Colombia busca víctimas en pueblo arrasado por avalancha

Rescatistas buscaban el martes cuerpos en el poblado colombiano de Salgar

Rescatistas buscaban el martes cuerpos en el poblado colombiano de Salgar, donde un alud provocado por fuertes lluvias devastó la localidad con un saldo parcial de al menos 65 muertos y varios centenares de damnificados.

La madrugada del lunes una avalancha de barro y escombros arrasó la localidad montañosa en el departamento de Antioquia. Las autoridades han dicho que hay un número indeterminado de desaparecidos.

Cesar Urueña, jefe de socorro nacional de la Cruz Roja Colombiana, dijo el martes a The Associated Press que, además de los 65 muertos, hay 37 heridos y unos 330 damnificados. "Estamos haciendo un barrido y recorriendo a pie casa por casa y verificando presencialmente qué reporte final hay de personas desaparecidas", explicó.

La noche del lunes y el amanecer del martes fueron momentos de incertidumbre en Salgar. No paró de llover un instante y los habitantes del pueblo temieron una nueva avalancha. Apenas despuntaron los primeros rayos del sol los salgareños salieron de sus casas para seguir buscando a sus seres queridos.

Héctor Henao, un agricultor de 53 años, le contó a AP que perdió a su hijo de 20 años, a su nuera de 15 y a su nieta de sólo dos meses.

"Perdí más de media vida. Yo hubiera querido ser el muerto, pero Dios lo quiso así", comentó Henao, quien observó que el sector donde fallecieron sus tres familiares fue uno de los más afectados por el deslave. Allí hubo 28 muertos y, según Henao, debe haber más cadáveres en el lodo.

El momento de la avalancha "es algo que no se imagina nadie, es algo indescriptible. Cuando yo sentí el traquido (ruido) parecía el fin del mundo. Cuando logré abrir la puerta, el agua estaba casi encima de la casa. Entonces nos logramos volar por la parte de atrás, por una barranca", recordó Henao.

Su hijo, su nuera y su nieta no estaban con él y por eso murieron. Sus otras dos hijas no viven en Salgar y casi todos sus amigos perdieron la vida.

La tragedia de Salgar -265 kilómetros al noroeste de Bogotá- podría convertirse en el incidente con más víctimas fatales desde 1999, cuando un terremoto causó más de 1.000 muertos en la ciudad de Armenia. Una oleada de inundaciones durante la temporada de lluvias de 2011 cobró más de 100 vidas.

Otros sobrevivientes en Salgar contaron cómo se despertaron tras un fuerte estruendo y por los gritos de los vecinos. Muchos apenas pudieron reunir a sus seres queridos y salir del paso del torrente de piedras y lodo que destrozó casas y puentes en la quebrada Liboriana.

"La avalancha arrasó con todo", contó Diego Agudelo, que trabaja como albañil. Añadió que el río se llevó por delante parte de su vivienda.

El presidente Juan Manuel Santos, que viajó a la localidad para supervisar las labores de rescate, indicó el lunes que varios niños perdieron a sus padres en la tragedia y que los cuerpos de los fallecidos debían ser trasladados a la ciudad de Medellín para su identificación.

El mandatario prometió reconstruir las viviendas perdidas y proporcionar refugio y asistencia a las más de 300 personas que se habrían visto afectadas por el alud. La inundación destrozó parte del acueducto del pueblo. Autoridades proporcionan agua, alimentos y mantas para ayudar a los residentes a sobrellevar lo que describieron como una emergencia humanitaria.

La accidentada orografía de Colombia, ubicada en una zona con actividad sísmica en el extremo norte de los Andes combinada con la mala calidad de las construcciones, hace de esta nación una de las más propensas a los desastres en Latinoamérica.

Más de 150 catástrofes han sacudido al país en los últimos 40 años cobrándose más de 32.000 vidas y afectando a más de 12 millones de personas, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

"Le dije a mi esposa 'abracémonos y esperemos que Dios nos salve''', dijo Jorge Quintero a la televisión RCN. Describió cómo quedó atrapado entre dos corrientes que se llevaron por delante dos viviendas a ambos lados de la suya. "Sé que Dios nos echó una mano porque aquí estamos, vivos".

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