En medio de apagones, los hospitales están en el límite en Puerto Rico

En la sala de urgencias del Centro Médico de Puerto Rico, el mayor hospital público de la isla, más de una docena de pacientes -uno con una pierna rota, otro con los brazos en cabestrillos y demás heridos- se alineaban en camillas y sillas de ruedas, bajo el calor asfixiante.

Un generador zumbaba de fondo, alimentando el aire acondicionado para los pacientes que ya estaban siendo tratados. “Debemos conservar la energía”, resaltó el Dr. Charlie Gómez, quien en los últimos días ha trabajado en turnos de 12 horas diarias. “Es una situación muy dura y podría empeorar”.

Después del huracán María, el sistema de salud aquí está cerca de sus límites, incluso con la ayuda de los equipos médicos de los Estados Unidos que han llegado a la zona. Muchos de los 69 hospitales de toda la isla permanecían cerrados hasta este martes. El Centro Médico es uno de los 11 que poseen combustible o energía y, por ende, pueden funcionar.

Gómez informó que la sala de emergencias trató a unos 178 pacientes durante el martes, el volumen diario típico desde que la tormenta azotó el área, y alrededor de 80 personas más que en un día normal antes de la tormenta.

Las lesiones más comunes ya no provenían del fenómeno climatológico en sí, sino de los primeros intentos de recuperarse de ésta: heridas por clavos, machetes y hemorragias internas, a menudo generadas tratando de reparar tejados y generadores. Algunos de los pacientes no son puertorriqueños, sino evacuados de otras islas del Caribe devastadas por María o por el huracán Irma a principios de este mes.

Gómez fue uno de una docena de médicos desplegados en la sala de emergencias, en turnos de seis a la vez. Alrededor de otros 24 especialistas trabajan en otras partes del centro, que cuenta con 1.400 camas. ”Algunos médicos ni siquiera pueden llegar al hospital porque los caminos aún no han sido despejados", explicó Gómez.

Hay mucho más de qué preocuparse. Los pacientes en sus casas podrían quedarse pronto sin sus medicamentos; el clima podría empeorar y provocar derrumbes y accidentes. Gómez miró el cielo, que había estado nublado durante toda la mañana. “La lluvia no es algo bueno”, dijo el doctor.

 

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, declaró a la cadena de noticias CBS que dos personas que se encontraban internadas con asistencia respiratoria habían fallecido el lunes porque el hospital se había quedado sin combustible. La funcionaria no especificó en qué centro médico habían ocurrido los decesos.

En la ciudad de Manatí, el alcalde, José Sánchez González, hizo un pedido de ayuda. “El hospital está a punto de colapsar”, afirmó. “Está en su capacidad máxima. Necesitamos que alguien nos ayude de inmediato”.

Los equipos federales de asistencia médica por desastres, coordinados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, llegaron a la zona desde California, Arizona, Massachusetts, Oklahoma, Carolina del Sur y Texas; algunos de sus paramédicos manejaban el desbordamiento de la sala de emergencias del Centro Médico en tiendas de campaña, ubicadas en el exterior del complejo. "Estamos solicitando más recursos cada cinco minutos", expuso Lisa Ansell, oficial de enfermería en Dallas.

 

El Pentágono planeaba proveer una instalación de tratamiento médico con 50 camas, junto con ambulancias terrestres, helicópteros y varios equipos médicos. No está claro cuándo llegaría esta ayuda.

La Marina, por su parte, informó que desplegaría el buque hospital Comfort -un superpetrolero modificado, de 894 pies, con 1.000 camas, 12 quirófanos y una farmacia- a Puerto Rico, pero se espera que éste demore al menos cinco días en llegar.

El cercano Hospital de la Ciudad de San Juan también está abierto, pero la comida, el agua y el aire acondicionado son limitados, y algunos empleados no pueden llegar allí debido a la escasez de gasolina.

Una enfermera, Wanda Tapia, de 49 años de edad, señaló el martes que debió tomar gas de su generador para ir a trabajar el martes. La mujer no estaba segura de tener suficiente para regresar el miércoles, pero aseguró que lo intentaría. "Tenemos pacientes a quien cuidar", expresó. “Hay problemas en casa, pero ésta es nuestra responsabilidad”.

 

Fuera, cerca de una hilera de tiendas de campaña, Fermín Talvera, un trabajador de la construcción de 39 años, dijo que su hijo, de nueve meses de edad, estaba internado con bronquitis. “Hace tanto calor por la noche que no podemos soportarlo", manifestó. El niño se enfermó en el Coliseo Roberto Clemente, un refugio público donde se habían quedado durante la tormenta, junto con cientos de otras familias.

En el vestíbulo del hospital, una docena de enfermeras y otros miembros del personal unieron sus manos el martes para orar por un colega que se encuentra en cuidados intensivos. El hombre resultó herido cuando quisieron robarle su auto, el sábado pasado, mientras se dirigía al trabajo apenas el hospital había reabierto sus puertas.

Traducción: Valeria Agis

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