¿Qué significa para EE.UU. la elección de Andrés Manuel López Obrador en México?

Los destinos de México y Estados Unidos están inextricablemente unidos, por lo que la elección del populista Andrés Manuel López Obrador como presidente de México el 1 de julio, no se puede ver como algo tan distante como, por ejemplo, las convulsas elecciones de Italia en marzo.

Nos guste o no, el nuevo presidente de México desempeñará un papel destacado en la economía de EE.UU. y en el flujo transfronterizo de personas, drogas, armas y otros bienes y peligros ambientales.

Sin embargo, de mayor importancia aquí, puede ser lo mismo que movió a los mexicanos a elegir abrumadoramente al líder de izquierda (y dos veces candidato presidencial) sobre sus rivales: la incapacidad de México para lidiar con la corrupción y la violencia.

López Obrador cabalgó hacia la victoria en una ola de ira generalizada contra los sobornos y la violencia. Si lucha en contra de esos problemas, ayudará a crear para EE.UU. un vecino y socio comercial más fuerte y más confiable. Sin embargo, el fracaso de sus políticas, probablemente desestabilizaría  aún más a su nación, pero también a la nuestra, exacerbando la tensión sobre la inmigración y socavando el comercio.

Muchas de las declaraciones y posturas de López Obrador son preocupantes y muy familiares.

Los problemas de corrupción y violencia perduran en parte porque están entrelazados con otros problemas fundamentales en esa nación. La corrupción ha llevado a México a la peor desigualdad de ingresos en el mundo desarrollado, a tener las tasas más altas de pobreza, a una producción relativamente baja por persona y a una economía volátil.

Y esa es la otra gran promesa de López Obrador: reducir la pobreza y la desigualdad. Buena suerte para él. Ambas condiciones son endémicas del México moderno y aún no se sabe si podrá cumplir sus ambiciosas promesas.

Descarta la importancia de las instituciones gubernamentales independientes, como los tribunales, y se presenta a sí mismo como la cura para lo que aqueja a México.

La corrupción se evaporaría, le dijo a los votantes, bajo el peso de su ejemplo personal de incorruptibilidad. Solo él puede rescatar al país, dijo a los votantes durante la campaña, haciéndose eco de la declaración del presidente Trump a la Convención Nacional Republicana hace dos años de que "nadie conoce el sistema mejor que yo, y es por eso que solo yo puedo arreglarlo".

El populismo de Trump está ostensiblemente enraizado en la derecha política y el de López Obrador en la izquierda; sin embargo, el presidente de Estados Unidos y el presidente electo mexicano tienen en común su desprecio por el establishment político y su enfoque en la política de la personalidad.

¿Podría eso unirlos y allanar el camino para el progreso en ambos lados de la frontera? Las probabilidades parecen remotas, pero todo es posible. Habría sido difícil adivinar incluso hace un año que Trump se sentaría con el presidente de Corea del Norte, Kim Jong Un, o que menospreciaría al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.

Tampoco es posible decir cuál será el estado de esas relaciones dentro de un año.

Trump, por supuesto, basó gran parte de su campaña en el miedo a los mexicanos y su llamado a detener la inmigración ilegal a través de la frontera sur de los Estados Unidos. Su política de separar a las familias, de la que ya ha dado marcha atrás, sigue enfureciendo a los estadounidenses en ambos lados del tema (muchas de las familias involucradas son de naciones centroamericanas y no de México, una distinción que a menudo ignora la Casa Blanca). Su propuesta provocativa y escandalosamente cara de construir un muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos, ha sido ridiculizada y criticada en México.

Cualquier cambio en el gobierno ofrece la oportunidad de restablecer las relaciones internacionales, por lo que es posible que Trump y su nueva contraparte puedan encontrar un terreno común para servir a los intereses de ambos países. Puede parecer tonto esperarlo, dados los fuertes egos de los dos líderes. Pero podemos esperar.

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