"En la mira" por convivir o trabajar con un inmigrante con orden de expulsión

El carecer de registro criminal, el no ser un "bad hombre", como los define Donald Trump, no salva ya a millones de indocumentados que viven ahora en una ruleta rusa que les puede llevar a la deportación sólo por convivir, trabajar o, incluso, estar junto a inmigrantes con orden de expulsión.

Las denuncias de los llamados arrestos colaterales, personas que son detenidas por agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) por el único hecho de ser indocumentados y estar en la hora y lugar equivocados, se repiten por todo el país.

Y casi todas las historias comienzan como la de la familia Ortíz, de la ciudad californiana de Pasadena.

Unos fuertes golpes en la puerta de la residencia a las cinco y media de la mañana del pasado 9 de febrero despertó a todos los residentes. Los agentes federales se identificaron como oficiales de la policía que estaban buscando a un hombre llamado Rodrigo.

Tras abrirle la puerta, Estefany García, la hija de la familia, les dijo que en la casa no vivía el sospechoso. Los oficiales exigieron verificar la identidad de todos en la vivienda y allí comenzó la pesadilla de la familia que llegó hace 18 años al país desde Jalisco, México.

Antes de presentar su identificación, los agentes sacaron del hogar a Carlos Ortíz Becerra, el padre de 49 años, argumentando que necesitaban verificar que no era la persona que buscaban. Pese a que el inmigrante presentó su matricula consular, los agentes lo arrestaron.

"Es muy difícil lo que estamos pasando, llegan y preguntan por un hombre que en realidad no conocemos y se llevan a mi esposo", dice a Efe Ana Ortiz, esposa del detenido.

El abogado de inmigración Paul "Woody" Scott, que atiende casos en Alabama, Louisiana y Mississippi, asegura que desde el gobierno de George W. Bush (2001-2009) no había visto tantos arrestos colaterales y personas sin récord criminal buscando ayuda legal.

"Bajo (el Gobierno del expresidente Barack) Obama, si la persona no tenía antecedentes penales no habría sido detenida", explica.

Todo ha cambiado ahora con Trump, cuyo objetivo parece ser deportar al mayor número de indocumentados posible y para ello eliminó las prioridades que su predecesor estableció y que se centraban en expatriar a aquellos inmigrantes que supusieran un peligro para la seguridad nacional.

Para Scott, el panorama es sombrío, y es que la comunidad indocumentada está ahora expuesta a vivir, trabajar o estar por casualidad en un lugar donde los agentes del ICE realicen un operativo.

Pablo Alvarado, director de la Red Nacional de Jornaleros (NDLON), va más allá en la alerta. "La 'migra' no sigue reglas, ellos van a mentir sobre quienes son, incluso han tirado las puertas aunque no las hayan abierto", denuncia en declaraciones a Efe.

El caso de Daniel Ramírez, un joven amparado por la Acción Diferida (DACA) y detenido en Seattle en medio de un operativo en el que buscaban a su padre, y la detención de Daniela Vargas en Misisipi, una joven que estaba denunciando el arresto de su familia en una conferencia de prensa, son el ejemplo más habitual de activistas y abogados de inmigración.

"Un error muy pequeño puede llevarte a un arresto, hay que estar atentos de donde se está y con quién se está", apunta Joseph Porta, abogado de inmigración, situación que pone a los indocumentados en un estado de máxima y permanente alerta.

Porta representa a Jesús Alonso Arriola Robles, de 22 años, un joven detenido por agentes de la Patrulla Fronteriza bajo cargos de trafico humano. El único hecho confirmado en este caso es que el mexicano, amparado por DACA, viajaba en su carro con un indocumentado cerca de la frontera de California con México.

El pasajero fue deportado y el testimonio será usado en contra de Arriola.

ICE no maneja un número exacto de arrestos colaterales a nivel nacional, pero en el operativo que se realizó en California la semana que Ortiz fue detenido se realizaron 161 arrestos (680 en todo el país).

De los 161 inmigrantes, 10 de ellos no tenían antecedentes criminales y no eran buscados por las autoridades. Uno de ellos era Ortiz.

NDLON y varias organizaciones a nivel nacional, junto a líderes religiosos se han enfocado en llevar a la comunidad un mensaje claro y contundente "Hay que estar preparados".

Pero también hay un llamado a tomar consciencia. "No deben pensar que va a venir un líder o una organización a salvarlos. Aquí hay que aprender sus derechos y aprender a defenderse, y si algo pasa hay que juntar a la comunidad para que se apoye entre sí", insiste Alvarado.

Esa conciencia le llegó tarde a la familia de Carlos Ortiz, que lleva recluido desde hace un mes en el centro de detención de Adelanto, en California.

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