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Once años 'luchando por un hogar'

"Éramos muy pobres. Mi papá era alcohólico y mi mamá sufría de epilepsia"

A sus ocho años de edad, Enrique Montiel no entiende lo que sucede. La policía y otros adultos han llegado a su casa para separarlo a él y a sus cuatro hermanitos de sus padres.

Desde la ventana de un vehículo, el niño observa entre lágrimas cómo su madre forcejea para que no le quiten al bebé de tres meses que lleva en brazos.

La vida del pequeño Enrique nunca volverá a ser la misma. En su escuela, alguien llamó al Departamento de Servicios de Niños y Familias (DCFS) del Condado de Los Ángeles para reportar negligencia en su hogar.

Anualmente, entre 150 mil y 170 mil niños se convierten en estadística de los casos de alegato sobre abuso, desamparo y negligencia que recibe DCFS.

En lo que va del año, un total de 35,619 menores reciben algún tipo de ayuda de ese departamento. El 60% de estos niños son latinos y el porcentaje continúa creciendo.

Aunque Enrique lucha para contrarrestar el problema, hoy en día, y ya con 30 años de edad, el joven aboga y hace todo lo posible para que estos niños sean colocados con padres de crianza que los entiendan, les tengan paciencia y sobre todo, les den amor, algo que él no recibió en los 11 años que vivió bajo este sistema.

La experiencia

“Éramos muy pobres. Mi papá era alcohólico y mi mamá sufría de epilepsia. El día que llegaron [las personas del DCFS] al tráiler rodante donde vivíamos, éste estaba sucio y no había comida en el refrigerador”, dice Enrique con un semblante triste al recordar el pasado.

El joven respira profundo y continúa: “Una vez que arrancó el auto que me separó de mis padres, intenté memorizarme el camino de regreso a casa, pero después de minutos me fue difícil”.

Uno por uno, el niño vio como sus hermanos de 10 años, siete, tres años y el bebé de tres meses fueron trasportados a diferentes lugares hasta quedar solo.

“No entendía qué estaba pasando. No sabía si volvería a ver a mis hermanos. A esa edad solamente tienes miedo. Recuerdo haber llorado toda una semana”, dice Enrique, un poco alterado.

Tres años después, Enrique volvió a reunificarse con su familia. Sin embargo, esto fue por muy poco tiempo. Aunque su padre había dejado de beber alcohol para cuidarlos, sus riñones ya estaban dañados, y su vida, inevitablemente sentenciada.

“Mi padre murió de cirrosis cuando yo tenía casi 13 años y mi mamá no podía cuidarnos sola. De ahí, los hermanos regresamos al sistema y una vez más cada uno en diferentes hogares. Un año después, quedamos también huérfanos de madre”, dice Enrique.

Confinado a estar bajo el sistema hasta los 19 años de edad, Enrique vivió en 11 ciudades y casas que nunca consideró como hogar.

Los Días de Acción de Gracias, las Navidades, los Años Nuevos, todos eran fechas tristes para el adolescente, que se le pasaba encerrado en cuartos sin poder ver a sus hermanos por las distancias que los separaban.

Las experiencias fueron similares en todos los hogares. “Mis cumpleaños eran deprimentes; para mí era un pastel mientras que para los hijos de sangre eran fiestas reales”, dice Enrique.

Hubo padres que le dijeron al menor que él era como de la familia, “pero las acciones eran diferentes; para mí la compra de ropa era básica, para los hijos era ropa de marca. Para mí no había permisos de llegar tarde, para los hijos sí. Para mí solamente había comida contada, para los hijos era lo que ellos quisieran”, dice Enrique.

La lucha por la familia

Poco a poco, la tristeza del joven se convirtió en enojo, hasta que decidió hacer algo de su vida tras escuchar a algunos de sus padres de crianza decir que terminaría en la calle sin mayores logros.

A los 18 años de edad, Enrique se graduó de la preparatoria y fue aceptado en el ‘college’. No obstante, la depresión fue más grande, hasta terminar en las drogas y a punto del suicidio.

“Un día, durante una visita con mis hermanos menores, ellos me preguntaron que si alguna vez sería posible volver a hacer una familia. Me dijeron que no estaban contentos, que no los trataban bien donde estaban. Empecé a llorar porque me di cuenta de que mientras yo andaba por el suelo, ellos me necesitaban más”, agrega Montiel.

Fue entonces cuando Enrique decidió regresar al Cal Poli Pomona y hacer algo que seguramente se lo hubieran pedido sus padres si vivieran. En el 2006 obtuvo un bachillerato en sociología, y ese mismo año, empezó a tramitar los documentos para recuperar a sus dos hermanos más pequeños.

Mientras el hermano mayor de Enrique hizo su vida y el tercer hermano recibía cuidado especial por ser autista, a la edad de 21 años el joven se hizo cargo de su hermana de 13 y su hermano de 10 años de edad.

“Hoy en día está a punto de graduarse de CalState Fullerton mientras mi hermano asiste a CalPoli Pomona”, subraya con un sentimiento de satisfacción y orgullo.

Actualmente, Enrique lleva ocho años trabajando para Nuevo Amanecer Latino Children’s Services, una organización que se dedica a servir a niños de crianza. Todo esto no sin antes haber recibido en el 2008 una maestría de ciencia en sicología.

“Hacen falta padres de crianza comprometidos, no sólo para darles techo a los niños, sino para comprenderlos y darles amor”, señala.

“Hacen falta también voluntarios que vean por el bienestar de los menores. El hecho de que alguien platique contigo, que te compre una hamburguesa o te lleve a un parque significa mucho para un niño sin padres”, agrega Enrique, quien es gerente de programas y cumplimiento de Nuevo Amanecer.

Nuevo Amanecer Latino Children’s Service

La organización sin fines de lucro ayuda a buscar padres de crianza para servir a los niños que han sido víctimas de abandono, abuso y negligencia. Establecida en 1994, la agencia bilingüe provee servicios en los condados de Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y Orange. El servicio se extiende también a preparar a los jóvenes bajo cuidado de crianza a ser independientes y exitosos después de salir del sistema.

Court Appointed Special Advocates (CASA) for Children

La red de 951 programas comunitarios recluta, entrena y apoya a las personas que deciden ser voluntarias para abogar por los intereses de los menores en las cortes. Asimismo, los voluntarios atienen las necesidades de los niños bajo el cuidado de crianza hasta que estos son colocados en hogares permanentes.

 NUEVO AMANECER

http://www.nalcs.org

5400 Pomona Blvd. Los Ángeles, CA 90022

Tel. 323.720.9951

CASA

http://www.casaforchildren.org

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