Aguacero afecta a feligreses que esperan al papa en Quito

Aguacero afecta a feligreses que esperan al papa en Quito

Un pertinaz e inesperado aguacero al inicio del verano cayó sobre miles de feligreses que esperaban ingresar al Parque Bicentenario, donde para este martes está prevista una misa campal del papa Francisco.

Cientos de fieles congregados en los alrededores de este gigantesco parque del norte quiteño, no dudaron en arrancar pancartas sintéticas de las mallas que cierran el sitio para evitar lo que fue inevitable: quedar absolutamente empapados.

Angélica Naranjo, de 71 años, pidió a los voluntarios que le corten parte de una pancarta que estaba en el cerramiento del parque, con el propósito de usarla como poncho protector.

"Esto no es un sacrifico, es una demostración de fe. Porque Dios sufrió más que nosotros con esta lluvia, por darnos su amor", explicó, mientras sonreía tiritando de frío, con un rostro cansado.

Ese parque, que fue el antiguo aeropuerto de Quito hasta hace un par de años, abrió sus puertas en medio del aguacero a los cientos de miles de feligreses que desde primeras horas de la mañana hacían fila para reservar un espacio para asistir a la misa campal que oficiará Francisco, en esta capital.

El secretario General de Seguridad del municipio de Quito, Juan Zapata, aseveró que "el clima de Quito nos sorprendió con la lluvia de esta tarde...lastimosamente tuvimos inundaciones y nos estamos preocupando de todas las personas".

Añadió que "vamos a repartir frazadas para evitar que cualquier persona sufra hipotermia, en vista de que el clima cambió de un rato al otro. Se tomó la decisión de abrir las puertas 50 minutos antes de lo programado, debido a la gran afluencia de personas que esperaba en las afueras".

Muchos de ellos están en vigilia desde el viernes por la noche, como Milton Arroba, de 34 años, quien dijo que se han turnado con un grupo de jóvenes de su parroquia para escuchar al papa.

"No importa la lluvia, el frío o el sol", afirmó.

Cuando abrieron las puertas sus amigos ayudaban a empujar entre los charcos su silla de ruedas, que a pesar de estar mojados, se movían con rapidez y alegría al ingresar al parque Bicentenario. 

Los cientos de voluntarios hacía una calle de honor y les daban un caluroso "Hola, bienvenidos" entre cánticos y brincos; para que los fieles se olvidaran de este momento de frío con el que los sorprendió el cielo de Quito en pleno verano. 

Todos se aprestan a pasar una noche fría y muy húmeda sobre la pista de cemento por las que antes aterrizaban y despegaban los aviones.

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