Los mensajes contradictorios de Trump acerca de DACA frustran a Dreamers y a activistas antiinmigración por igual

Desde que Donald Trump fue elegido presidente, Melody Klingenfuss supo que su tiempo en los Estados Unidos podía tener un límite.

La joven, de 23 años de edad, se benefició con el alivio temporal concedido bajo el marco de la Acción Diferida para los Llegados en la Niñez (DACA), del expresidente Obama, una medida que la llegada de Trump y su arremetida contra la inmigración no autorizada probablemente pondría en peligro.

Hasta el momento, en lugar de una política clara, Klingenfuss y miles de otros receptores de DACA se han enfrentado a mensajes contradictorios, filtraciones discordantes y la falta de precisión acerca de su futuro. Dentro del gobierno se ha hablado de deportaciones, sólo para que el propio presidente se refiera inmediatamente después al tema en un tono menos grave.  “Ha sido muy típico de esta administración dar buenas noticias y seguirlas con muy malas”, afirmó Klingenfuss. “Realmente no sabemos si cambiarán de opinión al día siguiente”.

La sensación de temor aumentó nuevamente la semana pasada, cuando el fiscal general de Texas y otros nueve estados liderados por republicanos amenazaron con demandar al gobierno de Trump acerca de DACA.

Después, el secretario de Seguridad Nacional John F. Kelly, afirmó a los legisladores que el gobierno federal no defendería la acción DACA en la corte.

Si la demanda se concreta y tiene éxito, Klingenfuss y más de otros 750,000 beneficiarios -conocidos como ‘Dreamers’- estarían en riesgo. Todos ellos fueron traídos al país a edades tempranas y no poseen documentación permanente.

Sin embargo, tal como ha hecho antes, Trump pareció bajar el tono el pasado jueves cuando afirmó que él -y no sus subordinados- decidirá personalmente el futuro del programa de la administración Obama. “Es una decisión que yo debo tomar, y es muy, muy difícil hacerlo. Realmente comprendo la situación ahora”, aseveró el mandatario. “Entiendo muy bien la situación. Lo que me gustaría hacer es un plan integral de inmigración, pero nuestro país y las fuerzas políticas no están listos todavía”.

Durante su campaña, Trump prometió “terminar inmediatamente” con DACA. Pero en los últimos meses ha dicho que los Dreamers “no deberían preocuparse”, y los describió como “unos chicos increíbles”.

La falta de claridad ha despertado la frustración tanto de estos jóvenes como también la de los activistas antiinmigración, quienes exigen que el primer mandatario cumpla con sus prometidas deportaciones y ponga fin a DACA.

Pese al lenguaje suavizado del presidente, Klingenfuss sigue creyendo que DACA “está amenazado como nunca antes”. La joven ingresó con permiso a los EE.UU. desde Guatemala cuando tenía nueve años, y quedó sin estatus autorizado cuando expiró su visa de turista. Ahora, después de obtener una maestría en USC, es organizadora juvenil para la Coalición de los Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles.

“Es un tiempo muy aterrador para la gente”, sostiene Adrián Reyna, director de membresía de United We Dream, una entidad de derechos que trabaja para inmigrantes jóvenes. Reyna, quien reside en Oakland y está bajo el programa DACA, al igual que sus dos hermanas menores, relató que el jueves por la mañana tuvo una seria conversación con su madre acerca del futuro de la acción. “Hay una sensación de comodidad al saber que tus hijos están bien y que no serán objeto de deportación”, afirmó. “Por lo tanto, no es sólo las vidas de los Dreamers, sino también de sus padres, las que están muy en juego en este momento”.

Karla Estrada, otra receptora de DACA que dirige dos páginas de Facebook dedicadas a quienes están en su misma situación, expresó: “Algunos hasta contemplan regresar a su país de origen. Hay mucha tristeza, pero también ira”.

El miércoles pasado, Estrada lanzó una petición en apoyo a DACA, que logró más de 6,000 firmas en menos de una hora. “La comunidad suele ser bastante apática, por lo tanto esto fue muy inusual, para ser honesta”, manifestó. “Ahora muchos ven el peligro inmediato”.

Estrada teme que el programa DACA tenga un destino similar al de la expansión del programa que Obama creó hace tres años, y que fue bloqueada por las cortes.

Klingenfuss y muchos otros con casos similares -destinatarios de DACA a quienes se les otorgó un número de seguro social y un permiso de trabajo- son sin dudas los más políticamente simpáticos en el amplio debate inmigratorio, a menudo cáustico.

“Hay jóvenes que han desarrollado identidad estadounidense y sueños, han ido a escuelas de este país y viven en comunidades estadounidenses; ellos han respirado nuestra mitología del sueño americano y se han convertido en estadounidenses”, afirmó Jerry Kammer, investigador sénior del Centro de Estudios de Inmigración, quien cree que DACA debería ser llevado a los tribunales y cuestiona su legalidad, aunque también ve los beneficios para los destinatarios.

DACA es sólo un respiro temporal dirigido a un pequeño subconjunto de los 11 millones de personas que se encuentran en el país indocumentadas. Mientras que los defensores de los derechos de los inmigrantes sostienen que el plan no fue lo suficientemente lejos, ha sido el mayor logro de la política de inmigración de los EE.UU. en más de una década.

Para Roberto Gonzáles, un sociólogo de la Universidad de Harvard que ha estudiado el programa DACA y a sus receptores en todo el país, la administración de Trump sabe que ponerle fin representa un riesgo político. “Cortar el programa y obligar a estos jóvenes a volver a las sombras parece inhumano y contrario a lo que representa esta nación”, afirmó el especialista. “También podría tener el efecto de galvanizar a un grupo de jóvenes que demostraron su efectividad en protestar contra los funcionarios”.

Muchos activistas antiinmigración han condenado durante un largo tiempo el programa y cuestionado su constitucionalidad. Ahora expresan su descontento con la falta de voluntad de Trump para eliminarlo gradualmente.

“Para mí, DACA es un gran problema en la administración. [Trump] está incumpliendo con una promesa”, aseguró Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración, un grupo de Washington que se opone a la inmigración indocumentada y busca más restricciones para los ingresos permitidos.

Luis Serrano-Taha, un beneficiario de DACA que vive en Los Ángeles, señaló que el programa es una espada de doble filo. Como parte del grupo de activistas que participó de las sentadas y protestas que finalmente ayudaron a que Obama apruebe la creación de DACA, Serrano-Taha afirmó que, después de la victoria, algunos receptores del programa se volvieron complacientes y dejaron de pelear por quienes quedaron fuera de éste, a pesar de las cifras crecientes de deportaciones que se registraban durante la administración anterior.

Para él, las personas construyeron sus vidas y carreras sin pensar en la fragilidad de la acción. Otros se olvidaron del tema inmigratorio más amplio. “Creó una sensación de derecho”, expresó. “DACA siempre ha estado en peligro, desde que comenzó. Esto debe ser una llamada de atención. Es un baño de realidad”.

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Traducción: Valeria Agis

 

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