One Recovery, un programa que ayuda con lo negativo de las redes sociales, la presión académica y otros retos juveniles

Así es One Recovery, un programa que ayuda a manejar las dificultades estudiantiles

No volvió a tomar un trago desde que perdió el conocimiento, en un baño, durante un partido de fútbol.

Ese viernes por la noche, a mediados de septiembre pasado, ella recuerda haber estado de fiesta en la casa de un compañero de clase, donde tomó un Red Bull con vodka tras otro. 

La estudiante -cuyo nombre no se proporciona debido a su edad-, sacó su teléfono para transmitir los buenos momentos que estaba teniendo por Snapchat. Era emocionante saber que sus seguidores compartirían la diversión. Después, junto con sus amigas viajaron en un auto de Uber hacia el partido. Eso fue lo último que recuerda.

No tiene ningún recuerdo del subdirector que pidió una ambulancia para llevarla a un hospital desde Orange Coast College, donde Battle of the Bay -un juego de rivalidad anual entre las escuelas secundarias Newport Harbor y Corona del Mar- se realizaba.

La siguiente semana, la joven y sus padres fueron llamados a la oficina administrativa de Corona del Mar High School. El subdirector en ese momento le dijo que tenía dos opciones: la suspensión, o inscribirse en el programa One Recovery, de ocho semanas de duración.

La suspensión podría haberle costado su admisión a la universidad, así que tomó el plan de ocho semanas. Lo mismo hicieron una docena de otros alumnos que se intoxicaron en el partido. 

El programa está dirigido a una generación en la cual la presión académica va en aumento, la automedicación es común, se fomenta el compartir y la autoestima está vinculada a la cantidad de “Likes” que se recibe en las redes sociales. Su fundadora, Lynne Pedersen, quien ocupó el cargo de directora ejecutiva de Newport Academy, un centro de tratamiento residencial para adolescentes, llevó One Recovery a Corona del Mar High en 2015.

Los estudiantes a menudo son referidos al programa, aunque otros asisten voluntariamente. “Todos estamos recuperándonos de algo”, suele decir Pedersen en One Recovery, el cual ha ayudado a través del arte y el contacto humano a estudiantes con problemas de abuso de substancias, hechos de intimidación y presiones por el rendimiento escolar.

Como parte del plan, los alumnos se reúnen semanalmente en The Sea King Connection, un pequeño edificio en el campus donde las sesiones comienzan con un momento tranquilo y meditativo, siguen con una discusión donde los estudiantes comparten sus experiencias y sentimientos en confianza, y luego concluyen con una actividad grupal que involucra el arte o a un orador invitado.

Mientras tanto, los padres de familia pueden asistir simultáneamente a una reunión en la biblioteca de la escuela, donde se realiza un foro abierto con diferentes facilitadores, médicos locales y la coordinadora para padres de One Recovery, Stacia Deiro. 

Don Grant, presidente del Comité de Administración de Dispositivos de la Asociación Estadounidense de Psicología, ha asistido a varias reuniones de One Recovery como orador invitado. “Esta es una generación que no termina de desarrollarse todavía y esta sobreexpuesta”, aseguró Grant. “Se puede crear una vida que parece tan espectacular [en los medios sociales], y que me puede hacer evaluar erróneamente mi propia vida y sentirme mal. Pero lo que Lynne está haciendo por su propia cuenta es crear una comunidad increíble y hermosa, donde los niños pueden formar parte, y eso no va a suceder en Instagram”. 

La presión académica para triunfar en Newport Beach, donde la admisión a una universidad respetada es la expectativa general, es evidente en línea, donde a menudo sólo el éxito es alardeado. “Hay tantos ojos sobre ellos, especialmente desde las redes sociales... Y ello significa que ya no puedes fracasar en privacidad”, expuso el exsubdirector de Corona del Mar, Daniel Patterson, en una entrevista llevada a cabo el año pasado. “O admites que fracasaste o finges que no lo hiciste, lo cual puede conducir a resultados negativos”. 

