Los vientos amainan y los bomberos ganan terreno a los fuegos en California

La disminución de la fuerza de los vientos y el trabajo de más de 5.700 bomberos permitieron hoy lograr avances importantes en el control de los incendios en Los Ángeles, aunque sus efectos son tales que el presidente Donald Trump declaró el estado de emergencia en California.

Mientras el fuego más importante, en el condado de Ventura, 100 kilómetros al noroeste de Los Ángeles, sigue avanzando fuera de control, los fuegos desatados esta semana en la segunda ciudad más importante del país comienzan a dar señales de que los bomberos podrán controlarlos en los próximos días.

La clave reside en la menor intensidad de los secos y potentes "Vientos de Santa Ana" que soplan con fuerza esta semana en la región y que han avivado las llamas, que dañaron más de medio millar de estructuras, obligaron a evacuar a más de 200.000 personas y quemaron decenas de miles de hectáreas en el estado.

Si este jueves estos vientos típicos de esta época del año llegaron a tener rachas de hasta 128 kilómetros por hora, hoy dieron opciones a los bomberos.

"Parece que el fuego ha disminuido considerablemente en las últimas horas", declaró Jon Heggie, portavoz de la agencia estatal de protección contra incendios Cal Fire.

Gracias a ello, el personal antiincendios empieza a dominar los tres incendios que amenazaron Los Ángeles, como el del exclusivo sector de Bel Air (cerca de Beverly Hills), que ya está contenido en un 30 %.

Pero lo hacen después de que quemara media docena de millonarias mansiones y obligara a huir a un buen número de sus ilustres vecinos, algunos de los cuales ya comenzaron a regresar a sus casas en las últimas horas.

Con todo, el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, dijo que la "alerta roja" se mantendrá en la zona hasta la tarde del domingo.

Garcetti indicó además que en la zona de Sylmar, también en el área metropolitana de Los Ángeles, el fuego que desde el martes consumió más de 6.191 hectáreas, incluyendo 33 viviendas, fue contenido en un 40 %.

Lo peor se sigue viviendo en el condado de Ventura, donde el incendio denominado Thomas sigue fuera de control y ya suma más de 132.000 acres (53.460 hectáreas) arrasadas, creando grandes columnas de fuego y haciendo el aire insalubre.

Y amenaza con hacerlo todavía peor, pues apenas esta controlado en un 10 %, lo que demuestra las dificultades que viven los bomberos desde para enfrentar unas llamas que surgieron el pasado lunes y han acabado con 400 edificaciones y se acercan peligrosamente a la costa del océano Pacífico.

Ante este panorama, Trump declaró hoy el estado de emergencia en California para facilitar la entrega de fondos y ayuda federal al estado.

El gobernador de California, Jerry Brown, agradeció a Trump su pronta respuesta a su carta de este jueves en la que pedía ayuda para atajar los incendios forestales.

El otro foco de atención se sitúa al sur de Los Ángeles, cerca del condado de San Diego, fronterizo con México y donde este jueves se declararon dos incendios.

Las llamas que están cerca de la ciudad de Murrieta alcanzan las 121 hectáreas y apenas ha sido contenido en un 5 %, mientras el incendio del norte del condado de San Diego alcanzó las 1.659 hectáreas.

Sin embargo, con la disminución de los vientos, los esfuerzos de los bomberos, aseguran las autoridades, podrían lograr hoy detener su avance.

No obstante, el drama humano surge ante la devastación causada por las llamas, y en Fallbrook, una comunidad de residentes retirados que viven en casas móviles sufrió la destrucción de muchas de sus viviendas.

A escasos kilómetros al sur, un establo de caballos de carreras fue devorado por los incendios y mató a una veintena de equinos.

Mientras, ya comienzan a hacerse los cálculos de lo que constará reparar o reponer las viviendas quemadas.

Un análisis publicado hoy por la empresa de análisis financiero CoreLogic calcula que más de 86.000 viviendas en el sur de California están en riesgo por los incendios.

De ese número, el 16 % "está en riesgo significativo de daño", lo que representa un costo de reconstrucción de más de 5.000 millones de dólares, aseguró el análisis.

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