mismo”.

Esas condiciones, sin embargo, se pueden manejar con cuidado. Como evidencia contó la joven, de 34 años de edad, que a pesar de que hay una proporción equitativa entre hombres y mujeres en su empresa, la diferencia la establecen las personas de la tercera edad.

“En este trabajo andan muchas mujeres grandes [mayores]”, señaló.

De acuerdo a la Oficina Federal de Estadística (BLS), en mayo de 2017 existían 2.5 millones de personas laborando en la agricultura, pero no existe un detalle por género. En reportes no oficiales, se estima que el 80% de los empleados son hombres y el 20% mujeres.

En un informe que desglosa posiciones, la BLS asegura que en el 2016 habían 1 millón 42 mil puestos gerenciales en ranchos y empresas agrícolas en todo el país, de ellos solo el 24.8% estaban en manos de mujeres. 

Lo que callan las mujeres

Con el incremento de mujeres en el trabajo agrícola también aumentaron los abusos, que en muchas ocasiones no son denunciados. En respuesta, en 1988 se formó la organización Líderes Campesinas, con sede en la ciudad de Oxnard, enfocándose en la población femenina.

Maricruz Ramírez, encargada del programa de salud en la sede de Coachella, asegura que los principales problemas que enfrentan son el acoso sexual, el robo de salarios y enfermedades por pesticidas, en los que se les brinda acompañamiento en educación y asesoría legal.

“Les damos asesoría, les ayudamos a hacer su reporte”, indicó Ramírez, detallando que la asistencia incluye referencia con abogados en caso que necesiten ir a corte, también las apoyan con transporte, comida y hospedaje en seguimiento al proceso.

A juicio de Suguet López, directora ejecutiva, el reto es que las mujeres hablen. En ese sentido, utilizan talleres, entrenamientos y obras de teatro para que las féminas vean reflejadas las situaciones que están atravesando y tomen acción.

“Toma tiempo para que regresen y sigan dialogando”, valoró, atribuyendo al miedo y patrones culturales enraizados como las cusas para que muchas campesinas se mantengan en silencio.

“Es importante que prestemos atención a nosotras mismas”, reflexionó, al tiempo que les pidió a las mujeres que pongan un alto al abuso y se den cuenta de la capacidad, talento y creatividad que poseen. “El primer paso es estar consciente de la situación”, subrayó López.

La defensa de sus derechos

La lucha por los derechos de los campesinos, que se originó en la década de los ’60, ha ido modificando el escenario a favor de los trabajadores. A raíz de ese movimiento, se ha obligado a los empleadores a proveer agua, sombra y descansos a los trabajadores.

En California, con los reglamentos que entraron en vigor en el 2015, las compañías deben proporcionar, sin costo alguno, agua potable y fresca a los empleados que laboran al aire libre.

“Muchos trabajadores estaban muriendo por la insolación”, manifestó Diana Tellefson, directora ejecutiva de Fundación de la Unión de Campesinos. “Les estaban dando agua de la misma que utilizaban para regar [los cultivos], a veces estaba sucia”.

El próximo paso, agregó, es el cambio en el pago de horas extras. La ley AB1066, aprobada en septiembre de 2016, establece que las compañías con más de 25 empleados a partir del 2019 pagarán “overtime” después de 55 horas semanales trabajadas.

El plan es que, de forma progresiva, cuando se llegue al 2022 el pago extra aplique después de 40 horas laboradas.

Para contrarrestar las violaciones laborales, sostiene Tellefson, es fundamental que los trabajadores conozcan sus derechos, los cuales pueden exigir sin importar el género ni el estatus migratorio. “Si una persona trabajó, se le tiene que pagar”, aseveró. 

Asistencia a trabajadores agrícolas

Fundación de la Unión de Campesinos

Sitio web: UFWFoundation.org

Teléfono: 323-264-2700

Líderes Campesinas

Sitio web: LíderesCampesinas.org

Teléfono: 805-486-7776

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