El padre Paquito: un amigo personal del papa Francisco

El padre Paquito: un amigo personal del papa Francisco

A pocos días de cumplir 91 años, camina lentamente con la ayuda de un bastón negro que también se vuelve linterna, cuando necesita salir por las noches.

Es el hombre más solicitado en Guayaquil, desde que el Vaticano develó que el Papa quiere visitar el 6 de julio en esta ciudad a su amigo, al padre Francisco Cortés García, quien para todos es simplemente el "padre Paquito".

Sencillo, de menuda figura, no oculta su emoción: "No sé qué preguntarle, él ha dicho que quiere hablar conmigo y yo estoy admirado que venga. Por primera vez, personalmente, he conocido a un papa", señaló a la AP.

La Arquidiócesis ha pedido que no dé más entrevistas. Lo quieren descansado para el encuentro con el sumo pontífice.

Paquito llegó a Ecuador desde su ciudad andaluza de Málaga en 1963, y nunca más se fue. Desde entonces ha sido profesor y rector del colegio Javier.

"El carácter y la felicidad de los chicos enlazaba muy bien con mi forma de ser andaluz, podía retarlos y ellos entendían que era por su bien, luego seguíamos siendo amigos", dijo.

A inicios de la década de 1980, Paquito conoció a Jorge Bergoglio, quien visitó Ecuador para encontrar un lugar y enviar a jesuitas. El argentino escogió el colegio Javier, a donde regresó meses después con dos jóvenes argentinos, que tuvieron a Paquito como guía.

En 1985, cuando esos religiosos recibieron la ordenación sacerdotal, Paquito viajó a Argentina y tuvo su tercer y último contacto con Bergoglio.

"Cuando tocaba regresar a Ecuador, él pidió el carro del colegio, él manejó y me llevó al aeropuerto. Mi avión salió con dos horas y media de atraso", lo que permitió establecer una conexión entre los dos sacerdotes.

"El padre Bergoglio estuvo conmigo en la cafetería del aeropuerto, ofreciéndome productos argentinos. Un hombre de una caballerosidad, sencillez y claridad mental maravillosa", recordó.

El lunes está prevista la llegada del pontífice al colegio para una reunión con Paquito. Conversarán a solas por primera vez en 30 años. "No sé por qué se ha acordado de mí. Ni siquiera nos hemos carteado. Me siento bendecido", dice con cierta emoción.

Tras el encuentro, ambos almorzarán junto a 22 jesuitas de diversas ciudades de Ecuador y se quedará en el lugar dos horas más, hasta su retorno a Quito.

Sentado en su sillón negro de cuero, en su sencilla habitación, Paquito tiene respuestas rápidas, con una permanente sonrisa, aunque no con facilidad: tiene una afección permanente en la garganta producto de su afición "de toda la vida a los puros".

Como añorando el pasado recuerda que el papa tenía habilidad para "sacar chiste de cualquier cosa".

"Me acuerdo uno que dijo él cuando ya era papa. Le preguntaron por qué había que tener devoción por la Virgen y dijo que para que cuando uno muera lo reciba la madre, y no la suegra", expresó al tiempo de dejar escapar risas.

De los tres encuentros que han tenido ambos religiosos no hay ninguna fotografía. "Esperemos que ahora sí. La verdad, yo estoy muy admirado. Me ha enviado cinco recados, cinco saludos. ¿Quién soy yo para merecerme tantas atenciones? Su visita será mi regalo de cumpleaños".

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