Estados Unidos

'Matar y morir por su club', caracteriza a las pandillas motorizadas

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El antiguo agente encubierto Jay Dobyns dice que se puede disculpar a la gente por pensar que el baño de sangre registrado entre motociclistas en Waco, Texas, fue un regreso a una mala película de la década de los 70.

 La balacera —en la que murieron nueve personas y 18 resultaron heridas— pareció anormal porque la imagen pública de muchas pandillas de motocicletas se ha suavizado en años recientes gracias a muchos entusiastas, inofensivos en su mayor parte, que adoptaron la misma ropa y estilo.

 “Creo que como sociedad, e incluso entre las autoridades, creemos que estos tipos son grandes y duros osos de peluche que donan sangre y juguetes, y son inofensivos”, dice Dobyns, que se infiltró en el famoso Hells Angels Motorcycle Club para la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego.

 El lado más oscuro de la cultura del motociclismo quedó al descubierto el domingo después de la matanza en el estacionamiento de un restaurante donde se reunían miembros de varias pandillas rivales. Para el lunes, las autoridades habían presentado cargos de pertenencia a crimen organizado contra 170 miembros de pandillas.

El problema de imagen de la cultura del motociclismo se remonta al menos a 1947, cuando una carrera en Hollister, California, terminó en dos días de disturbios sangrientos. La Asociación Americana de Motociclismo, patrocinadora de la carrera, respondió al hecho diciendo que 99% de los participantes respetaban las leyes.

 Hasta hoy, pandillas como los Outlaws, se refieren a ellos mismo como los “1 percentiles”, dice Terry Katz, excomandante de la sección de crimen organizado de la policía de Maryland. El problema es que a veces resulta difícil distinguir entre el lado oscuro y el luminoso.

Katz, quien estuvo infiltrado en la década de 1970 como asociado de dos clubes, los Pagans y Phantoms, y es vicepresidente del International Outlaw Motorcycle Gang Investigators Association, dice que los motociclistas se mutilan y matan todo el tiempo. Lo único extraño sobre la confrontación de Waco fue que sucedió en público.

 “Me preguntan eso todo el tiempo: ‘¿Aún siguen por aquí estos tipos?”’, dice. “Claro que sí. Pero se volvieron más discretos porque es malo para el negocio involucrarse en algo en lo que atraerás mucha atención de las autoridades. Nunca se han ido. De hecho, crecieron”.

 Parte del problema, dice Dobyns, es que el mundo del entretenimiento tiende a embellecer a estos grupos. Los disturbios de Hollister se vieron en “The Wild One”, el clásico de 1953 con Marlon Brando. Pero Johnny se ve muy pintoresco comparado con “Sons of Anarchy” de FX Networks.

 Como la mafia, las pandillas de motociclistas no se interesan en demostraciones públicas, dice Katz. Pero la piedra angular de esa cultura es la voluntad de matar —y morir— por tu club.

 “Y eso fue lo que vieron (el domingo)”, dijo.

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