Empleadas de la costura realizan malabares para el cuidado de sus hijos

Empleadas de la costura realizan malabares para el cuidado de sus hijos

Trabajadoras de la costura sobreviven con salarios de pobreza en Los Ángeles, pero la carga se les hace más pesada y cuesta arriba en lo que al cuidado de sus hijos se refiere, así lo revela un estudio reciente de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA).

El informe titulado “¡Colgando de un Hilo!”, presentado por el Centro Laboral de UCLA, muestra que 95% de las costureras no reciben ayuda gubernamental para cuidado infantil y 18% cree que no es elegible debido a su estatus migratorio.

Además, 13% de los encuestados no aplican porque hay mucho papeleo y 12% porque no tienen el tiempo, mientras que 10% no lo hace porque la lista de espera es demasiado larga.

Por otro lado, 42% de las personas consultadas indicó que perdieron un día de trabajo cuando no pudieron encontrar cuidado para sus niños.

De acuerdo a esta investigación, los empleados de esta industria reciben en promedio $305.36 dólares semanales de salario, pero gastan un tercio de esos ingresos para que alguien cuide a sus hijos, es decir alrededor de $88.48 por semana.

Según las respuestas de las costureras, para que les alcance esos recursos utilizan en mayor porcentaje el cuidado de un familiar (43%), una vecina (40%), programas después de escuela (18%) y una guardería (6%), entre otros.

Luz Garrido, originaria de México, por más de 10 años ha trabajado en esta industria. Como mujer soltera y madre de una niña de 7 años, comparte los resultados de este informe, al señalar que gana alrededor de 330 dólares semanales.

“No es suficiente para lo que es la renta, comida y el cuidado de los niños; restándole todo eso a lo que estoy ganando prácticamente me quedo en cero”, asegura.

Cuenta que en su último empleo estuvo por cinco años. Los patrones la despidieron sin mayores argumentos, dice que con el pretexto que ya no había trabajo; sin embargo, ella interpreta que fue porque había pedido muchos permisos.

En un tiempo que su hija se le enfermó de alergias, varias veces se tuvo que quedar cuidándola, detalla. “Se me hace injusto trabajarle tanto tiempo a una compañía y no te dan una liquidación, no te dan nada”.

Este tipo de casos es el pan de cada día en la industria de la costura.

Janna Shadduck-Hernández, profesora de Estudios Laborales de UCLA y una de las investigadoras del reciente informe, manifiesta que la carga económica por cuidado infantil está ahogando a la comunidad latina.

Las costureras pueden acceder a programas y asistencia gubernamental, cuando tienen hijos nacidos en Estados Unidos; sin embargo, como se plantea en el estudio, los padres no tienen el tiempo para realizar el papeleo porque trabajan 10 ó 15 horas.

“Una persona que trabaja a tiempo completo, tiene que vivir una vida digna, pero en Los Angeles no es así”, indica la académica.

Según la investigadora, si se toma en cuenta que el 47% del salario de estos trabajadores se invierte en la renta, quedan con pocos recursos para proveer alimentación a sus hijos.

“Esto es una crisis, es algo alarmante”, subrayó.

Marissa Nuncio, directora del Centro de Trabajadores de la Costura, agrega que estos empleados se van a vivir a zonas pobres, encontrándose con vecindarios que no tienen escuelas con personal capacitado y tampoco existen programas de cuidado infantil.

“No hay guarderías, es muy difícil aplicar a subsidios”, señala.

Con base a este reporte, manifiesta Nuncio, se tiene que tomar acción inmediata para que se aumente el salario mínimo, se cambien las leyes laborales para evitar el robo de salario y se establezcan centros que provean cuidado infantil en barrios marginados.

“Podemos ver que no solo están sufriendo los trabajadores, sino sus niños; está sufriendo la comunidad, todo está conectado”, asegura.

En ese sentido, Shadduck-Hernández, espera que este informe publicado en una versión bilingüe llegue a los círculos de poder, donde políticos y figuras influyentes se unan para combatir la desigualdad social.

“Queremos poner una luz, esto tiene que ser parte de la narrativa [en las políticas públicas]; tenemos a estrellas [de Hollywood] que viven en multimansiones y los trabajadores que les hacen la ropa viven en condiciones infames”, concluye.

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