Cómo Obama y una 'amenaza de Marte' están uniendo al partido detrás de Hillary

Cómo Obama y una 'amenaza de Marte' están uniendo al partido detrás de Hillary

Después de toda la preocupación entre los demócratas sobre Bernie Sanders y sus partidarios comportándose como bribones en la elección general o negándose a reagruparse detrás de un candidato que encarna la política del establecimiento que detestan, estas preocupaciones están desapareciendo rápidamente, a medida que las primarias presidenciales vuelan a un final.

La unidad no parece tan difícil de alcanzar para el partido este año como lo fue al final de la amarga campaña de las primarias de 2008.

En gran parte se debe a que los dos candidatos que pasaron por el proceso doloroso luego se encontraron de nuevo a mitad de este año. Esta vez, el presidente Obama y Hillary Clinton estaban determinados a lograr la unidad de manera más fácil.

Los dos planearon cuidadosamente cómo hacer para atraer a los partidarios  de Sanders antes que terminara la carrera por la nominación.  Mucho  ayudó que tenían de su parte a la senadora Elizabeth Warren (D-Massachusetts), una líder del movimiento progresista como Sanders, quien les siguió la corriente. Además, ayudó tener como alternativa de la contienda a Donald Trump, un candidato republicano que horroriza incluso a los más sólidos escépticos de Clinton en la izquierda del Partido Demócrata.

“Nada une a los pueblos de la Tierra como una amenaza de Marte”, dijo Paul Begala, un antiguo asesor tanto de Bill como Hillary Clinton, y ahora estratega del principal super PAC que procura elegirla a ella. “Para los demócratas, Donald Trump no sólo está en un desfile de republicanos conservadores que están en desacuerdo. Ellos lo ven, con razón, como un intolerante”.

Aun así, tanto Obama como Clinton estaban plenamente conscientes de que no podían depender de Trump para persuadir que la unidad prevalezca entre ellos.

A principios de este año, un funcionario de la Casa Blanca había identificado que, para Obama, la tarea de unificar a los demócratas era una “preocupación fundamental”. Él veía necesario un frente unido como clave para la victoria, una unión que contara con el apoyo del 90% de los votantes registrados en su partido para ganar la reelección.

Por el contrario, el 90% de los republicanos votó a favor de Mitt Romney. Fue la primera vez que ambos partidos apoyaron a sus candidatos a tales niveles, y esto sugirió poco espacio para el resbalón.

“Es aritmética simple”, dijo Begala. “Clinton no puede ganar sin los partidarios del senador Sanders”.

A pesar de todo, había un hecho clave para llevar unidad al partido en la divisiva contienda de 2008, - tanto para Obama como para Clinton-  la lealtad que tienen los partidarios por su candidato favorito no desaparecería rápidamente. Sobre todo para algunos que percibieron menosprecio o insultos desde el otro lado, esto podía retrasar los esfuerzos de construir puentes de entendimiento.

Incluso después de que Clinton había apoyado a Obama en 2008, algunos de sus partidarios prominentes se negaron a hacerlo.

Consciente de lo que sucedió en aquel entonces, el presidente se contuvo de saltar a una campaña en la que había estado ansioso de participar durante meses.

Incluso cuando Sanders realizó una cruzada con un mensaje mucho menos entusiasta que el de Clinton sobre la administración Obama, el mandatario vio semejanzas a su propio movimiento de hace ocho años.

A menudo, el presidente consultó con sus asesores acerca de cómo y cuándo era mejor tratar de conquistar el apoyo de Sanders para el partido, de cara a las elecciones generales.

Antes del domingo, las preocupaciones de Obama sobre la agitación de los votantes de izquierda habían sido superadas, ante preocupaciones de que el retraso de su respaldo dañaría a Clinton. Obama calculó el momento con cuidado, consciente del hecho de que no importa cuando haya saltado a la campaña, algunos votantes no lo apreciarían. Le dijo a Sanders que le daría su apoyo a Clinton.

Sanders pidió a Obama que esperara hasta que se reunieran. Obama se vio obligado a ello. Pero la discusión que tendrían unos días más tarde - el jueves-   no fue un debate de cuándo Sanders saldría de la carrera por la nominación del candidato presidencial.

Para entonces, Clinton había sido declarada ganadora decisiva en las primarias de California y aceptado la virtual candidatura en un discurso en horario estelar donde habló extensamente de la naturaleza histórica de su candidatura.

