La gente sigue saltando del icónico puente de Pasadena, ¿cómo detener esta oleada?

De pie sobre el majestuoso puente de Colorado Street, en Pasadena, que se eleva por encima de Arroyo Seco, es difícil imaginar la enorme desesperación que impulsaría a alguien a saltar desde allí.

“Hay esperanza”, dice un letrero ubicado en el lado este del puente Beaux Arts. El cartel incluye un número telefónico de una línea de emergencia y un llamamiento. “El suicidio no es la respuesta. Haz la llamada”.

El recuento de la desesperación

Sin embargo, hay un largo historial de personas que han saltado desde él desde la década de 1930, y decenas de muertes especialmente durante la Gran Depresión. Una reciente nueva oleada ha puesto a los funcionarios de la ciudad en alerta para colocar barreras temporales en el sitio, mientras deciden otras soluciones más permanentes.

Los últimos registros dan cuenta de seis fallecimientos en los últimos cuatro meses:

3 de marzo, mujer, 27 años.

15 de abril, hombre, 38 años.

2 de junio, mujer, 33 años.

23 de junio, mujer, 16 años.

28 de junio, hombre, 65 años.

2 de julio, hombre, 27 años.

Todos ellos provenían de diferentes barrios y tenían historias distintas, pero su final fue el mismo.

El martes, equipos de trabajo instalaron los postes que luego contendrán la malla para bloquear el acceso a 20 nichos peatonales en el puente, haciendo que sea más difícil saltar la valla.

A las 6 p.m. del miércoles, un comité del Ayuntamiento revisará un informe del personal sobre posibles soluciones a largo plazo, junto con detalles de lo que otras ciudades -entre ellas San Francisco- han hecho para frustrar los suicidios desde sus puentes. Las propuestas incluyen el patrullaje a tiempo completo, más cercas y redes cubiertas bajo el puente.

“Estamos tomando el tema muy en serio”, aseguró el portavoz de la ciudad de Pasadena, William Boyer. La policía ha acudido este año al puente en respuesta a 21 llamados “por temas de salud mental”, entre ellos los seis suicidios mencionados, tres intentos activos y una docena más de casos que podrían haberse complicado de no ser por la intervención de las autoridades.

El reporte del personal juega al abogado del diablo al preguntar: “Si instalamos barreras, ¿no se irán a otro sitio o elegirán otro método?”. No necesariamente, dada la investigación sobre el tema. Considerando la historia del puente, ya era hora de restringir la posibilidad de saltos y evitar las oleadas de suicidios por imitación, ahorrando a las familias el persistente dolor que acompaña este tipo de pérdidas.

También vale la pena señalar que la construcción de un pequeño complejo de viviendas de Habitat for Humanity está a punto de concluir debajo del puente, lo cual agregará más espacios verdes a un área que ya está considerada como de recreación pública a lo largo del arroyo. A raíz del daño que plantea, la ciudad necesita actuar, y pronto.

Steve Bridal, un contratista que trabaja en este complejo, escuchó el sonido de la caída de una persona contra el suelo. “Es alguien a quien no conoces, pero el acto en sí resulta un golpe demoledor en tu mente”, señaló.

Un tema común para muchos

Otras personas han sido testigos de las negociaciones para convencer a los suicidas de retirarse del borde, y un trabajador llamado Jim sugirió que la ciudad debería instalar cámaras para alertar a la policía de posibles casos.

Más allá de lo que decidan los funcionarios en Pasadena, en los Estados Unidos se cometen cerca de 44,000 suicidios al año (la mitad de ellos con armas de fuego) y se estima que hay más de un millón de intentos, por lo cual es preciso ampliar el alcance de la intervención antes de que la desesperación lleve a alguien al borde del abismo.

Este martes por la mañana, fui al puente acompañado.

Kita Curry es directora de Didi Hirsch Mental Health Services, que posee un programa de prevención del suicidio que ha servido como modelo a nivel nacional. Ya había hablado con Curry en el pasado acerca de la salud mental y el suicidio en mi propia familia; una de mis tías se arrojó a un río, un tío se disparó en la cabeza.

La única explicación que recibí cuando era niño es que ellos estaban tristes. La palabra “suicidio” no se pronunció jamás, ni siquiera hubo una explicación para esta terrible afección llamada ‘estar triste’.

Tres familiares de Curry se quitaron la vida y, para ella, hay un vínculo personal aún más directo con el tema. “He hablado con franqueza acerca de mis intentos de quitarme la vida”, afirmó la mujer, quien describió cómo en dos oportunidades una depresión no tratada la dejó melancólica y llena de pensamientos oscuros. “Es una fuerte cuestión genética en mi familia”.

Combatir la desesperanza, y la vergüenza

Incluso mientras habla de ello ahora, Curry percibe su propia vacilación, debido a los antecedentes de estigma y vergüenza asociados con el tema. Didi Hirsch está a punto de abrir un centro independiente de prevención, y la palabra ‘suicidio’ aparecerá en el edificio, remarcó Curry, puesto que necesita estar allí.

La enfermedad mental está presente en cerca del 90% de todos los suicidas, afirmó la especialista, cuyo mensaje para adultos y adolescentes es que hay ayuda disponible para todo aquel que se sienta deprimido, solo, avergonzado, perdido, no amado, indigno.

Cuando los menores le preguntan cómo es posible que alguien piense en quitarse la vida, ella tiene una respuesta: “Porque tienen una enfermedad que afectó su forma de pensar y sentir, pero hay tratamiento para ello”.

Quizás sea debido a mi edad, pero me parece que a menudo sobrellevar el día es una empresa complicada y confusa. Los adultos luchan con los desafíos de una economía que no está bien para todo el mundo, y los más jóvenes viven en una borrosa nube de redes sociales que los puede hacer sentir más alienados que conectados.

La clave es obtener ayuda

La tasa de suicidios ha aumentado constantemente durante varios años; las proporciones más altas se observan entre los hombres de mediana edad. Para los jóvenes, el suicidio es la segunda causa de muerte.

Quienes necesiten ayuda para sí mismos o para un ser querido, pueden aprender más acerca de los factores de riesgo y las señales de advertencia en el sitio www.didihirsch.org. La agrupación sin fines de lucro, con sede en Los Ángeles, también ofrece grupos de apoyo para aquellos que han intentado quitarse la vida y para quienes han sufrido la pérdida de alguien cercano. Para información de entrenamiento para prevención de suicidios se puede llamar al (310) 895-2352.

En California, las llamadas a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio (Suicide Prevention Hotline), (800) 273-8255,  son a menudo redirigidas a consejeros de Didi Hirsch. Las conversaciones son confidenciales y quien llama es derivado a un terapeuta según sea necesario.

Para Curry, todos podemos ayudar abriendo una puerta a aquellos que se aíslan, se desesperan o exhiben un comportamiento arriesgado. “Hay un gran grupo de personas muy vulnerables”, afirmó, “y debemos asegurarnos de que tengan acceso a la ayuda”.

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Traducción: Valeria Agis

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