La alumna entrevistada para este artículo afirmó que One Recovery la ayudó a dejar de tomar Xanax, un hábito que desarrolló durante su primer año escolar, para aliviar su ansiedad de hablar en público. Recordó la cara colorada y las manos temblorosas que había tenido en un discurso. Con el Xanax, medicina que obtuvo por teléfono sin necesidad de una receta, no volvió a sudar. 

“Pensé en todas las futuras presentaciones que tendría que hacer”, relató. “Después de usarlo por primera vez pensé: ‘Voy a conseguir más’”.

Otra alumna que voluntariamente asiste a One Recovery aseguró que es algo normal ver en las redes sociales a sus compañeros sosteniendo vasos rojo llenos de alcohol o fumando. “Escuchas cosas como: ‘Si no estuvo en Snapchat, ¿realmente ocurrió?’”, comentó la alumna, quien tampoco es identificada debido a su edad. 

“Los chicos nunca utilizarán las redes sociales para compartir las cosas malas que suceden en sus vidas. Pero en One Recovery puedes compartir que tal vez recibiste una mala calificación en una prueba, o que tus padres se están divorciando, y todo el mundo allí te apoyará”, agregó.

Pedersen invita a oradores espaciales que han superado sus propias adicciones de sustancias, algo que la segunda estudiante calificó como más efectivo que ser “atiborrada por números y hechos” sobre los peligros de las drogas y el alcohol.

“Estoy a favor de la abstinencia de cualquier comportamiento de auto-agresión”, aseveró Pedersen. “Pero lo que también tengo que hacer de forma realista es llegar a donde están los niños y ofrecerles el poder del conocimiento y de la elección”. 

El Distrito Escolar Unificado de Newport-Mesa -que incluye a Corona del Mar- y One Recovery acordaron ampliar el programa en todo el distrito. 

One Recovery también se ha establecido en la escuela Ensign Intermediate School, en Newport Beach, y ha llevado a cabo varios eventos en Newport Harbor High School.

“Nunca en mis 33 años de trabajar en salud mental he visto una escuela con [una directora como] Kathy Scott y un distrito escolar que haya intervenido más por estos niños”, manifestó Pedersen acerca de la directora de Corona del Mar. “Quieren conseguirles ayuda a los jóvenes, y eso es importante”." 

Pedersen financió One Recovery después de vender su casa en la Sierra Madre, donde ella y su exmarido habían seleccionado a mano las piedras de la chimenea. 

Deiro, quien previamente trabajó con Pedersen en Newport Academy, preguntó si se podía llevar el programa a Corona del Mar.

Desde entonces, la Fundación de Corona del Mar, la Asociación de Padres y Maestros (PTA) y los padres de familia han realizado donaciones a One Recovery a través de eventos y en línea, en 1recovery.com

Jill Manly, la entrenadora del equipo junior varsity de básquetbol femenino en Corona del Mar, y su esposo, John, han contribuido. “He vivido aquí desde hace tanto tiempo, que llegué a conocer lo espectaculares que son las familias”, dijo Jill Manly. “Pero cuando algo es desagradable, las personas no quieren hablar de ello y eso es lo único que perjudica a una comunidad... la vergüenza”.

“Creo que existe una increíble presión sobre los niños, algo que puede ser abrumador y puede llevar a los jóvenes a buscar maneras de adormecerlo”, añadió. “Lo que One Recovery está haciendo es decir: ‘Vamos a hablar del tema’, y quitando ese sentimiento de vergüenza”. 

En una reunión de One Recovery celebrada en abril, los estudiantes llegaron preparados para pintar sobre lienzos en blanco. Pero antes de tomar los pinceles, le contaron al grupo cómo se sentían. 

“Agotada”.

 “Feliz”. 

“Cansado”. 

“Me va mejor”.

“He tenido un mal día”. 

“Entonces ¿qué podrías hacer al respecto?”, preguntó Pedersen. 

El alumno miró alrededor y dijo: “Venir aquí”.

Traducción: Diana Cervantes

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