Con Obama habiendo concluido la ya terminada campaña de Sanders, los dos hombres hablaron en cambio de cómo Sanders podría seguir construyendo su movimiento. Hablaron sobre el potencial papel del senador de Vermont en revigorizar a los partidos estatales y mover las legislaturas estatales hacia una dirección progresiva, así como la forma en que Sanders podría usar el ímpetu que construyó en la campaña electoral para empujar el avance en el Senado sus cuestiones de firma sobre igualdad de ingresos, deuda universitaria y dinero en la política.

Según Sanders, el tono aparente de la discusión y el respeto que Obama mostró fue significativo para sus partidarios. La imagen de Sanders caminando con Obama en el pórtico junto al Jardín Rosa de la Casa Blanca señala un abrazo a la agenda de Sanders.

La reunión también destacó cuánto la unidad fue más fácil de conseguir para los demócratas cuando ellos tienen un titular en la Casa Blanca, que sigue siendo muy popular en el partido. De ese modo, el primer lugar donde Obama hará campaña con Clinton es Wisconsin, el miércoles. Esto es un estado con una amplia base progresiva que se ha mostrado escéptica de Clinton; Sanders ganó primarias de ese estado 56% -43%. Pero también es un estado donde Obama le ganó en 2008 y se lo adjudicó en dos elecciones generales. Los votantes allí permanecen entusiasmados con él.

Obama puede desempeñar el papel del testigo que sabe mejor que nadie cómo Clinton hizo a un lado sus resentimientos después de las primarias de 2008 para hacer campaña por él y luego servir en su administración, dijo un funcionario de la Casa Blanca. Él ya ha cumplido esa función cuando intentó negociar la paz entre Sanders y Clinton el jueves. De acuerdo con los asesores del presidente, Obama y Sanders hablaron mucho sobre la campaña de 2008 en el transcurso de la charla.

 “Él estaba reconociendo que no hay que cantar la canción del ‘Kumbaya' desde el primer día”, dijo un asesor de Obama sobre lo acontecido en 2008. “Tomó un tiempo para superarlo, para que todos se unieran”. Y para llegar en última instancia, al punto en que Clinton se tragó su orgullo y trabajó en la actual administración.

Horas después de reunirse con Obama, Sanders realizó una concentración ante unos 3,000 de sus partidarios. No pronunció ninguna palabra negativa sobre Clinton. Tampoco amenazó otra vez de buscar anular su victoria con el voto popular y el número de delegados, ni prometió librar una batalla en la convención por  los superdelegados, el próximo mes, en estados que no ganó.

 “Pensamos que el tono de su discurso de esa noche fue notable”, dijo el portavoz de la campaña de Clinton, Brian Fallon.

Algunos en la campaña de Clinton dicen que estaban seguros que la unidad del partido llegaría fácilmente. Los números de las encuestas siempre mostraban que a pesar de la animosidad que tenían algunos partidarios de Sanders por Clinton, el porcentaje de ellos que no se comprometió a votar lo harían por ella de convertirse en la nominada, en realidad no se parece casi en nada a lo que sucedió con los partidarios de Clinton que prometieron lo mismo de Obama en 2008. Los electores finalmente se alinearon.

“La gente siempre está diciendo que no va a votar por un oponente en las primarias en la elección general, y luego siempre lo hacen”, dijo el encuestador demócrata Mark Mellman, que no está afiliado con ninguna de las campañas.

Y otra voz que podría traer la unión para los demócratas, es Elizabeth Warren, quien aumentó en importancia en los últimos días mientras la campaña de Sanders se desvaneció. Ella respaldó Clinton el jueves y atacó brutalmente a Trump en un discurso, y fue vista visitando a Clinton en su casa en Washington, una confluencia de acontecimientos que provocaron rumores de que ella podría estar en la lista de posibles compañeros de fórmula de Clinton.

Pero, aún así, la tarea de atraer a los partidarios de Sanders apenas está en marcha.  Las desagradables luchas se preparan   todavía en los campamentos de Sanders y Clinton sobre la plataforma del partido demócrata, las reglas para las futuras elecciones primarias y las personas que escogieron para llenar puestos clave de liderazgo dentro de la organización.

Esta semana fue sólo un buen comienzo, dijo Donna Brazile, vicepresidenta de registro de votantes y participación del Comité Nacional Demócrata.

“¿Recuerdas esa canción del pasado, “Apenas hemos comenzado”?

El redactor del Times,  Michael A. Memoli contribuyó a esta nota.

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