El alto costo del movimiento que busca el ‘uso exclusivo de inglés’

El alto costo del movimiento que busca el ‘uso exclusivo de inglés’

Este verano, un candidato a secretario de estado en Arizona pidió al gobierno que deje de proporcionar boletas en español, apache o navajo; un letrero en un Baltimore Dunkin Donuts ofreció café gratis a aquellos que reportaran el uso de otros idiomas por parte de los empleados, y un edificio de Houston publicó el requisito de "Hablar únicamente inglés" para los nuevos inquilinos.

Estos incidentes son parte de la ola de sentimiento anti inmigratorio, que está en alza al menos desde la década de 1990 y que ha empeorado durante el mandato del presidente Trump. Ellos reflejan una visión restrictiva de lo que Estados Unidos debería parecer y sonar: blanco y anglófono.

Tal como el alemán o el italiano en épocas anteriores de la historia estadounidense, ahora particularmente el español está considerado una amenaza para el inglés y, por lo tanto, para la unidad de la nación. Los innatistas que defienden el uso exclusivo del inglés intentan alejar el español y otras lenguas minoritarias de la esfera pública, hasta su desaparición.

Pero el conocimiento de un idioma que no sea inglés es una ventaja. No tiene sentido desalentar la fluidez "natural" y esperar que el sistema educativo cargue con el muerto.

Es cierto que el estado del inglés como lengua vehicular para los negocios y la investigación, da a los países anglosajones una ventaja a nivel mundial. Sin embargo, hasta cierto punto, China y la Unión Europea ya han superado a Estados Unidos como la economía más grande del mundo, y es probable que esta tendencia continúe. Con el poder económico y la influencia política estadounidense en declive, las grietas están apareciendo en el fenómeno global inglés.

Los estadounidenses entienden, en un nivel intuitivo, que el bilingüismo o el poliglotismo son prácticos; por ello colectivamente gastamos miles de millones para adquirir habilidades de idiomas cada año. Los estudiantes de preparatoria tomaron cerca de 240,000 exámenes AP en 2017 y casi 40,000 exámenes SAT en 2001. Casi 1,4 millones de universitarios se matricularon en clases de lengua extranjera en 2016 y se inscribieron en innumerables programas de estudios en el extranjero, certificaciones, lecciones con tutores y cursos en Berlitz.

La capacidad de hablar idiomas adicionales sigue siendo una necesidad estratégica, tanto para el sector público como para el privado. A pesar de los recortes presupuestarios, las subvenciones federales del Título VI siguen apoyando la enseñanza de idiomas menos comúnmente considerados críticos para los intereses financieros y de seguridad del país, como el árabe, el chino mandarín, el dari, el coreano, el hindi, el persa, el portugués y el swahili.

Si desaconsejamos el uso del español, ¿no tendremos que gastar aún más dinero para compensar una nueva deficiencia lingüística?

La eliminación de todos los idiomas -excepto el inglés- de la esfera pública, equivale a privar a la próxima generación de un recurso que le pertenece por derecho. A lo largo de los años, he escuchado innumerables historias de estudiantes universitarios cuyo hilo común es una sensación de gran pérdida: "Quiero aprender español porque deseo hablar con mis abuelos", "Mis padres se rindieron porque solo quería hablar en inglés", "Ojalá hubiera crecido hablando español", "A mis padres les dijeron que podría aprender español más adelante, pero que me iría mejor en la escuela si me enfocaba en el inglés".

Los idiomas extranjeros no son solo una buena inversión; también constituyen un capital social y cultural que no se puede cuantificar en términos económicos. Los idiomas vivos dan expresión a las necesidades intelectuales, políticas, científicas, emocionales y artísticas de sus hablantes. El valor combinado de los 334 idiomas hablados en Estados Unidos representa un patrimonio cultural que pertenece a todos -incluso a los que solo hablan inglés-, independientemente de la lengua materna.

Los defensores del movimiento del ‘uso único de inglés’ a menudo afirman tener en cuenta a las minorías lingüísticas. Desde su punto de vista, los acuerdos en la escuela, el lugar de trabajo o el gobierno, crean obstáculos para el objetivo de la integración. Sin ninguna duda, el dominio del inglés es necesario para tener éxito en Estados Unidos, pero hay buenas razones para pensar que las familias multilingües sufrirían en un país donde únicamente se pudiera hablar inglés.

Un estudio exhaustivo de la Escuela de Posgrado en Educación de Stanford, publicado en 2014, reveló que los estudiantes con dominio limitado del inglés, que ingresaron al sistema escolar de San Francisco en programas bilingües, obtuvieron mejores resultados académicos y lingüísticos a largo plazo que aquellos colocados en aulas de inmersión en inglés.

A pesar del acoso lingüístico, hay razones para tener esperanza. Un número creciente de distritos escolares está tomando medidas para proteger y ampliar la educación en otros idiomas, además del inglés. Las escuelas de inmersión en dos idiomas han tenido éxito mostrando los beneficios del bilingüismo a las familias de clase media. 

Un ‘sello de alfabetización bilingüe’ para estudiantes de preparatoria que se gradúan con un cierto nivel de competencia en dos o más idiomas, se ofrece en 33 estados. Estos programas muestran que se puede atender a múltiples poblaciones y mejorar los resultados en la alfabetización en inglés y el dominio de idiomas modernos.

Lo más importante es que demuestran que los idiomas no son un juego en el cual unos deban ganar y otros perder. Los niños pueden hablar inglés y español -o portugués, francés o chino- y prosperar. Tal vez le enseñen a los adultos algunas buenas lecciones.

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