¿Pueden repararse las relaciones del presidente Donald Trump con México?

¿Pueden repararse las relaciones de Trump con México? Sus enviados clave lo intentarán esta semana

Pocas relaciones internacionales han tenido un comienzo tan difícil para un gobierno que la de Donald Trump con México. Días después de tomar el poder, el presidente de Estados Unidos discutió por Twitter y por teléfono con el mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, por su exigencia de que el país vecino pague el costo de construcción del enorme muro a lo largo de la frontera.

Peña Nieto repitió su rechazo total al pago del muro, y luego hizo un desplante a Trump al cancelar una visita ya planeada a la Casa Blanca.

Este miércoles, el secretario de Estado, Rex Tillerson, y el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, viajaron a Ciudad de México en un intento de reparar la relación -antiguamente cercana- con esa nación, que comenzó a caer en picada el año pasado con el uso frecuente por parte de Trump de una retórica anti mexicana.

Ambos funcionarios se reunirán este jueves con Peña Nieto y Luis Videgaray, el ministro de Relaciones Exteriores de México, así como con los ministros del Interior, Finanzas, Defensa Nacional y de la Armada.

Las reuniones ocurren dos días después de que el gobierno de Trump publicara nuevas y amplias directrices sobre la aplicación de la ley de inmigración, renovando con ellas las preocupaciones en México.

La nueva política exige que las autoridades locales hagan cumplir las leyes de inmigración, encarcelen a más personas mientras esperan las audiencias de deportación,  y regresen a México a quienes cruzan la frontera sin permiso, aunque sean oriundos de otros países.

El momento en que las directrices fueron dadas a conocer inmediatamente se construye  una nube de dudas sobre las reuniones en Ciudad de México, a pesar de que Videgaray posee una estrecha relación con Jared Kushner, yerno de Trump, quien ha recibido una amplia cartera de asuntos exteriores en la Casa Blanca.

Videgaray y Kushner celebraron varias reuniones sin previo aviso durante la transición y poco después de la toma de posesión de Trump, en un intento de hallar un terreno común acerca del muro y otros temas de inmigración indocumentada, comercio, control de drogas y demás áreas que afectan a ambas naciones. “Se trata de un momento definitivo: las decisiones que tomemos en los próximos meses determinarán la convivencia entre México y los Estados Unidos por las próximas décadas”, afirmó Videgaray la semana pasada, en la cumbre económica del G-20 en Bonn, Alemania.

Durante la campaña, Trump describió a los mexicanos como violadores y criminales. Ya en la presidencia, lanzó agresivos planes para reunir y deportar a millones de extranjeros, incluidos los mexicanos sin autorización que viven en los EE.UU.

También prometió desechar o renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), un acuerdo de 1994 que eliminó prácticamente todos los aranceles entre los EE.UU., México y Canadá. Al NAFTA se le atribuye la expansión del comercio hemisférico -de cerca de $1,400 millones de dólares en mercancías que ahora cruzan la frontera entre este país y México a diario-, pero a costa de algunos empleos en los EE.UU., ya que el acuerdo facilita a las empresas nacionales el traslado de sus instalaciones a México.

Trump también ha amenazado con imponer un impuesto del 35% sobre los bienes, incluidos los automóviles, que se fabrican en el país vecino y se venden en los EE.UU.

Algunos funcionarios mexicanos han contraargumentado que las amenazas pondrán fin a la cooperación de iniciativas conjuntas contra el narcotráfico, la migración de personas sin documentos y el crimen organizado.

En los últimos años, México ha impedido que miles de centroamericanos inunden los cruces fronterizos de los EE.UU. y ha permitido la extradición al país de narcotraficantes, entre ellos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. También ha invertido cerca de $50 millones de dólares en sus 50 consulados diplomáticos en los EE.UU. para apoyar a sus ciudadanos que están bajo amenaza de deportación. Retrasar las remociones podría atorar los tribunales estadounidenses y los centros de detención de inmigración.

En general, parece haber poco espacio para un terreno común. Incluso si Tillerson y Kelly son capaces de calmar los ánimos mexicanos, es poco probable que Trump retroceda en su pedido al país vecino de pagar por el muro fronterizo, una piedra angular de su campaña.

Para Peña Nieto, hay poco capital político para trabajar con la Casa Blanca dado el resentimiento generalizado en su país por el nuevo presidente estadounidense.

“Sabemos que se ha dañado la relación bilateral en los últimos meses”, reconoció el senador Benjamin L. Cardin, de Maryland, demócrata miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, después de un viaje oficial a la capital mexicana el pasado fin de semana.

No obstante, el legislador expresó su optimismo por el futuro de las relaciones entre ambas naciones, al tiempo que atacó los tuits del presidente Trump: “Estoy seguro de que la fuerza de nuestra asociación y amistad con México es lo suficientemente dinámica para soportar exabruptos en 140 caracteres o demandas poco realistas”, manifestó.

Hasta ahora, el manejo que Trump ha hecho de las relaciones con México ha dependido en gran medida de su círculo íntimo, incluido Kushner, y no de los veteranos expertos en América Latina en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional.

Craig Deare, quien había sido designado director del Consejo de Seguridad Nacional para el hemisferio occidental y fue uno de los nominados más importantes de Trump para ocupar un puesto en México y Latinoamérica, fue despedido a finales de la semana pasada después de criticar el manejo que la administración hacía de la política exterior.

Deare se había quejado ante académicos durante una sesión privada en el centro de estudios Wilson Center, en Washington, de que la política exterior estaba demasiado controlada por Kushner y el estratega en jefe del presidente, Stephen K. Bannon, según una de las personas que asistieron al encuentro y que habló bajo la condición del anonimato.

Deare afirmó que los principales asesores del presidente fomentaron la disfunción en la Casa Blanca y bloquearon el acceso a Trump en detrimento de la formulación de políticas reales, aseguró la fuente.

Arruinar la relación del país con México implica consecuencias de largo alcance. Además de suspender la cooperación bilateral, México y el resto de América Latina podrían alejarse de un Washington hostil, hacia una China ávida de complacer. Eso podría costarle económicamente a los EE.UU. y también en términos de poder estratégico, luego de décadas en las que se intentó diligentemente reconstruir los lazos con la región.

En México, el antagonismo de Trump, junto con el descontento por el oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), aviva las llamas de un renovado nacionalismo y alienta las perspectivas del candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador para las próximas elecciones presidenciales. “Ahora estamos profundamente preocupados al ver cómo las bases de la relación entre ambos países han sido sacudidas”, escribieron seis exembajadores estadounidenses en México en una carta que fue publicada este mes en el sitio web del Wilson Center.

“Las actitudes públicas en ambos países son agudizadas por exageradas acusaciones públicas”, señalaron. “Los mexicanos creen que su ‘dignidad’ nacional ha sido insultada. Los defensores de una cooperación más estrecha con los EE.UU. están a la defensiva. Las voces nacionalistas ganan terreno. Esto no representa los intereses a largo plazo de los EE.UU.”.

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Traducción: Valeria Agis

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