UCLA inauguró un piso de dormitorios enteramente dedicado a estudiantes de primera generación

 Desiree Félix no llegó a la UCLA con la ayuda de padres sobreprotectores que contrataron tutores, acosaron maestros o editaron sus ensayos de inscripción.


Su padre es empleado de mantenimiento y posee una educación de sexto grado. Su madre terminó la preparatoria y ayuda a administrar departamentos.

En la escuela Kennedy High School, en Granada Hills, Félix tuvo que averiguar por su cuenta la mayoría de las cuestiones prácticas de la preparación y solicitud a las universidades. La chica no supo nada acerca de las clases de Colocación Avanzada hasta su segundo año, y estuvo a punto de perder la fecha límite de solicitud de ingreso a la UC.

 

Para su primer año, Félix eligió vivir en un piso del dormitorio recién creado sólo para estudiantes como ella, los primeros en sus familias en asistir a la universidad. “Quería estar con personas que entendieran y compartieran mis experiencias,para poder conectarme con ellas”, afirmó en el día de la mudanza, mientras desempacaba sus maletas y arreglaba su nuevo escritorio.

El piso especial de la residencia es el último esfuerzo de la UCLA para apoyar a sus alumnos de primera generación, que representan el 32% de los estudiantes universitarios, un número sorprendentemente alto para una casa de estudiode élite.

 

El promedio para otras instituciones públicas es del 27%, y para las instituciones privadas es del 18%, según datos de la UC. En el sistema de la UC en total, la proporción de alumnos de primera generación aumenta aún más, hasta el 42%.

 

Todos los campus de la UC intentan impulsar el apoyo en un esfuerzo mancomunado que incluye un nuevo sitio web y servicio de tutoría a cargo de más de 900 miembros del profesorado de primera generación.

Pero fue una alumna de la UCLA a quien se le ocurrió la idea del piso de residencia de primera generación, que alberga a 96 estudiantes. Violet Salazar, una estudiante de último año que se especializa en biología humana y sociedad, espera convertirse en médica. Con el piso dedormitorios quiso ayudar a otros a evitar las dificultades con las que ella se encontró inicialmente, dijo.

 

Salazar atravesó sin tropiezos sus años en Diamond Ranch High School con un promedio de calificaciones de 4.8, pero nadie le había dicho que podía solicitar su ingreso a las escuelas de la Ivy League. Su madre, soltera y sin título universitario, la animó pero no pudo brindarle orientación académica.

En su primer año en la UCLA la joven tomó demasiadas clases de ciencias y terminó con una calificación de ‘C+’ en química, la primera vez que recibía una puntuación inferior a ‘A’ en cualquier clase que no fuera educación física. La chica se sintió intimidada por los profesores y asustada para pedir ayuda. No sabía sobre laoferta de tutoría o los grupos de estudio.

 

También estaba incómoda en su dormitorio, rodeada de personas mucho más privilegiadas, cuyos padres eran médicos y abogados, dijo. Los oía hablar de lujosas escapadas de fin de semana y se sentía aislada e inferior. “No podía relacionarme con ellos”, relató Salazar. “Sentíaque era su espacio, no el mío”.

Entonces decidió crear una alternativa. Así fue como propuso la idea de un piso especial durante su tercer año, cuando se convirtió en asistente residente en los dormitorios. Cuando los funcionarios de vivienda de la UCLA aceptaron la idea, se sintió tan emocionada que lloró.

 

En el día de la mudanza, Salazar y otros defensores del campus de primera generación estaban allí a pleno, e incluyeron a Symone Morales, quien el año pasado ayudó a lanzar el programa “First to Go” de la UCLA, que organizó eventos sociales, “cenas de etiqueta” donde los estudiantes podían aprender el comportamiento formal en la mesa y talleres sobre entrevistas de trabajo, pasantías y redacción del currículum vitae. Los eventos de este año incluirán una fiesta, una feria de estudio en el extranjero y un taller de finanzas personales. “Lo más importante es encontrar una comunidad”, resaltó Morales.

Los estudiantes de primera generación y sus familias fueron invitados a una recepción con bocadillos y un kit de bienvenida de “First to Go”: banderines, brazaletes y ventiladores. En la planta superior, los tableros de anuncios del pisoestaban llenos de afirmaciones: “Soy el primero en acudir a la universidad y no dejaré que mis circunstancias me definan”, decía una de ellas.

 

Tiana Coles acomodó su habitación con un nuevo edredón y un oso de peluche de gran tamaño que le regaló su novio. Además, decoró su escritorio con un banderín, pompones y un dedo de espuma de la UCLA. La joven estaba nerviosa pero emocionada con la posibilidad de entablar una amistad con otras personas de antecedentes similares, dijo. “Vamos a pasar por esto juntos”, aseguró.

 

En su nuevo dormitorio, Mario Martínez, hijo de inmigrantes hondureños, había expuesto supreciada colección de gorras de béisbol. La educación de sus padres llegó hasta la escuela primaria. El joven es homosexual, y sabía que podría haber elegido residir en pisos con estudiantes chicanos o LGBQT, pero que eligió la compañía de otros como él, que habían llegado a la UCLA con escasos recursos.

 

Su padre, un pintor de casas, y su madre, empleada doméstica, lo motivaron para ir a la universidad. El chico debió averiguar cómo hacerlo él mismo, relató, desde pagar las cuentas y llenar los formularios de ayuda financiera federal. “Detesto cómo las personas se enfocan en las cosas negativas cuando se trata de los estudiantes de primera generación”, dijo. “Las cosas que aprendí de mis desventajas me ayudarán mucho más en el mundo real”.

 

Traducción: Diana Cervantes

 

Si quiere leer este artículo en inglés, visite

 

Copyright © 2017, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group