El verdadero costo de la ropa

Las grandes ofertas que se promocionan en los 'shoppings' tienen su origen en la explicación

HOY Los Ángeles ha documentado extensamente la explotación que viven a diario las trabajadoras de la costura: largas jornadas de trabajo, sin acceso a beneficios básicos de salud u otras prestaciones.

Este tema ha sido muy debatido actualmente por el alto costo laboral que implica la tendencia de la moda.

Recientemente, terribles incendios en los talleres de costura en Bangladesh y Buenos Aires, que han dejado centenares de muertos, han alertado a la opinión pública sobre las compañías que se benefician de esta explotación humana.

En estos días, se estrenó a nivel mundial el documental “The True Cost” (“El verdadero costo”), que detalla las condiciones paupérrimas de las costureras a nivel mundial: bajos salarios, exposición a químicos mortales que dejan secuelas físicas irreversibles y un sinnúmero de infracciones que nos llevan a la época de la esclavitud.

Se trata de un documental que se puede ver en iTunes, Netflix y Amazon.
Algunas de las compañías mencionadas en la cinta son Forever 21, Zara y H&M, entre muchas otras. También se hace una crítica implacable en contra de los desfiles de moda que retratan la avidez de nuestra sociedad por la ropa de marca.

La propuesta de los cineastas es simple: hay que humanizar el trabajo de las costureras y luchar por proveer las condiciones laborables que representen el “fashion world” del que tanto se presume. No se puede vivir en un mundo en donde las caras y los cuerpos bonitos se vean en los anuncios publicitarios cuando los que producen esa ropa la elaboran en condiciones paupérrimas y con bajos salarios.

Las grandes ofertas que se promocionan en los ‘shoppings’ tienen una explicación; una pieza en H&M se puede ofertar por $9.95 si la compañía paga centavos por ella, lo mismo que si Forever 21 ofrece un par de medias por $3.90. Y todo esto tiene un rostro humano.

El documental muestra cómo en Cambodia y Bangladesh las trabajadoras ganan alrededor de $3 por día en jornadas que pueden extenderse más allá de las 14 horas. En Buenos Aires, las trabajadoras, en su mayoría bolivianas, ganan 1 peso por unidad, alrededor de 10 centavos de dólar.

Los talleres de costura se quejan de la avidez de las compañías, las mismas que acuden a las fábricas a regatear los precios: allá me la cobran a $2; si tú quieres el pedido, necesitas cobrar menos que eso.

En este sentido, tanto los talleres como las compañías son culpables de esta situación que viven miles de trabajadores.

Yo agregaría otro elemento. ¿En dónde queda la responsabilidad del comprador, de los ‘clientes’ que acuden a los ‘shoppings’ a buscar las rebajas?

El problema de la ‘esclavitud’ de las trabajadoras de la costura es general. Todos tenemos la culpa de ello. Y si quieren un ejemplo, busquemos las etiquetas de la ropa que llevamos y veamos el lugar en donde fueron fabricadas.

Seguro, si pagamos 5, 10 o 40 dólares, hay atrás una trabajadora que labora 14 horas para producirla, ganando centavos por ella.

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